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Año X, 21 de enero de 2018

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Matrón por violencia obstétrica: “Si separamos a una madre de su hijo, el sistema nos gana”

Gonzalo Leiva, además, es director del Observatorio de Violencia Obstétrica y académico de la Universidad de Santiago. En esta entrevista conversó sobre violencia obstétrica como un problema social sistémico y profundizó en las implicancias biopolíticas de nacer y parir en un sistema repleto de intervenciones innecesarias e infantilización de las mujeres y sus cuerpos.

Victoria Viñals

  Sábado 26 de diciembre 2015 12:39 hrs.
baby_hand_hold_mother_grab

gonzalo_leiva_rojasEs académico de la Facultad de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Santiago, director del Observatorio de Violencia Obstétrica y uno de los promotores de la humanización del nacimiento en Chile. Gonzalo Leiva, matrón, en una extensa conversación con el Diario Electrónico de Radio Universidad de Chile se refirió al concepto de violencia obstétrica y a los problemas sistémicos que supone. Dijo que no sólo las mujeres, sino que también los profesionales de la salud experimentan traumas en los partos violentos. Que las mujeres y sus parejas son infantilizadas en estos procesos. Que el estado y las universidades son los principales actores responsables de esta práctica y sobre todo, que “con esto gana la elite económica y la elite política”, porque todo comienza cuando nacemos.

 ¿Qué es la violencia Obstétrica?

La violencia obstétrica es un concepto que apareció en esta última década como nombre pero hace referencia a algo que viene ocurriendo varias décadas acá en Chile y Latinoamérica. Dice relación con la deshumanización del proceso de nacimiento y con cómo hemos ido interviniendo en exceso. También con algunas denuncias de las mujeres con respecto a maltrato, abuso físico, abuso verbal, y  lo que a mí me parece que es hoy en día la violencia más visible en Chile que es, por ejemplo, hacer cesáreas innecesarias cuando está la opción de tener un parto vaginal

En la definición de la ley de Venezuela se habla de la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres ejercido por el personal de salud.

Claro, hoy día hay poca autodeterminación y poca autonomía de la mujer para tomar ciertas decisiones que durante el proceso, y los equipos de salud tomamos decisión por la mujer sin siquiera preguntarle y así indicamos cesáreas, usamos oxitocina, las mantenemos acostadas, las movilizamos todo el tiempo y sin ningún consentimiento sólo asumiendo que es lo mejor para ellas, y que también nos acomoda a nosotros como equipo de salud. Entonces, efectivamente como equipo nos estamos adueñando de un momento que es único para ella, para su pareja, para ese hijo y lo asumimos como nuestro, hablamos de nuestro parto. En términos de lenguaje, cuando uno analiza lo que está ocurriendo hoy en día dentro de las maternidades, efectivamente da la sensación de que los equipos están hablando de cosas propias: de nuestro parto, sacaste tu parto, sacaste tu señora, y nos olvidamos que al final nosotros somos meros espectadores y debiésemos acompañar lo más respetuosamente ese proceso

Desde que la violencia obstétrica se ha hecho un término algo más conocida, han salido voces desde distintos sectores a sostener que, en el fondo, reclamar contra la violencia obstétrica o manifestarse en contra de ella, es volver a un cierto primitivismo, a rechazar la salud o la tecnología en este ámbito.  

Sí, yo creo que no hay peor ciego que el que no quiere ver y los colegas que acusan eso, los médicos que acusan eso cuando se habla de violencia obstétrica, lo que están haciendo es cerrar los ojos y no ver nada de evidencia. Si uno analiza toda la evidencia científica desde hace tres décadas se va a encontrar con que deberíamos estar trabajando distinto a como lo estamos haciendo hoy día.

Nosotros como profesionales del nacimiento acá en Chile, hablo de matronas, médicos, estamos súper orgullosos de nuestra tasa de mortalidad materna porque dentro de América tenemos es una de las más bajas, pero cuando uno analiza y empieza comparar la forma en que se están obteniendo esas tasas tú dices, podríamos hacerlo de una manera más eficiente y no tan intervencionista, porque el hecho de tener alta tasa de cesárea, tanta episiotomía, o tanto intervencionismo no es lo que hoy día explica que lleguemos a esta tasa de mortalidad.

¿Y que explica entonces esas bajas tasas de mortalidad materna?

Está explicada por la educación de las mujeres, por cómo se organizó el sistema de salud, por la cobertura de anticoncepción que se ha ido avanzando en las últimas décadas también.

Decir que es primitivo el no intervenir es súper errado, lo que hay que hacer es intervenir cuando sea necesario y eso es lo que tenemos que entender nosotros. Los matrones y los médicos trabajamos con un proceso fisiológico, el parto y el nacimiento, que eventualmente podrían tener una complicación y cuando se presenta alguna complicación, afortunadamente tenemos la medicina para utilizarla. El tema es que hoy día estamos utilizando la medicina en todas. Estamos interviniendo la gran mayoría de los partos: rompiendo membranas, monitorizando todo el tiempo, colocando oxitocina exógena, y esto no viene ocurriendo hace un año, como te decía, viene ocurriendo hace décadas. Estamos en un punto en que todos los equipos lo tienen tan normalizado y creo que por eso cuesta tanto discutir del tema con los profesionales.

