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Recuperar el espacio público

Recuperar el espacio público

Priscilla Echeverría De la Iglesia | Lunes 5 de abril 2010 - 12:23 hrs. |

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El desalojo que hizo carabineros de miles de jóvenes que se concentraron el 1º de abril en el Parque O’Higgins, luego de haber organizado una fiesta mechona no autorizada, es un hecho grave y que no puede resultarnos indiferente.

Las fuerzas policiales utilizaron métodos represivos muy violentos para desalojar a los estudiantes, quienes no se encontraban alterando el orden público, sino en una fiesta y, por supuesto, bebiendo alcohol en los prados. El desalojo de carabineros no es reprochable sólo por su desmedida reacción, al lanzarles agua sucia y gases lacrimógenos, sino principalmente porque se reprime el uso de un espacio público. Sin contar que con esa represión se puso innecesariamente en peligro la integridad física de esos miles de estudiantes y de los transeúntes que se vieron envueltos involuntariamente en los hechos por transitar por el lugar, tales como los pasajeros del Metro que fueron víctimas de los gases lacrimógenos que alcanzaron el interior de una estación .

Ante la gravedad de los hechos vale la pena preguntarse sobre las causas por las que la autoridad decide actuar como lo hizo, las razones que llevan a estos jóvenes a juntarse como lo hicieron y las consecuencias que estos graves incidentes tienen en nuestra vida ciudadana.

Con relación a las causas por las que la autoridad ordena el violento desalojo de los jóvenes, podemos inferir que no se quiere que grandes grupos de personas se reúnan, ni siquiera a beber. Sin contar que no todos jóvenes  presentes estaban borracho (¿acaso no es posible que muchos de ellos se hubieran  reunido para compartir y pasarlo bien un rato en un parque junto a sus compañeros de estudio?). El consumo de alcohol no se soluciona con su prohibición o represión, a la fuerza. Nadie nunca ha aprendido algo a la fuerza, menos a palos, por lo que la decisión de abordar la situación del modo que se hizo es absolutamente injustificada. ¿Con qué derecho se prohíbe a alguien estar en un espacio que, por lo demás, es de todos? ¿acaso esos jóvenes estaban haciendo daño, violentando a alguien? ¿O es que el mensaje de fondo es que a los estudiantes se les tratará con mano dura, aún cuando se junten sólo a beber? ¿Y qué se vendría entonces si se tratara de expresar el derecho a manifestarse?

En cuanto a las causas que llevan a los jóvenes a usar el parque para beber, cabe recordar que la mayor parte de ellos, jóvenes estudiantes de institutos y universidades cercanas, no cuentan con los espacios de esparcimiento y encuentro suficientes. La educación superior de nuestro país se da en muchos casos como sinónimo de ir a una sala de clases y nada más, quedando el trayecto formativo limitado a eso. Ello es grave si consideramos que las consecuencias de una formación que desatiende el encuentro y la interacción entre las personas son nada menos que más individualismo y mayor atomización de los grupos humanos.  La formación también se da en el encuentro con otros, y ello no es atendido por las instituciones. El que los jóvenes intenten compensar esta falta de espacios buscando otros alternativos es una consecuencia lógica, por lo que es grave que esto también intente vedarse.

Por último, en relación a las consecuencias que estos hechos tienen en nuestra vida ciudadana, sin duda uno de los más graves es el mensaje implícito en el accionar de carabineros: los espacios públicos no son tal. El que se trate a las personas como si ellas no tuvieran el derecho a decidir por sí mismas, que se les trate con sospecha y violencia, es una triste, desesperanzadora y preocupante señal para nuestra vida pública. ¿Qué clase de sociedad podemos construir desde las desconfianza hacia los otros? ¿Qué clase de sociedad construimos cuando naturalizamos el ejercicio de la violencia como medio válido para regular a las personas? ¿Qué posibilidad tenemos de hacernos cargo de nosotros mismos cuando se nos ve como si no fuéramos capaces de hacerlo, porque hay que “pedir permiso”?

Esperemos que estos hechos sean al menos la posibilidad de que muchos de esos jóvenes, que no han estado “ni ahí” con la política desde hace mucho tiempo, se hagan conscientes de que sí tienen que estar ahí, tiene que importarles la política, pues ella no es más ni menos que las consecuencias que tienen en nosotros el uso que todos hacemos –o no- del poder. ¿Será ésta la posibilidad de que los jóvenes tomen conciencia de que no es posible sustraerse de lo político, pues ello toca cada dimensión de nuestra vida, incluso algo tan aparentemente irrelevante como juntarse con los amigos?. Esperemos que estos tristes hechos sirvan para tomar conciencia sobre la necesidad de recuperar el espacio público, como necesario lugar de encuentro de las personas para confluir en sus necesidades e intereses, para pensar desde ahí el Chile que queremos, para ser parte, para hacer juntos.

Para terminar, no puedo sino recordar las palabras que el presidente Piñera ha repetido majaderamente una y otra vez desde que inició su campaña presidencial: el deseo de un Chile justo, inclusivo, solidario, acogedor…¿No es acaso este atentado contra nuestros jóvenes una evidencia de injusticia, exclusión, egoísmo y prepotencia? ¿Qué clase de país estamos construyendo desde esta “nueva forma de gobernar”?

*Docente Facultad de Educación Universidad Alberto Hurtado

Este es un espacio de expresión respetuosa. No se aceptarán comentarios ofensivos, discriminatorios o que atenten contra las personas o instituciones. Tampoco aquellos que no estén relacionados con el tema abordado en el artículo.

