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Niños migrantes desaparecen en Europa por falta de protocolos de investigación

Adelie Pojzman Pontay |Jueves 11 de febrero 2016 17:24 hrs.

MIGRANTES

Cerca de 10 mil serían los menores de 18 años que desaparecen en su ingreso a Europa. La pérdida del rastro respondería a distintas hipótesis, algunas cosas escape, pero otras cuentan historias de secuestros e, incluso, incapacidad estatal para buscarlos de manera conectada.

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Cuando Natalie Hill, una fotógrafa británica que trabaja en Bruselas, empezó a trabajar con Ali, un joven de aproximadamente 18 años, no quería considerarle como otro refugiado Afgano sino como un fotógrafo igual. Los dos se encontraron gracias a una organización, Missing Children Europe, para la cual Hill ha trabajado voluntariamente durante algunos años, realizando proyectos fotográficos sobre historias de niños y jóvenes que habían desaparecido – no solo niños refugiados, sino también adolescentes fugitivos o abducciones parentales.

A Ali le gustaba la fotografía y como conocía los elementos básicos – apertura, exposición –  los dos elaboraron una serie de fotógrafas artísticas para que expresara sus emociones y recuerdos. Ali empezó su viaje desde Irán, donde él y su familia se habían refugiado, y después llegó a Bélgica cuando tenía 14 o 15 años.

Por ello, una de las fotografías representa la travesía entre Turquía y Grecia. El mar estaba revuelto, había muchas personas en el pequeño bote, incluyo niños más jóvenes que Ali,  y él tenía miedo por su vida. Juntos, Ali y Hill fueron a la tienda de herramientas  para recrear la escena con una bañera para bebes, esponjas, y alambrada verde, moviendo el agua para hacer unas olas.  El resultado es colorido y parece ingenuo, pero la alambrada que se levanta alrededor del agua y encierra el pequeño bote donde se encuentran los personajes de espuma, es inquietante.

“Basicamente, hicemos su historia de manera conceptual”, explicó Hill. Con la cámara, Hill y Ali buscaron “el mejor rincón para enfatizar el drama de la situación”.

Hill no conoce bien la historia personal de Ali, porque no quería ser otra europea preguntando sobre la historia trágica de un niño refugiado. Lo único que sabe, es que llegó a Europa solo, hace más de 5 años, y que todavía no sabe nada de su familia.

En 2015, está estimado que por lo menos 26,000 niños y jóvenes de menos de 18 años llegaron a Europa solos. Es posible que huyeran solos de sus países de origen, principalmente porque cuesta mucho dinero pagar a los traficantes y muchas familias no pueden permitirse salir juntos. En otros casos, las familias fueron separadas durante el viaje.

Este fin de enero, la policía europea Europol anunció en el periódico británico The Guardian, que por lo menos 10,000 niños que viajaron solos habían desaparecidos después de haber llegado a Europa.

Brian Donald, el jefe de Europol, reconoció que por lo menos 5000 niños desaparecieron en Italia. Antes, el ministro de bienestar social italiano había reportado en 2015 que el 62 por ciento de los que habían llegaron entre enero y mayo habían desaparecidos.

En el Reino Unido, son cerca del 60 por ciento que desaparecen y no se pueden encontrar de nuevo, según el British Asylum Screening Unit.

Delphine Moralis, la secretaria general de Missing Children Europe dijo que en el pueblo de Trelleborg en Suecia, 1000 de los 1900 niños que habían llegado allá estaban ausentes.

En Alemania, se habla de más o menos 5000 niños, cuyos 431 no tienen 13 años de edad.

Las autoridades tienen miedo del paradero de los niños. Algunas de las hipótesis hablan de secuestro por parte de redes de tráfico humano que ya existen en Europa y son conocidos por  las autoridades.

Moralis, explicó que muchos de los niños desaparecen en las primeras 48 horas después de su arribo al continente: “Los niños desaparecen de los centros de acogida o de los hogares porque tienen un plan migratorio en la cabeza, porque han decido ir al Reino Unido”, explicó. Muchas veces, sus familias les han dicho de llegar a un lugar específico, tal vez porque tienen parientes allá, o porque parece que habría más trabajo, o porque todavía hablan muy poco inglés”.

Ese era el caso de otro niño sobre el cual la fotógrafa Natalie Hill hizo un proyecto. Con los informes de la policía y de las organizaciones, Hill estudió el caso de un niño de 12 años que había desparecido de su hogar en Bélgica y que fue identificado más tarde en el Reino Unido.

“Casi nunca los hallamos. No sabemos dónde están,” dijo Moralis.

Los niños, explicó Moralis, generalmente confían más en los traficantes que conocen y con quienes han viajado, que en las autoridades: “Los niños tienen muy poca información, y la que tienen no viene de buenas personas pero de los traficantes. Les dicen que no pueden confiar en los procedimientos, que no se pueden estar cerca de las autoridades, que deben tratar de escaparse y de no ser registrado con ellas, que si están registrados, las autoridades van a encerrarlos y ya. Entonces, los niños tratan por todos medios de salir de los centros de acogida”, explicó.

Sin embargo, la experta reconoció otra gran debilidad en Europa: La falta de cooperación en los niveles nacionales europeos, entre los diferentes equipos de policía y de jurisdicción, mostrando las insuficiencias de sistemas y países que no estaban preparados a encargarse de esta situación, o por lo menos a una escala tan grande.

“Hay una falta de formación para los actores de terreno. Vemos que no hay procedimientos claramente definidos sobre quién hace qué, quien es responsable del dossier, a quien llamar para reportar la desaparición. Una vez que el niño salió del territorio nacional, la información no se comparte de manera sistémica entre los diferentes actores y redes,” analizó Moralis.

Según un estudio de la Comisión Europea, en 2012 solo 4 países europeos tenían procedimientos para tratar los archivos de niños migrantes solos y desaparecidos. Moralis también se lamentó que los derechos de los niños no siempre se respetan, principalmente, porque muchas veces había una distinción de procedimientos entre los niños nacionales y los migrantes. Eso por parte viola la convención sobre los derechos de los niños, según Moralis.

En la serie de fotografías sobre el niño de 12 años que desapareció entre Bélgica y el Reino Unido, Hill decidió que todas sus fotos deberían ser borrosas.

“Todo está desenfocado, porque esas cuestiones son muy nublosas. Quería capturar como esos niños están perdidos y eso puede sacar toda estabilidad y visión de su vida. Quería que la gente vea la belleza de las imágenes y luego que hay algo inquietante debajo. La belleza de las colores, de la textura, de las formas y luego pensar que había una oscuridad, una tristeza y que tenemos que actuar,” explicó la fotógrafa.