Hoy día mismo participé en una reunión clínica en la mañana, y me daba la impresión de que era todo normal: “Le están poniendo mucho las mujeres con el tema del intervencionismo”, que es lo mismo que decir que las mujeres están exagerando. Siempre me queda esa impresión cuando participo en reuniones clínicas, pero las mujeres nos están diciendo lo mismo que nos está diciendo la OMS, que nos viene diciendo la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, la Confederación Internacional de Matronas.

Yo creo que este tema tiene tanta fuerza y va seguir avanzando con tanta fuerza, porque tiene toda la evidencia a su favor, no hay ningún organismo nacional o internacional que diga: “No, las mujeres le están poniendo mucho color”, los únicos que dicen que le están poniendo mucho color son quienes están siendo apuntados con un dedo: médicos y matronas. Para todo el resto del mundo este es un tema del cual de verdad tenemos que preocuparnos y tenemos que hacernos cargo. Imagínate que ya en 1996 la OMS en la Declaración de Ginebra decía: el objetivo de la atención en maternidad es tener un recién nacido y a una mujer sana con el menor grado de intervencionismo posible, o sea, lo más eficiente posible, y eso significa estar acompañando un proceso fisiológico y estar acompañándolo de forma tal, que si tú ves que algo se sale de lo normal o que algo empieza a complicarse, ahí intervengas, pero, ¿qué estamos haciendo hoy día? colocan un pié en el hospital o en la clínica, y comenzamos inmediatamente a intervenir, y eso, las altas tasas de intervencionismo también explican altas tasas de cesáreas y explican ciertas complicaciones, porque nada es gratis. Tú te tomas un paracetamol y no es gratis, ese paracetamol se va a tu hígado, se queda allí en tu hígado y si te tomas otro paracetamol se acumula, y si sigues tomando paracetamol te va a dar hepatitis. Acá ocurre lo mismo con todas las intervenciones, o sea, hay que entender que detrás de cada proceso médico hay un riesgo asociado. Desde ese punto de vista debiésemos tratar con la mayor cautela posible e intervenir sólo cuando es necesario.

El tema del consentimiento también es importante en este sentido. Muchísimas mujeres reportan haber sido víctimas de procedimientos fuertemente invasivos como rotura de membranas, episiotomías y maniobras de Kristeller sin siquiera haber sido consultadas, o sin que nadie les explicara qué cosas estaban haciendo con su cuerpo.

Claro que si. Al 90 por ciento de las mujeres que se les pone oxitocina exógena en el sistema público. El otro día discutíamos con un médico que si nosotros les contáramos a ese 90 por ciento de mujeres que ese medicamento tiene el riesgo de producirle contracciones más dolorosas, de producirle contracciones más intensas, de producirle más frecuentemente contracciones y que por consiguiente hay riesgo de que su bebé sufra hipoxia, es muy probable que un montón de mujeres se niegue a consentir el uso de ese medicamento. Pero hoy día lo estamos usando y lo único que decimos es que se trata de un medicamento para que den más contracciones. Hay una infantilización también de las mujeres de empezar a realizarle ciertas intervenciones y procedimientos que no los explicamos como deberíamos.

Infantilizamos a la mujer y a su pareja, pensamos que no entienden nada de estos temas y actuamos sin preguntarles, a lo más, se les dice: “Te voy a colocar un medicamento que te va a dar más contracciones”, y punto, esa es toda la información que se le entregó a la mujer. El intervencionismo dice relación con que efectivamente los profesionales nos situamos en un escalón que pareciera ser más alto que las personas con las cuales estamos trabajando, nos sentimos en un nivel superior, todos estos conocimientos técnicos hacen que pensemos que ellos no van a entender jamás lo que nosotros sabemos, y que nos hacen que empecemos a intervenir inconscientemente.

Esto viene pasando hace muchas décadas y cuesta mucho hacer entender que es incorrecto, porque está completamente normalizado.  Justifican lo injustificable. A los que tratamos de hacer una pega un poco más respetuosa, nos piden que justifiquemos, que mostremos evidencia, para explicar por ejemplo el parto vertical. Yo les diría, que son ellos los que digan en base a que evidencia obligan a las mujeres a estar teniendo los partos mirando hacia el techo y con las patas colgando. Hace tres décadas que hay evidencia científica, sobre cómo estas prácticas no debieran realizarse y sobre cómo promover partos respetuosos, y  más encima tienen la patudez de exigirla.

Las últimas veces que he presentado estos temas como que la paciencia se va perdiendo un poco y les dejo mi correo pidiéndoles que si tienen evidencia para atender los partos en la posición que los atendemos, me escriban, porque toda la evidencia que yo conozco es en dirección opuesta. Ahí la discusión para ellos se acaba, se dan cuenta de que efectivamente no tienen argumentos. No hay ninguna justificación, pero ninguna, para tener la tasas de cesáreas que tenemos, no hay ninguna justificación para tener la tasa de intervencionismo que tenemos, absolutamente ninguna.

Hace algunos días conversaba con Michelle Sadler, antropóloga médica y experta en nacimiento, sobre estos temas y ella me decía que la violencia obstétrica no se trata de una lucha de las usuarias en contra de los médicos y las matronas, sino que es una violencia sistémica. Que no son solamente las mujeres quienes sufren o se ven afectadas, sino que también hay profesionales de la salud, matronas, médicos, hasta anestesiólogos, que reportan ciertos daños, ciertos traumas, estrés y sensación de culpabilidad después de haber presenciado partos donde se ha ejercido violencia obstétrica. En este sentido ¿cómo percibes tú lo que pasa con los profesionales de la salud?

Efectivamente está descrito este tipo de violencia en los profesionales que son testigos de estos partos traumáticos. Hay estudios que han demostrado que cuando se le hacen pruebas a profesionales de salud expuestos a estas situaciones dan positivo a los screaning de trastornos por estrés prost traumático, o sea, no es gratis ver esto. Yo no voy al sicólogo, ni al siquiatra, ni me hago terapia cada cierto tiempo, pero con mis colegas de la universidad cada cierto tiempo hacemos catarsis conversando estos temas. Hay días en que  veo cosas en el hospital que detesto ver y que me afecta ver, a veces lo converso con mi esposa y respiro profundo, y al día siguiente como que no tengo muchas ganas de ir al hospital, pero voy igual, y al día siguiente se me pasa, y eso que voy  4 horas y medias al hospital en las mañanas sólo con estudiantes. Imagínate estar 12 horas expuesto a eso, irte a la casa, después en la noche siguiente 12 horas más y ver como tus colegas  intervienen más de la cuenta o de frentón maltratan verbal o sicológicamente a sus pacientes. Ahora ¿por qué estamos ejerciendo esta violencia entonces si también nos afecta a nosotros? porque nos mal enseñaron en la Universidad, nos enseñaron la obstetricia que no deberíamos estar practicando pese a que se supone que las universidades nos debieran enseñar la última evidencia disponible.

¿Qué pasa  con las Universidades? ¿Qué profesionales están formando?

La Declaración de Fortaleza del año 85, sobre el uso apropiado de la tecnología en el parto, de la OMS,  es el documento más antiguo que viene a hablar de estos temas.  En  ese documento se plantea que las universidades no sólo debiesen enseñar el enfoque biomédico del nacimiento sino que enseñar todas las otras cosas relevantes que son los contextos culturales, sociales, psicológicos y cómo eso es trascendente para la mujer. ¿Qué vemos hoy día? Las universidades en Chile lo que hoy están haciendo es sacando buenos trabajadores para un sistema que reproduzca el sistema actual y tener más mano de obra. La crítica que hacemos quienes estamos dentro de las universidades, tiene que ver con preguntarnos qué está ocurriendo en las maternidades, cuál es el escenario del nacimiento en Chile.  Y proponer alternativas al nacimiento desde la base y eso significa empezar a formar nuevos profesionales. Yo creo que algunas universidades han actualizado sus mallas, pero la gran mayoría tiene las mismas mallas o enseña la misma obstetricia desde hace 20 años.

El desafío está en cambiar. Piensa tú que todavía hay universidades que enseñan a sus estudiantes de episiotomía, haciendo episiotomía, episiotomía docentes, no porque la mujer lo necesite sino porque el estudiante necesita aprender. Nosotros como escuela, ya pasamos esa discusión y duró 10 minutos ¿Vamos a hacer episiotomía docente? Nos parece poco ético y no hay episiotomía docente. Este año he podido conocer experiencias de otras regiones y me encuentro con estudiantes que me dicen: “profe, yo creía que no era importante la episiotomía pero me obligaron a hacer una porque tenía que aprender”. o “profe, le estaba tomando la mano a la mujer y me dijeron que no, que eso no nos servía, que no nos teníamos que vincular tanto emocionalmente con la mujer en trabajo de parto”, o “profe, casi me reprueban porque los matrones de turno decían que yo no gritaba nada en el parto, que no le daba instrucciones a la mujer en el parto” , entonces, hay un tema fundamental en la formación. Desde hace un par de años que desde la Universidad de Santiago sí están saliendo profesionales con el perfil, y afortunadamente están yéndose a esos hospitales que tienen un modelo más respetuoso.

En esas condiciones, digamos, también existe una responsabilidad del estado y la sociedad civil.

Yo creo que esta materia hay que apuntar con el dedo al estado, o sea, ¿qué tan prioritario para el estado son las maternidades hoy día?, ¿Entiende el Estado de Chile, que las maternidades son fuente de salud, fuente de vida?  No, porque si fuera así, no hay forma de explicar que existan maternidades donde hay 11 camas a un metro cada una, y tienen a un matrón o matrona cuidando a 3 o 4 mujeres, o acompañando a 3 o 4 mujeres en trabajo de parto. En ningún país que se diga que le importa la maternidad ocurriría eso, pero aquí ocurre.

Con todo este movimiento que hay en torno a la violencia obstétrica, yo a los colegas les diría que lo miremos como una oportunidad, no como una amenaza.  Si nosotros los profesionales del nacimiento creemos que las condiciones en las que estamos trabajando no son las adecuadas, deberíamos presionar al Estado, y exigir maternidades dignas de un nacimiento humano, porque hoy día las mujeres están teniendo partos en lugares y contextos que no son dignos para nacer. Los perritos, los gatitos, están teniendo partos más respetuosos de lo que estamos teniendo nosotros.

Hoy día nace  el bebé y lo separamos de su madre inmediatamente sin ninguna necesidad. Es algo que no tiene ni pies ni cabeza y que me indigna profundamente. Si uno separa a una perrita de su cachorro al momento de nacer, te llega un mordisco, pero nosotros estamos tan domesticados que nos parece completamente normal, y nuevamente olvidamos toda la neurobiología que está ocurriendo ahí, toda la importancia de ese momento. Si dejamos al bebe encima del pecho de su madre, va a termo regular más rápido, sus procesos metabólicos se van a instalar más rápido, va a tener lactancia precoz, y sabemos que lactancia precoz es un bien proyector de lactancia materna, inclusive hasta el sexto mes.

Casilda Rodrigañez, la escritora feminista española, tiene un libro que se titula “La represión del deseo materno y la génesis del estado en sumisión inconsciente”, donde sostiene,  entre otras cosas, que la forma en que nacemos y esa separación inicial del cuerpo de la madre que hablábamos hace un rato, implica una instrucción primal que prepararía para una vida de obediencia y sumisión social. ¿Qué piensas de esto? y quizás en términos más políticos ¿Qué significa nacer en un contexto de violencia obstétrica hoy día en Chile?

Es así. Cuando leí ese libro fue un palo en la cabeza. Hoy día vemos en Chile que la gran mayoría de las personas se levantan a las 6  de la mañana, se trasladan 2 horas para trabajar jornadas de ocho horas, que llegan a sus casas a las 9 de la noche para ver las noticias con todo lo que eso se significa. Se acuestan con miedo de que los asalten el día siguiente, de que les hagan un portonazo. Despiertan al día siguiente y siempre es lo mismo, a fin de mes reciben un sueldo que les alcanza para pagar un tercio de sus deudas, y así toda la vida.

Cuando tú analizas el contexto chileno, y analizas todas las problemáticas sociales de Chile, el hecho de que nos hayan vendido el cuento de que efectivamente la educación es un bien de consumo, y de que haya gente que salga a marchar en contra de la educación gratuita, que hayan políticos que estén en contra de las farmacias populares, tú dices, en verdad, no me extraña tanto que estemos naciendo como estamos naciendo, calza perfecto.

Si nos preocupamos por el nacimiento estamos atacando el tema de raíz, si te preocupas de la mujer embarazada estás abordado el tema de raíz. No digo que todo está perdido como un adolescente, pero es mucho más caro para un país, y es mucho más problema para un país, hacerse cargo  de un adolescente cuando ya entró a las drogas, cuando ya está robando, cuando ya entiende un tercio de lo que lee, cuando no es empático, cuando es individualista. Chile es un país tremendamente individualista, es mucho más fácil si nos preocupamos de eso en el nacimiento, y si ese niño aprende en el pecho de su madre, que hay un adulto ahí que está para ayudarle, que puede confiar en su cuidador principal, cuando ese niño empiece a crecer va a atreverse a explorar más, a ser más empático, más solidario.

Carlos González, el pediatra español que promueve la crianza respetuosa, decía que nunca en toda la historia de la humanidad los niños pasaron tan poco tiempo con sus padres. En este sentido, tenemos como gran proyecto del Estado la promoción de salas cunas gratuitas para todos. Eso es lo que el sistema necesita, dejar a los niños en un corral y que la mano de obra trabajadora salga a producir.

Tú me preguntas qué impacto tiene nacer como estamos naciendo,  yo creo que hoy  estamos naciendo de la peor forma que podríamos nacer. Estamos naciendo e inmediatamente nos están separando  de nuestro cuidador principal, y eso no tiene ninguna justificación. Por eso te decía que me da tanta rabia, porque es absurdo que nos separen de nuestra madre, es absurdo que los pediatras si baja un poquito el peso de la curva te den relleno y no promueven la lactancia. Todo eso es absurdo porque hay evidencia que demuestra que todo eso genera sociedades mejores y más sanas.

Estamos haciendo un caldo de cultivo para tener adolescentes drogadictos, adolescentes donde siga aumentando su tasa de suicidios. Justo cuando todos los adolescentes del resto del mundo van para abajo, la tasa de suicidios chilena va para arriba. El psiquiatra Rodrígo Paz decía que “Chile es un país enfermo” y así estamos: enfermos desde el nacimiento desde el minuto que nacemos y que nos separan de nuestros hijos. En el momento en que separamos a una madre de su hijo el sistema nos está ganando, está ganando en individualismo. Y así gana también la elite económica y la elite política. Ellos ganan  y eso nace cuando nacemos.

