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Año XI, 20 de marzo de 2019

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Análisis internacional:

El sistema controla a los ciudadanos a través de la hiperconectividad

En su libro “La sociedad de la transparencia” el ensayista de moda, el filósofo alemán de origen coreano del sur Byung-Chul Han, explica cómo el sistema instala en las personas el deseo de estar siempre presentes en el espacio público –en las redes sociales por ejemplo-, y el modo en que a través de esa situación ejerce control social.

Patricio López

  Viernes 26 de junio 2015 8:44 hrs. 
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La sociedad contemporánea nos premia por exhibirnos y nos castiga por recluirnos. Nos incentiva a comprar con tarjetas para dejar de ese modo huella de nuestros hábitos de consumo. Nos hace pagar con la BIP y registra con la TAG nuestro paso por las carreteras, quedando constancia de donde estuvimos y a qué horas. Hace que nuestro teléfono móvil y nuestro Whatssap suenen todo el día en nuestros bolsillos, obligándonos a contestar. Nos empuja a redes sociales como Facebook y Twitter donde el comportamiento virtuoso consiste en materializarse con la mayor frecuencia posible. En fin, son tiempos donde la exhibición tiene valor intrínseco que nos obliga a estar disponibles, derribando el cerco de lo que alguna vez se llamó nuestra vida privada.

Y así, por ejemplo, cuando se quiere investigar al autor de un delito, se recurre a todos estos antecedentes que muestran con irrefutable precisión nuestro paso por el mundo.

Este comportamiento buscado por nosotros mismos es, sin embargo, un eficaz modo de control social. Así lo plantea Byung-Chul Han, filósofo alemán de origen coreano del sur, muy de moda entre académicos y analistas políticos, en su libro La Sociedad de la Transparencia, para quien ante la pérdida de confianza en lo público se ha dado lugar a prácticas de vigilancia contra los ciudadanos.

En un libro breve de extraordinaria asertividad, Han plantea que “la transparencia y el poder se soportan mal. Al poder le gusta encubrirse en secretos. La praxis arcana es una de las técnicas del poder. La transparencia desmonta la esfera arcana del poder. Pero la transparencia recíproca sólo puede lograrse por la vigilancia permanente, que asume una forma siempre excesiva. Esa es la lógica de la sociedad de la vigilancia. Además, el control total aniquila la libertad de acción y conduce, en definitiva, a una uniformidad”.

La denuncia de Han sobre los efectos perniciosos de la transparencia, entonces, es respecto a las grandes mayorías que son objeto del poder y no sobre el pequeñísismo grupo de quienes lo ostentan. Si bien plantea que la confianza en los gobernantes es una condición mínima para que éstos puedan ejercer y el secreto es condición de la política, cuando la transparencia es promovida de arriba hacia abajo, lo es para poner a los individuos a permanente servicio del sistema. Así ocurre, por ejemplo, cuando los nuevos avances tecnológicos han diluido la relación entre jornada de trabajo y horas libres. El teléfono celular, los mensajes de texto y el Whatssap, adquiridos voluntariamente por nosotros, nos vuelven disponibles para resolver asuntos laborales en la mitad de la función del cine o en los cumpleaños de nuestros seres queridos.

El propósito del control social es mantener el orden establecido en las sociedades, por lo tanto quienes quieran cambiarlo deben hacer un esfuerzo por ver estos mecanismos. Esto, porque aunque a veces se realiza por medios violentos, el control social también incluye formas mucho más sutiles –y por lo tanto efectivas- que van moldeando los prejuicios, los valores y las creencias.

En nuestro tiempo, una de las consecuencias de este fenómeno que exige transparencia a todo evento es que desconfiamos de todo lo que no es identificable. De ahí viene nuestro temor a los vecinos, a caminar por las calles, a ser engañados en algún pago o en algún vuelto. Al respecto, Han plantea que “la confianza sólo es posible en un estado medio entre saber y no saber. Confianza significa: a pesar del no saber en relación con el otro, construir una relación positiva con él. La confianza hace posibles acciones a pesar de la falta de saber. Si lo sé todo de antemano, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que se elimina todo no saber. Donde domina la transparencia, no se da ningún espacio para la confianza”.

¿Este exceso de información garantiza, por lo menos, la aparición de la verdad? De ningún modo. Por alguna razón “información” y “verdad” son palabras distintas. Pero en cambio el exceso de información que generamos favorece la vigilancia digital. En internet, como en el Gran Hermano, somos controlados sin que veamos ni tengamos conciencia de nuestro vigilante y, peor aún, somos nosotros los que entregamos las llaves de nuestra libertad en forma de información. El ser humano se “expone” en las redes voluntariamente. “En la sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad” y para Han el exceso de exposición hace de todo una mercancía: “exposición es explotación”.

Una mención de la contraportada del libro es que Han es uno de los autores que nos ayuda a comprender el siglo XXI y, en lo que a este ensayo respecta, se nos dota de interesantes reflexiones para nuestras prácticas cotidianas. Su propuesta es que pensemos críticamente el uso que hacemos de los medios digitales, nos muestra las nuevas formas de control que el poder político-económico ejerce sobre nosotros y nos advierte sobre la necesidad de implementar nuevos modelos de resistencia que nos conduzcan a una verdadera liberación del individuo. Una forma posible puede ser volver a la confianza: el amor, la fraternidad y lo genuinamente comunitario, entre muchas cosas, solo pueden existir sobre la base de ella.