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Año XIV, 22 de mayo de 2022

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Rector Ennio Vivaldi rinde homenaje a Patricio Aylwin

"Pienso que ese amor nuestro por Chile, con el que se ha de impregnar a lo largo de su vida estudiantil y docente, estuvo presente en la mirada de Patricio Aylwin cuando hablaba en alguna asamblea mundial en nombre del Estado chileno, o cuando sonreía a los niños de alguna Escuela Pública que lo saludaban agitando pequeñas banderas”, afirmó el Rector.

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  Viernes 22 de abril 2016 6:42 hrs. 
ennio vivaldi

El siguiente es el discurso completo que el Rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, pronunció durante las exequias del expresidente Patricio Aylwin:

“Patricio Aylwin ingresó a la Universidad de Chile en 1936. Se habrá integrado, podemos imaginar con cierta certeza, como tantos jóvenes de 17 años para quienes esa experiencia universitaria nueva, abre un mundo con tantas, tan infinitas y tan esplendorosas expectativas que sólo hay tiempo para mirar el futuro. Tenemos una marcada asimetría de visión, que en la juventud es más acentuada, según la cual nos importa mucho más lo que vendrá que lo que ya ocurrió. Sin embargo, un deber de la universidad es, además de inspirar la mirada de futuro, preservar el pasado, sea el pasado de una disciplina, de una nación o de la humanidad. Más aún, la universidad debe invitarnos a tomar consciencia de ese pasado al que solemos desatender, pero que viniendo desde lejos, está hoy, en cada instante, determinando tanto nuestro entorno como nuestra percepción e interpretación del mundo.

En el recién pasado mes de marzo, y en tantos marzos por venir, una nueva generación de jóvenes ingresó e ingresará a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile. Ellos no necesariamente tendrán un conocimiento cabal de cuan decisivo ha sido en dar forma al país al cual pertenecen y a la sociedad en la cual se han formado, cuanta incidencia ha tenido incluso en las materias específicas de sus cursos, un estudiante y profesor que habitó y contribuyó a dar vida a las mismas aulas a las cuales ellos ahora se incorporan. Un hombre que fuera Presidente de la República antes que ellos nacieran: Patricio Aylwin.

Cuando Aylwin tenía 25 años, en el informe que calificaba con nota sobresaliente su memoria de prueba, titulada El Juicio Arbitral, el profesor don Luis Barriga Errázuriz, señalaba preclaramente: “No ha esquivado el autor las cuestiones difíciles, sino que, por el contrario, se ha esforzado en tratarlas con esmero, demostrando indiscutible capacidad, mucho criterio y sólida preparación jurídica”.

Años después Máximo Pacheco Gómez, en enero de 1995, expresaba en su discurso de recepción como Profesor Emérito de la Universidad de Chile al profesor Patricio Aylwin: “Durante los veinte años que ejerció la cátedra de Derecho Administrativo, Patricio Aylwin constituyó un modelo de profesor, por la seriedad, profundidad y modernidad de su enseñanza y por la forma en que ejerció la docencia. Así lo reconocen todos los que tuvieron el privilegio de ser sus alumnos”. Y agregaba: “El profesor de derecho es, por definición, el sembrador permanente de la semilla de la justicia en la sociedad”; atribuyendo los logros en la vida de Patricio Aylwin “a su inteligencia, a su cultura, a su capacidad de trabajo… y fundamentalmente, a sus virtudes morales: honradez, justicia, veracidad, lealtad a los principios y consecuencia con ellos, laboriosidad, prudencia, tolerancia, ecuanimidad, modestia, amor a Dios y amor al prójimo”.

En esa misma ceremonia, en su discurso de recepción, Patricio Aylwin reconocía: “Porque –como lo dije en ocasión solemne para mí- yo soy hijo de esta universidad. Hijo ¡a mucho honor!, del Liceo público y de la U. de Chile. En sus aulas me formé y fortalecí los valores que mis padres me inculcaron”, agregando: “Fue la misma pasión por la justicia que inspiraba mi entusiasmo juvenil de estudiante de derecho, lo que me movió a comprometerme en la actividad política”.

Años antes, en junio de 1941, el estudiante Patricio Aylwin escribía en la revista Mástil: “La universidad, además de centro de cultura, de profesión y de ciencia, debe ser una fuerza social, un poder espiritual vivo que actúe sobre la vida social y la dirija. La universidad no cumple plenamente su función social formando profesionales, creando ciencia o transmitiendo cultura. Eso es mucho: pero no es todo. La universidad necesita contacto con la existencia pública, con la realidad histórica, con el presente, tiene que estar abierta a la plena actualidad, más aún, tiene que estar en medio de ella, sumergida en ella, porque la vida pública necesita urgentemente la intervención en ella de la universidad como tal. La sociedad quiere la acción de poderes o influencias superiores que guíen al espíritu público; las universidades no pueden desentenderse de semejante necesidad, que por el rango espiritual que tienen, están llamadas a satisfacer; no pueden desentenderse de la vida nacional”.

La revista Mástil, editada por el Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile, le permitió conocer e interactuar con integrantes de una generación política y artística que incluía al propio Máximo Pacheco, a Óscar Waiss, a Pablo de Rokha y a Manuel Rojas. Posteriormente, en su actividad académica, esas mismas aulas le permitirían conocer e interactuar con colegas parlamentarios y otros actores fundamentales de la vida política nacional.

Los pedagogos llaman currículum oculto a un conjunto de valores que el estudiante absorbe sin hacerlos explícitos. La mayor riqueza de la Universidad de Chile radica en su pluralismo y en su respeto por la diversidad. Pienso que es allí donde probablemente se genera el contenido más profundo y hermoso de su currículum oculto, algo que de un modo único vamos adquiriendo en el transcurrir de nuestra vida en sus aulas: una forma de amar a Chile.

Pienso que ese amor nuestro por Chile, con el que se ha de impregnar a lo largo de su vida estudiantil y docente, estuvo presente en la mirada de Patricio Aylwin cuando hablaba en alguna asamblea mundial en nombre del Estado chileno, o cuando sonreía a los niños de alguna Escuela Pública que lo saludaban agitando pequeñas banderas”.

Dr. Ennio Vivaldi Vejar