*Gonzalo Leiva estará presentando las investigaciones FONIS “Evaluación Cuali- Cuantitativa de la Implementación de la Guía de Atención Personalizada del Parto”, y “Percepciones y prácticas sobre la operación cesárea”, el martes 12 de enero en el Seminario “Nacer en el Chile actual: de la costumbre a la evidencia”.

gonzalo_leiva_rojasEs académico de la Facultad de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Santiago, director del Observatorio de Violencia Obstétrica y uno de los promotores de la humanización del nacimiento en Chile. Gonzalo Leiva, matrón, en una extensa conversación con el Diario Electrónico de Radio Universidad de Chile se refirió al concepto de violencia obstétrica y a los problemas sistémicos que supone. Dijo que no sólo las mujeres, sino que también los profesionales de la salud experimentan traumas en los partos violentos. Que las mujeres y sus parejas son infantilizadas en estos procesos. Que el estado y las universidades son los principales actores responsables de esta práctica y sobre todo, que “con esto gana la elite económica y la elite política”, porque todo comienza cuando nacemos.

 ¿Qué es la violencia Obstétrica?

La violencia obstétrica es un concepto que apareció en esta última década como nombre pero hace referencia a algo que viene ocurriendo varias décadas acá en Chile y Latinoamérica. Dice relación con la deshumanización del proceso de nacimiento y con cómo hemos ido interviniendo en exceso. También con algunas denuncias de las mujeres con respecto a maltrato, abuso físico, abuso verbal, y  lo que a mí me parece que es hoy en día la violencia más visible en Chile que es, por ejemplo, hacer cesáreas innecesarias cuando está la opción de tener un parto vaginal

En la definición de la ley de Venezuela se habla de la apropiación del cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres ejercido por el personal de salud.

Claro, hoy día hay poca autodeterminación y poca autonomía de la mujer para tomar ciertas decisiones que durante el proceso, y los equipos de salud tomamos decisión por la mujer sin siquiera preguntarle y así indicamos cesáreas, usamos oxitocina, las mantenemos acostadas, las movilizamos todo el tiempo y sin ningún consentimiento sólo asumiendo que es lo mejor para ellas, y que también nos acomoda a nosotros como equipo de salud. Entonces, efectivamente como equipo nos estamos adueñando de un momento que es único para ella, para su pareja, para ese hijo y lo asumimos como nuestro, hablamos de nuestro parto. En términos de lenguaje, cuando uno analiza lo que está ocurriendo hoy en día dentro de las maternidades, efectivamente da la sensación de que los equipos están hablando de cosas propias: de nuestro parto, sacaste tu parto, sacaste tu señora, y nos olvidamos que al final nosotros somos meros espectadores y debiésemos acompañar lo más respetuosamente ese proceso

Desde que la violencia obstétrica se ha hecho un término algo más conocida, han salido voces desde distintos sectores a sostener que, en el fondo, reclamar contra la violencia obstétrica o manifestarse en contra de ella, es volver a un cierto primitivismo, a rechazar la salud o la tecnología en este ámbito.  

Sí, yo creo que no hay peor ciego que el que no quiere ver y los colegas que acusan eso, los médicos que acusan eso cuando se habla de violencia obstétrica, lo que están haciendo es cerrar los ojos y no ver nada de evidencia. Si uno analiza toda la evidencia científica desde hace tres décadas se va a encontrar con que deberíamos estar trabajando distinto a como lo estamos haciendo hoy día.

Nosotros como profesionales del nacimiento acá en Chile, hablo de matronas, médicos, estamos súper orgullosos de nuestra tasa de mortalidad materna porque dentro de América tenemos es una de las más bajas, pero cuando uno analiza y empieza comparar la forma en que se están obteniendo esas tasas tú dices, podríamos hacerlo de una manera más eficiente y no tan intervencionista, porque el hecho de tener alta tasa de cesárea, tanta episiotomía, o tanto intervencionismo no es lo que hoy día explica que lleguemos a esta tasa de mortalidad.

¿Y que explica entonces esas bajas tasas de mortalidad materna?

Está explicada por la educación de las mujeres, por cómo se organizó el sistema de salud, por la cobertura de anticoncepción que se ha ido avanzando en las últimas décadas también.

Decir que es primitivo el no intervenir es súper errado, lo que hay que hacer es intervenir cuando sea necesario y eso es lo que tenemos que entender nosotros. Los matrones y los médicos trabajamos con un proceso fisiológico, el parto y el nacimiento, que eventualmente podrían tener una complicación y cuando se presenta alguna complicación, afortunadamente tenemos la medicina para utilizarla. El tema es que hoy día estamos utilizando la medicina en todas. Estamos interviniendo la gran mayoría de los partos: rompiendo membranas, monitorizando todo el tiempo, colocando oxitocina exógena, y esto no viene ocurriendo hace un año, como te decía, viene ocurriendo hace décadas. Estamos en un punto en que todos los equipos lo tienen tan normalizado y creo que por eso cuesta tanto discutir del tema con los profesionales.

