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Los peligros de la falla de San Ramón

Manuel Rojo |Martes 17 de mayo 2016 17:00 hrs.

Falla San Ramón

Es cierto que la histeria colectiva no sirve para llevar una vida tranquila, o pensar todo el tiempo en un posible terremoto localizado en plena precordillera tampoco es muy saludable, sin embargo conocer la verdad es un derecho elemental como ciudadanos y habitantes del Santiago cordillerano, y aportar de manera real al qué, cómo y cuándo se hace y se construye, en momentos en que todo el sistema de credibilidad creado por la omnipresencia de la academia y los poderes de turno se cae desbordadamente, es imperioso y necesario informarnos para generar una verdadera cultura de la prevención de desastres naturales

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No cuesta mucho imaginar casas destrozadas en Chile, calles abriéndose con el pánico desatado y una película recordándonos que también podemos consumir de nuestras propias catástrofes. Los terremotos y la constante sísmica de un país asumido como tal, y en eso hay un acuerdo casi mudo de todos los que habitamos esta movida franja de territorio, no parece espantar a nadie, aunque todos sabemos lo que podría ocurrir, lo saben las autoridades, lo saben los expertos, lo sabe el poder, todos saben que los demás saben, pero finalmente el desenlace nadie lo sabe.

Consultando a Google por el significado de una falla geológica, llamó mi atención la cantidad de fallas existentes en todo el territorio chileno, sin embargo una (más que otra) se encumbra como la más comentada entre todas: la falla de San Ramón. Ubicada en plena precordillera andina de Santiago, recorre linealmente desde Lo Barnechea hasta Pirque, como una especie de zanja insignificante, pero a metros de las caminatas del día sábado por el Parque Mahuida, a centímetros de los condominios del Peñón en Las Vizcachas o debajo de alguna linda piscina de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes.

San Ramón 1

Fig 1. Ubicación de la falla de San Ramón, gentileza Dr. Jaime Campos.

Jaime Campos, