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Colombia y las FARC, la paz al borde de la desconfianza

La liberación del general Alzate, anteriormente secuestrado por las FARC, tensó las relaciones entre el grupo guerrillero y el gobierno colombiano. Ya superado el impase surgen dudas sobre, las causas del conflicto y cuáles serán los pasos a seguir para garantizar la calma bajo el recuerdo latente de asesinatos y violencia.

Javier Muñoz

  Lunes 1 de diciembre 2014 19:07 hrs. 





La liberación del general Rubén Darío Alzate por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se ha transformado en un nuevo hito en el proceso de pacificación de dicho país.

Tanto el gobierno como el grupo guerrillero valoraron el avance, pero en la opinión pública siguen las dudas en torno a cómo se generó el conflicto y cuáles serán los pasos a seguir.

El periodista colombiano Jairo Rodríguez, comentó al Diario Electrónico que luego de que el general Alzate termine con sus chequeos médicos debe dar explicaciones sobre qué hacía en una zona tan peligrosa como el Chacó, de civil y sin escolta, siendo que es se trata de un personaje con amplia experiencia militar y que conoce todos los protocolos de seguridad. Explicaciones que también solicita el presidente colombiano Juan Manuel Santos, lo que evidenciaría la falta de coordinación y comunicación entre el ejecutivo y las Fuerzas Armadas.

John Jairo Rodríguez

John Jairo Rodríguez

“Lo que quiere decir simplemente es que en las fuerzas armadas no hay una conexión con el Presidente de la República que entorpece, de alguna manera, el proceso de paz. Si estuvieran conectados, bueno el general Alzate no tendría que haber estado en esa zona. Yo intuyo que la orden del presidente es que no rompan los protocolos de seguridad porque se está dentro de un conflicto”, explicó.

En un sentido amplio, reconoce el Periodista, la sociedad colombiana es proclive a la negociación de la paz pero también existirían sectores que están más interesados en un enfrentamiento directo con las FARC como el partido Centro Democrático, fundado por el actual senador y ex presidente Álvaro Uribe, quien además habría sufrido la muerte de su padre en manos del grupo guerrillero, por lo que se intuye que tendría motivaciones personales para abrir fuego bajo cualquier motivo y así tomar venganza.

Las especulaciones, en torno a que los grupos opositores a la continuación de las negociaciones de paz estarían detrás del secuestro, no tendrían mucha lógica si se plantea que los gobiernos colombianos han estado haciendo enormes esfuerzos por potenciar al país, como un destino turístico, de hecho ya es común ver grandes anuncios que instan a visitar la zona, por lo que también se plantea que se haya tratado de un imprudencia.

"El riesgo es que te quieras quedar", dice un afiche que promociona ir a Colombia

“El riesgo es que te quieras quedar”, dice un afiche que promociona ir a Colombia

Jorge Sanz, académico de la Universidad del Desarrollo y experto en análisis militar, cree que la situación se debe más bien a una imprudencia, “un exceso de confianza” que entorpecería un proceso político.

“El proceso de la negociación es un proceso político, por lo tanto lo que hizo este hombre fue alterar ese proceso, no necesariamente contribuir a las aguas de Uribe. Él cometió una imprudencia que entorpeció un proceso que se veía bien por todo el mundo. Ahora para los grupos de Colombia que unos están a favor y otros están en contra ese es un tema distinto, pero mirándolo desde afuera, la paz en Colombia es absolutamente necesaria. Uno lo puede llevar bombardeándolo todo o a partir de las negociaciones y Colombia eligió esto último”, dijo.

Jorge Sanz

Jorge Sanz

Los diálogos de paz que, que se iniciaron hace dos años, a pesar de que han sido catalogados como “un gran avance” y en un estado de “madurez” por el actual presidente, aún genera muchas críticas respecto a las consecuencias de no llegar a un cese bilateral del fuego y las hostilidades que sea total, dejando la práctica de negociar dentro del mismo conflicto.

Pero para la opinión internacional las proyecciones deben ir mucho más allá y empezar a plantear y construir una plataforma que permita saber qué pasos dar luego de que se llegue a un acuerdo que termine por pacificar Colombia.

El analista internacional Guillermo Holzmann, explica que uno de los desafíos, que trascenderá a las negociaciones, será la adaptación de quienes han vivido como guerrilleros toda su vida y cómo afectará eso a la sociedad colombiana, pero también las sanciones jurídicas que pueda haber por las violaciones a los derechos humanos tanto de las FARC como del mismo gobierno.

Guillermo Holzmann

Guillermo Holzmann

“Tiene que ver con un cambio estructural importante del Estado colombiano que va desde una reforma agraria pasando por la posibilidad de que las FARC se puedan transformar en un partido político y también pasando por la posición jurídica de quienes han sido responsables de asesinatos, muertes, ya sea bajo el amparo del Estado o bajo el amparo de un enfrentamiento armado”.

El proceso de negociación de paz y una futura integración podría tomar años, anuncian los especialistas, principalmente por el historial de desconfianza en situaciones anteriores similares a las que ocurren hoy con las FARC, como el asesinato de Carlos Pizarro, líder de la Alianza Democrática M-19, un antiguo grupo guerrillero que negoció la paz para transformarse en partido político, en cuya muerte habrían estado comprometidos los servicios secretos del Estado colombiano.

“En años anteriores los gobiernos han incumplido y han asesinado a los guerrilleros que negociaron la paz, por eso las FARC no están tan convencidas de que esta vez sí les vayan a cumplir. Los M-19 negociaron con el gobierno de Belisario Betancur y lanzaron su candidato desde la civilidad… que terminó muerto en el aeropuerto de Bogotá. Con otro caso de negociación nació la Unión Patriótica (UP) y pasó lo mismo, pero fue declarado genocidio, porque allí asesinaron a todos los integrantes de ese partido”, recuerda Jairo Rodriguez.

Durante los últimos años Colombia ha logreado cambiar la imagen de una zona en conflicto, luego de dos años de negociaciones de paz, y el término de los carteles del narcotráfico que tanto la perjudicaron en los años 90, pero aún no ha podido dar un final definitivo a su principal rencilla interna que ya cumple 50 años.