Hoy día mismo participé en una reunión clínica en la mañana, y me daba la impresión de que era todo normal: “Le están poniendo mucho las mujeres con el tema del intervencionismo”, que es lo mismo que decir que las mujeres están exagerando. Siempre me queda esa impresión cuando participo en reuniones clínicas, pero las mujeres nos están diciendo lo mismo que nos está diciendo la OMS, que nos viene diciendo la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, la Confederación Internacional de Matronas.

Yo creo que este tema tiene tanta fuerza y va seguir avanzando con tanta fuerza, porque tiene toda la evidencia a su favor, no hay ningún organismo nacional o internacional que diga: “No, las mujeres le están poniendo mucho color”, los únicos que dicen que le están poniendo mucho color son quienes están siendo apuntados con un dedo: médicos y matronas. Para todo el resto del mundo este es un tema del cual de verdad tenemos que preocuparnos y tenemos que hacernos cargo. Imagínate que ya en 1996 la OMS en la Declaración de Ginebra decía: el objetivo de la atención en maternidad es tener un recién nacido y a una mujer sana con el menor grado de intervencionismo posible, o sea, lo más eficiente posible, y eso significa estar acompañando un proceso fisiológico y estar acompañándolo de forma tal, que si tú ves que algo se sale de lo normal o que algo empieza a complicarse, ahí intervengas, pero, ¿qué estamos haciendo hoy día? colocan un pié en el hospital o en la clínica, y comenzamos inmediatamente a intervenir, y eso, las altas tasas de intervencionismo también explican altas tasas de cesáreas y explican ciertas complicaciones, porque nada es gratis. Tú te tomas un paracetamol y no es gratis, ese paracetamol se va a tu hígado, se queda allí en tu hígado y si te tomas otro paracetamol se acumula, y si sigues tomando paracetamol te va a dar hepatitis. Acá ocurre lo mismo con todas las intervenciones, o sea, hay que entender que detrás de cada proceso médico hay un riesgo asociado. Desde ese punto de vista debiésemos tratar con la mayor cautela posible e intervenir sólo cuando es necesario.

El tema del consentimiento también es importante en este sentido. Muchísimas mujeres reportan haber sido víctimas de procedimientos fuertemente invasivos como rotura de membranas, episiotomías y maniobras de Kristeller sin siquiera haber sido consultadas, o sin que nadie les explicara qué cosas estaban haciendo con su cuerpo.

Claro que si. Al 90 por ciento de las mujeres que se les pone oxitocina exógena en el sistema público. El otro día discutíamos con un médico que si nosotros les contáramos a ese 90 por ciento de mujeres que ese medicamento tiene el riesgo de producirle contracciones más dolorosas, de producirle contracciones más intensas, de producirle más frecuentemente contracciones y que por consiguiente hay riesgo de que su bebé sufra hipoxia, es muy probable que un montón de mujeres se niegue a consentir el uso de ese medicamento. Pero hoy día lo estamos usando y lo único que decimos es que se trata de un medicamento para que den más contracciones. Hay una infantilización también de las mujeres de empezar a realizarle ciertas intervenciones y procedimientos que no los explicamos como deberíamos.

Infantilizamos a la mujer y a su pareja, pensamos que no entienden nada de estos temas y actuamos sin preguntarles, a lo más, se les dice: “Te voy a colocar un medicamento que te va a dar más contracciones”, y punto, esa es toda la información que se le entregó a la mujer. El intervencionismo dice relación con que efectivamente los profesionales nos situamos en un escalón que pareciera ser más alto que las personas con las cuales estamos trabajando, nos sentimos en un nivel superior, todos estos conocimientos técnicos hacen que pensemos que ellos no van a entender jamás lo que nosotros sabemos, y que nos hacen que empecemos a intervenir inconscientemente.

Esto viene pasando hace muchas décadas y cuesta mucho hacer entender que es incorrecto, porque está completamente normalizado.  Justifican lo injustificable. A los que tratamos de hacer una pega un poco más respetuosa, nos piden que justifiquemos, que mostremos evidencia, para explicar por ejemplo el parto vertical. Yo les diría, que son ellos los que digan en base a que evidencia obligan a las mujeres a estar teniendo los partos mirando hacia el techo y con las patas colgando. Hace tres décadas que hay evidencia científica, sobre cómo estas prácticas no debieran realizarse y sobre cómo promover partos respetuosos, y  más encima tienen la patudez de exigirla.

Las últimas veces que he presentado estos temas como que la paciencia se va perdiendo un poco y les dejo mi correo pidiéndoles que si tienen evidencia para atender los partos en la posición que los atendemos, me escriban, porque toda la evidencia que yo conozco es en dirección opuesta. Ahí la discusión para ellos se acaba, se dan cuenta de que efectivamente no tienen argumentos. No hay ninguna justificación, pero ninguna, para tener la tasas de cesáreas que tenemos, no hay ninguna justificación para tener la tasa de intervencionismo que tenemos, absolutamente ninguna.

