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Año XI, 24 de agosto de 2019

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El drama del robo de bebés durante la dictadura argentina

El robo de bebés fue una práctica sistemática de la dictadura argentina. Esta semana, un hijo de miristas chilenos detenidos en Argentina en el marco de la operación Cóndor pudo recuperar su identidad, convirtiéndose en el nieto 109 de la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo. Décadas más tarde y con más de 300 nietos por recuperar, los horrores de las dictaduras en América Latina están vinculados y continúan vigentes.

Oriana Miranda

  Jueves 8 de agosto 2013 21:29 hrs. 
abuelas

Esta semana, la organización Abuelas de Plaza de Mayo anunció la recuperación de la identidad del nieto 109.

Se trata de Pablo Germán Athanasiu Laschan, hijo de Frida Laschan Mellado y Ángel Athanasiu Jara, chilenos militantes del MIR desaparecidos el año 1976 en Argentina, en el marco de la Operación Cóndor.

conferenciaNieto109

Pablo Athanasiu fue anotado como hijo propio con fecha de nacimiento 7 de enero de 1976 por un matrimonio con “estrecha vinculación al régimen cívico-militar”, cuya “madre falsa aún vive mientras que el hombre está detenido”, precisó Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo.

A propósito de este caso, el ministro en visita Mario Carroza anunció que solicitará a los Tribunales y a la Fiscalía argentina toda la información disponible.

“Hay una vinculación directa con los fiscales que están llevando el caso de Operación Cóndor en Argentina, así que nos entregáramos la información, porque hay una retroalimentación. Si es necesario sí vamos a solicitar la información, va a ser dentro de las situaciones que va a ver el Ministerio del Interior”, aseguró.

El robo de bebés fue una práctica sistemática de la dictadura argentina: cerca de 500 hijos de prisioneros políticos habrían sido secuestrados y adoptados de manera irregular por familias de militares.

“La dictadura en Argentina tenía la práctica de desaparecer a los militantes políticos que tenían posturas de enfrentamiento con el régimen dictatorial”, explica el abogado Alan Iud, miembro del equipo jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo.

Así, “al momento de producirse el secuestro de la pareja de militantes con un bebé pequeño, se lo quedaban y lo entregaban a alguna de estas familias de militares. En otros casos, si la mujer que era secuestrada estaba embarazada, la mantenían con vida hasta que se produjera el parto y ese bebé era dado a una de estas familias, mientras que la madre era asesinada”.

Para la organización, la cantidad de secuestros de niños y de jóvenes embarazadas, el funcionamiento de maternidades clandestinas, la existencia de listas de familias de militares en “espera” de un nacimiento en esos centros clandestinos y las declaraciones de los mismos militares demuestran la existencia de un plan preconcebido y sistemático de apropiación de niños.

“Las dictaduras del Cono Sur fueron todas muy cruentas y la desaparición de personas no fue algo exclusivo de Argentina, sucedió también en Chile, en Uruguay, en Brasil, en Bolivia. Pero Argentina es el único país donde se da la apropiación de niños con la magnitud que tuvo acá, como algo organizado a gran escala. Con la magnitud y la planificación que tuvo acá, tenemos el triste honor de que nuestro país sea el único en que se ha dado una cosa así”, recalca el abogado.

No obstante, las desapariciones y el robo de bebés también han afectado a ciudadanos de otros países que se encontraban en Argentina durante la dictadura, donde el reciente caso Pablo no es el único.

Existen otros hijos de detenidos desaparecidos chilenos que han podido recuperar su identidad gracias al trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo. “Además del caso que tenemos la alegría de haber resuelto esta semana se puede mencionar el caso de Claudia Poblete, ella era hija de una pareja en la cual el padre era de nacionalidad chilena, aunque vivía en Argentina hace varios años”, relata Alan Iud.

Agrega además que el primer casos de nietos recuperados por la organización fue el de Victoria y Anatole Julien, pareja de hermanos localizados en Chile.

“Fueron ubicados en Valparaíso los chicos de apellido Julien Grisonas, que fueron secuestrados en Argentina con sus padres, llevados a Uruguay donde estuvieron en cautiverio durante cierto tiempo y luego fueron abandonados en una plaza de Valparaíso. En el año 1979, gracias a información reunida por el Arzobispado y con la ayuda de otros organismos de Chile, fueron localizados: estaban dados en adopción a una familia chilena y continuaron viviendo con esa familia, que desconocía completamente el origen de esos chicos”, detalla.

Para Estela de Carlotto, “encontrar un nieto es un triunfo para toda la sociedad, un triunfo muy grande sobre una dictadura que pensó que jamás los íbamos a encontrar”.

Si bien el secuestro de bebés como una práctica sistemática y organizada de la dictadura afectó principalmente a Argentina, durante la dictadura chilena nueve mujeres fueron detenidas, torturadas y desaparecidas estando embarazadas, mientras que otras cuatro fueron ejecutadas.