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12 Comentarios

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    avatar Yoryet Cordova dice:
    el espacio publico, es una mierda !
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    avatar Figaro dice:
    Estimada Sra (ita):

    Puesto que se tomó el trabajo de contestar mi comentario (mismo que realicé porque quiero harto a la U. de Chile y espero que conserve su radio por mucho tiempo), ahora aprovecho de puntualizar algunas cosas, en parte también para disculparme si fuí pesado o impertinente. En primer lugar, me llama la atención el determinismo con que remacha su respuesta."Toda opinión ante la vida implica una visión de mundo, y ello nos hace a todos seres políticos, y por tanto, portadores de ideología. Sería imposible renunciar a ello." Me gustaría saber si ocupa el concepto en el sentido de "doxa", lo que equivaldría a reconocer que los juicios emitidos sobre la realidad son particulares y no generales, y por lo tanto, no generan conocimiento verdadero, o bien si estamos hablando de la opinión como una especie de derecho humano no escrito. Si es así, obviamente la libertad de opinión es una especie de libertad de expresión. A continuación, estoy de acuerdo en que la opinión refleja una visión de mundo, en el sentido de una PERSPECTIVA. Como toda perspectiva, está sujeta a DISTORSIÓN, dada por la posición de quien observa. Nuevamente, esa perspectiva es particular; sólo la sumatoria de "ene" sujetos, cubriendo el campo total de la realidad (imposible") nos daría una visión "objetiva" de la misma. Luego, el valor de la visión de mundo es tan limitado como el de la opinión, salvo que un grupo de personas, asociadas particular o institucionalmente, se pusiera de acuerdo para IMPONER una visión de mundo a los demás. Ello sería arbitrario y violento, por no decir, totalitario. De aquí a saltar al hecho de que por tener opinión y visión de mundo seamos seres políticos, me parece que hay una vacío argumentativo. Una cosa no se sigue de otra. De hecho, el ser político es un juicio que remite a la ETOLOGÍA y no al arte del discurso o el ejercicio de la comunicación. Si ser político es vivir en una polis -cosa que en la actualidad no se da- o participar en actos públicos (como una concentración político-partidista), entonces todos somos políticos, por acción y defecto, y sólo en un sentido más restringido, por ejemplo, abrazando una causa o ideal político, suscribimos una ideología. Sin embargo, hay que señalar que hay visiones de mundo que no son políticas, ni ideológicas: el Cristianismo primitivo, por ejemplo. Finalmente, la palabra ideología remitiría a una PERSPECTIVA y una forma de argumentación DOXÁSTICA determinada por el conjunto de dogmas, apriorismos y sofismas que articulan una ideología. Detecto en su respuesta por lo menos tres apriorismos ideológicos que no comparto: Uno: lo público se opone a lo privado. Lo social y colectivo es lo verdadero; la participación en el grupo, en el "encuentro" es la modalidad de experiencia "buena". Lo privado es individualista, antisocial, es escapista, una evasión "burguesa". Dos: Si la sociedad utópica se forja en la colectivización, entonces la autonomía de las personas no tiene nada que hacer aquí. Sofisma: el ser autónomo es autárquico, no rinde cuentas ante ningún poder, institución, gobierno, credo, etc. ¿Qué mejor definición del ser ANTISOCIAL? Educar, pues, en la autonomía, sería educar para una enajenación aún más radical que la alienación (supongo que se usa el concepto marxista del término) generada por la sociedad de masas. Ahora, si se quiere decir con esto que la autonomía apunta a la formación de un sujeto crítico y lúcido, entonces esa educación debería ser antidogmática; debería educar al hombre o mujer jóvenes a desconfiar de todo discurso ideológico que se instaure como poseedor de la VERDAD. Por último, debo entender que "represión" no se opondría a autonomía, sino a "libertad". "Una especie de libertad o LA libertad? Aquí percibo que se trabaja con la noción anárquica de libertad total, fundada en el desconocimiento del contrato social, mismo que se denuncia como represor, institucional, patriarcal, logocéntrico, falocéntrico, etc. Si es así, el ejercicio de libertad no refuerza la vida social, sino que debe negarla, hacerla entrar en crisis, cuestionarla y finalmente destruirla, pues se funda en el orden de la represión. Aquí (finalmente) percibo una aporía o solución imposible: hay que cambiar el mundo destruyendo el orden, pero nada garantiza que el mundo nuevo (construído en quizás cuántas generaciones, y a qué costo humano y social) sea mejor que este orden actual. Sólo destruyéndolo (!) se sabrá. Por mi parte, creo que la libertad anárquica no existe. El ser humano, cuando ha intentado desactivar las válvulas de la sublimación (la negociación del Yo con el Ello que reprime), se ha sumido en períodos de orgías de sangre y autodestrucción. Sodoma y Gomorra. La civilización existe porque hay, justamente, represión de la líbido y encauzamiento de los impulsos eróticos y tanáticos. Es bonito predicar la libertad y la autonomía, pero, una vez alcanzados estos estados ¿se pueden sostener? La respuesta la dan, precisamente, estas "fiestas": comienzan como encuentro y comunión, terminan como reventón y agresión. Y aquí el respeto al espacio del otro -aquellos que no participan en la fiesta, porque no quieren o no pueden- se va a las pailas. En conclusión, el tema es complejo y hay que argumentar con las cartas sobre la mesa. Para mí el discurso de la autonomía, la "transversalidad", la participación ciudadana, es un constructo ideológico. Tan ideológico como el discurso de la "seguridad nacional", el "orden establecido" y el "estado nación". Ojalá, algún día, estas ideologías se reconcilien y dejen de demonizarse mutuamente.
    Perdón si fui muy prolijo. Gracias por el espacio y buenas tardes.

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