Hace algunos días conversaba con Michelle Sadler, antropóloga médica y experta en nacimiento, sobre estos temas y ella me decía que la violencia obstétrica no se trata de una lucha de las usuarias en contra de los médicos y las matronas, sino que es una violencia sistémica. Que no son solamente las mujeres quienes sufren o se ven afectadas, sino que también hay profesionales de la salud, matronas, médicos, hasta anestesiólogos, que reportan ciertos daños, ciertos traumas, estrés y sensación de culpabilidad después de haber presenciado partos donde se ha ejercido violencia obstétrica. En este sentido ¿cómo percibes tú lo que pasa con los profesionales de la salud?

Efectivamente está descrito este tipo de violencia en los profesionales que son testigos de estos partos traumáticos. Hay estudios que han demostrado que cuando se le hacen pruebas a profesionales de salud expuestos a estas situaciones dan positivo a los screaning de trastornos por estrés prost traumático, o sea, no es gratis ver esto. Yo no voy al sicólogo, ni al siquiatra, ni me hago terapia cada cierto tiempo, pero con mis colegas de la universidad cada cierto tiempo hacemos catarsis conversando estos temas. Hay días en que  veo cosas en el hospital que detesto ver y que me afecta ver, a veces lo converso con mi esposa y respiro profundo, y al día siguiente como que no tengo muchas ganas de ir al hospital, pero voy igual, y al día siguiente se me pasa, y eso que voy  4 horas y medias al hospital en las mañanas sólo con estudiantes. Imagínate estar 12 horas expuesto a eso, irte a la casa, después en la noche siguiente 12 horas más y ver como tus colegas  intervienen más de la cuenta o de frentón maltratan verbal o sicológicamente a sus pacientes. Ahora ¿por qué estamos ejerciendo esta violencia entonces si también nos afecta a nosotros? porque nos mal enseñaron en la Universidad, nos enseñaron la obstetricia que no deberíamos estar practicando pese a que se supone que las universidades nos debieran enseñar la última evidencia disponible.

¿Qué pasa  con las Universidades? ¿Qué profesionales están formando?

La Declaración de Fortaleza del año 85, sobre el uso apropiado de la tecnología en el parto, de la OMS,  es el documento más antiguo que viene a hablar de estos temas.  En  ese documento se plantea que las universidades no sólo debiesen enseñar el enfoque biomédico del nacimiento sino que enseñar todas las otras cosas relevantes que son los contextos culturales, sociales, psicológicos y cómo eso es trascendente para la mujer. ¿Qué vemos hoy día? Las universidades en Chile lo que hoy están haciendo es sacando buenos trabajadores para un sistema que reproduzca el sistema actual y tener más mano de obra. La crítica que hacemos quienes estamos dentro de las universidades, tiene que ver con preguntarnos qué está ocurriendo en las maternidades, cuál es el escenario del nacimiento en Chile.  Y proponer alternativas al nacimiento desde la base y eso significa empezar a formar nuevos profesionales. Yo creo que algunas universidades han actualizado sus mallas, pero la gran mayoría tiene las mismas mallas o enseña la misma obstetricia desde hace 20 años.

El desafío está en cambiar. Piensa tú que todavía hay universidades que enseñan a sus estudiantes de episiotomía, haciendo episiotomía, episiotomía docentes, no porque la mujer lo necesite sino porque el estudiante necesita aprender. Nosotros como escuela, ya pasamos esa discusión y duró 10 minutos ¿Vamos a hacer episiotomía docente? Nos parece poco ético y no hay episiotomía docente. Este año he podido conocer experiencias de otras regiones y me encuentro con estudiantes que me dicen: “profe, yo creía que no era importante la episiotomía pero me obligaron a hacer una porque tenía que aprender”. o “profe, le estaba tomando la mano a la mujer y me dijeron que no, que eso no nos servía, que no nos teníamos que vincular tanto emocionalmente con la mujer en trabajo de parto”, o “profe, casi me reprueban porque los matrones de turno decían que yo no gritaba nada en el parto, que no le daba instrucciones a la mujer en el parto” , entonces, hay un tema fundamental en la formación. Desde hace un par de años que desde la Universidad de Santiago sí están saliendo profesionales con el perfil, y afortunadamente están yéndose a esos hospitales que tienen un modelo más respetuoso.

En esas condiciones, digamos, también existe una responsabilidad del estado y la sociedad civil.

Yo creo que esta materia hay que apuntar con el dedo al estado, o sea, ¿qué tan prioritario para el estado son las maternidades hoy día?, ¿Entiende el Estado de Chile, que las maternidades son fuente de salud, fuente de vida?  No, porque si fuera así, no hay forma de explicar que existan maternidades donde hay 11 camas a un metro cada una, y tienen a un matrón o matrona cuidando a 3 o 4 mujeres, o acompañando a 3 o 4 mujeres en trabajo de parto. En ningún país que se diga que le importa la maternidad ocurriría eso, pero aquí ocurre.

Con todo este movimiento que hay en torno a la violencia obstétrica, yo a los colegas les diría que lo miremos como una oportunidad, no como una amenaza.  Si nosotros los profesionales del nacimiento creemos que las condiciones en las que estamos trabajando no son las adecuadas, deberíamos presionar al Estado, y exigir maternidades dignas de un nacimiento humano, porque hoy día las mujeres están teniendo partos en lugares y contextos que no son dignos para nacer. Los perritos, los gatitos, están teniendo partos más respetuosos de lo que estamos teniendo nosotros.

