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Reciclaje en Chile: Una oportunidad para no desechar

Daniela Ruiz E. | Viernes 30 de julio 2010 - 18:31 hrs. |

reciclaje

En nuestro país solo un 7 por ciento de los seis millones de toneladas que se generan de basura al año se reciclan. A pesar que los chilenos dicen estar conscientes del daño ambiental que se está generando en el planeta, tampoco se les han facilitado instancias donde hacerse partícipe de un proceso que parte en casa, separando los verdaderos desechos de aquello que se puede reutilizar. Además, muchos mitos persisten en relación a los beneficios económicos que brinda el reciclaje, cuestión que podría estar cambiando y que estaría siendo una oportunidad realmente “desechada”.

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En Chile se producen más de seis millones de toneladas anuales de basura. Sólo en la Región Metropolitana se generan seis mil toneladas de basura al día, es decir, cada uno de nosotros bota un kilo diario de desperdicios. De ella, solo un siete por ciento se recicla.

Aunque de acuerdo a la encuesta “Medio Ambiente y Cambio Climático: percepción, conocimiento y hábitos verdes de los chilenos 2010”, desarrollada por la Universidad Andrés Bello y el Centro de Opinión Pública Opina, un 82 por ciento de los encuestados considera que la protección del medio ambiente es muy importante y el 50 piensa que su vida se ve muy afectada por los problemas ecológicos, en la práctica, la preocupación de los chilenos se queda sólo en las buenas intenciones.

Es así como la responsabilidad ciudadana en esta materia, en general,  solo se limita a cumplir con la normativa vigente al entregar los desechos para que sean retirados por las municipalidades, quienes son los encargados de “gestionar” los desperdicios, que en su mayoría son destinados a rellenos sanitarios, mejor conocidos como basurales.

Según Marcelo Mena, doctor en Ingeniería Civil y Ambiental, quien fue uno de los gestores del sondeo sobre el “comportamiento verde” de los chilenos, si bien la gente está dispuesta a hacer un esfuerzo ambiental, “hay un comportamiento más amplio cuando hay un beneficio económico de por medio. Si es el ahorro energético o de agua, casi el 90 por ciento tiene un actitud al respecto, pero cuando es algo que tiene que ver con su comportamiento porque sí, como sería reciclar, se baja a un 36 por ciento”.

Pero a eso se suma a las reducidas instancias en que la ciudadanía se ve interpelada para hacerse partícipe del reciclaje de sus residuos o se le facilita la tarea para iniciar el proceso, pues muchas veces de nada sirve separar el papel de los vidrios y la materia orgánica, si luego todo será recogido sin diferenciación por el camión recolector.

Lamentablemente, una iniciativa de reciclaje, por ejemplo, a nivel comunal  requiere de una inversión inicial que costará recuperar y que muchas municipalidades o privados no están dispuestos a realizar, como lo afirma Marcelo Mena. “Es complejo, porque tiene que ver con que sea negocio para quien reciba, porque es acopiar volúmenes que sean rentables para que el que quiera reciclar los recoja. Que te pasen a buscar los residuos no va a ocurrir, lo que ellos requieren es que tú los acopies para llevar esto de forma más espontánea”, afirma el experto.

Sin embargo, los grandes cambios parten en casa y a veces no hacen falta más de quince personas con un objetivo para modificar el entorno y ayudar a su comunidad.  Eso fue lo que pensaron en el Centro Cultural Kuraf Werkén de la Séptima Región cuando decidieron transformar el microbasural que afectaba a la Población Talca II, del sector La Florida, en una plaza ecológica.

El terreno eriazo, donde la gente iba a botar todo tipo de desperdicios, se había convertido en un foco de riesgo sanitario, delincuencia y además había obstruido un tubo donde se eliminaban las aguas lluvias del sector.

Viendo que nadie se hacía cargo del problema, la organización se consiguió el terreno en comodato con la municipalidad y luego de una campaña de limpieza y, gracias a los fondos de Protección del Medio Ambiente de la Conama, pudieron instalar una sede, recuperar las áreas verdes y construir el Centro de Reciclaje y Capacitación Medioambiental  para que la comunidad, que cooperó en todo el proceso al igual que otras organizaciones, llevara los materiales que pueden ser recuperados hasta el lugar.

“Demostrar que uno puede tomar espacios que se han abandonado, convertido en microbasurales y transformarlo en un espacio donde hay una alternativa diferente, en algo donde la comunidad puede participar, y en este caso también fue resolver un problema medio ambiental que era muy serio para nosotros”, afirma Romy Bernal, presidenta del centro cultural.

Es así como desde junio de 2009, la organización se ha dedicado a incentivar a los vecinos, difundir la actividad y, sobre todo, educarlos en el proceso de reutilización de residuos. “La gente se ha ido acostumbrando a reciclar, de a poquito”, dice Romy.

No obstante, según Italo Volante, director jurídico de la empresa Bioenersis, más allá de que haya valor en el material de lo que se recupera, a partir del Protocolo de Kyoto se puede generar una oportunidad de negocio interesante para los municipios. Es así como  la reducción de gases de efecto invernadero, las  que deben ser reconocidas en Europa, se pueden vender a empresas de países desarrollados, quienes los canjean para tener derecho a emitir dióxido de carbono. Es lo que se denomina como “bono de carbono” y que equivale a una tonelada de C02.

“Un relleno sanitario genera un alto contenido de gas metano. Ese gas es equivalente al C02 y si tú haces una reducción de gas metano, se abre la oportunidad de que puedas entrar al protocolo de Kyoto. Si se empieza a retirar de la basura los materiales que no se descomponen,  provocas que el proceso del relleno sea más natural y el gas sea de mejor calidad. Mientras más reciclo, más reducción de gas invernadero tengo”, indica Volante.

Pese a que hay varios de estos proyectos en rellenos sanitarios, todavía hay muchos que sólo se dedican a recibir todo lo que llega, generando un terreno más difícil de recuperar en el futuro y, de paso, perdiendo una oportunidad para generar recursos.  De esta manera, el reciclaje en Chile no solo queda en manos de unos pocos y a  libre voluntad de los más conscientes, sino que también se está convirtiendo en una oportunidad realmente desperdiciada.

¿Dónde y qué reciclo?

1)  PAPEL: Fundación San José tiene cajas para el reciclaje de papel para distribuir a empresas, además de recepción en supermercados y otros lugares públicos. Sólo reciben papel blanco con tinta o tonner negro o azul.
2) VIDRIO: Coaniquem recoge  botellas y frascos de vidrio en contenedores en lugares públicos y lo mismo hace Codeff para apoyar causas ambientales.
3) TETRAPACK: Un techo para Chile recolecta cajas de tetrapack en contenedores en supermercados y otros lugares.
4) BOTELLAS PLÁSTICAS: Cenfa, recicla botellas de plástico de todo tipo para ayudar a familias en conflicto.
5)  PILASChilectra tienen un plan de reciclaje de las pilas, una de las más difíciles de deshacerse y uno de los desechos más perjudiciales para el medio ambiente.
6)  CELULARES: Metro de Santiago lleva adelante una campaña para recopilar celulares y cargadores en desuso en sus estaciones.
7)  COMPUTADORES: Y todo tipo de chatarra electrónica recibe Recycla.
8)  CATRIDGES: En Crearte se han abocado a reciclar los cartridges de tintas de impresoras.
9)  LATAS: Latas o aluminios sobre 40kg  a Copasur o al Cenfa.

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