Hoy día nace  el bebé y lo separamos de su madre inmediatamente sin ninguna necesidad. Es algo que no tiene ni pies ni cabeza y que me indigna profundamente. Si uno separa a una perrita de su cachorro al momento de nacer, te llega un mordisco, pero nosotros estamos tan domesticados que nos parece completamente normal, y nuevamente olvidamos toda la neurobiología que está ocurriendo ahí, toda la importancia de ese momento. Si dejamos al bebe encima del pecho de su madre, va a termo regular más rápido, sus procesos metabólicos se van a instalar más rápido, va a tener lactancia precoz, y sabemos que lactancia precoz es un bien proyector de lactancia materna, inclusive hasta el sexto mes.

Casilda Rodrigañez, la escritora feminista española, tiene un libro que se titula “La represión del deseo materno y la génesis del estado en sumisión inconsciente”, donde sostiene,  entre otras cosas, que la forma en que nacemos y esa separación inicial del cuerpo de la madre que hablábamos hace un rato, implica una instrucción primal que prepararía para una vida de obediencia y sumisión social. ¿Qué piensas de esto? y quizás en términos más políticos ¿Qué significa nacer en un contexto de violencia obstétrica hoy día en Chile?

Es así. Cuando leí ese libro fue un palo en la cabeza. Hoy día vemos en Chile que la gran mayoría de las personas se levantan a las 6  de la mañana, se trasladan 2 horas para trabajar jornadas de ocho horas, que llegan a sus casas a las 9 de la noche para ver las noticias con todo lo que eso se significa. Se acuestan con miedo de que los asalten el día siguiente, de que les hagan un portonazo. Despiertan al día siguiente y siempre es lo mismo, a fin de mes reciben un sueldo que les alcanza para pagar un tercio de sus deudas, y así toda la vida.

Cuando tú analizas el contexto chileno, y analizas todas las problemáticas sociales de Chile, el hecho de que nos hayan vendido el cuento de que efectivamente la educación es un bien de consumo, y de que haya gente que salga a marchar en contra de la educación gratuita, que hayan políticos que estén en contra de las farmacias populares, tú dices, en verdad, no me extraña tanto que estemos naciendo como estamos naciendo, calza perfecto.

Si nos preocupamos por el nacimiento estamos atacando el tema de raíz, si te preocupas de la mujer embarazada estás abordado el tema de raíz. No digo que todo está perdido como un adolescente, pero es mucho más caro para un país, y es mucho más problema para un país, hacerse cargo  de un adolescente cuando ya entró a las drogas, cuando ya está robando, cuando ya entiende un tercio de lo que lee, cuando no es empático, cuando es individualista. Chile es un país tremendamente individualista, es mucho más fácil si nos preocupamos de eso en el nacimiento, y si ese niño aprende en el pecho de su madre, que hay un adulto ahí que está para ayudarle, que puede confiar en su cuidador principal, cuando ese niño empiece a crecer va a atreverse a explorar más, a ser más empático, más solidario.

Carlos González, el pediatra español que promueve la crianza respetuosa, decía que nunca en toda la historia de la humanidad los niños pasaron tan poco tiempo con sus padres. En este sentido, tenemos como gran proyecto del Estado la promoción de salas cunas gratuitas para todos. Eso es lo que el sistema necesita, dejar a los niños en un corral y que la mano de obra trabajadora salga a producir.

Tú me preguntas qué impacto tiene nacer como estamos naciendo,  yo creo que hoy  estamos naciendo de la peor forma que podríamos nacer. Estamos naciendo e inmediatamente nos están separando  de nuestro cuidador principal, y eso no tiene ninguna justificación. Por eso te decía que me da tanta rabia, porque es absurdo que nos separen de nuestra madre, es absurdo que los pediatras si baja un poquito el peso de la curva te den relleno y no promueven la lactancia. Todo eso es absurdo porque hay evidencia que demuestra que todo eso genera sociedades mejores y más sanas.

Estamos haciendo un caldo de cultivo para tener adolescentes drogadictos, adolescentes donde siga aumentando su tasa de suicidios. Justo cuando todos los adolescentes del resto del mundo van para abajo, la tasa de suicidios chilena va para arriba. El psiquiatra Rodrígo Paz decía que “Chile es un país enfermo” y así estamos: enfermos desde el nacimiento desde el minuto que nacemos y que nos separan de nuestros hijos. En el momento en que separamos a una madre de su hijo el sistema nos está ganando, está ganando en individualismo. Y así gana también la elite económica y la elite política. Ellos ganan  y eso nace cuando nacemos.

*Gonzalo Leiva estará presentando las investigaciones FONIS “Evaluación Cuali- Cuantitativa de la Implementación de la Guía de Atención Personalizada del Parto”, y “Percepciones y prácticas sobre la operación cesárea”, el martes 12 de enero en el Seminario “Nacer en el Chile actual: de la costumbre a la evidencia”.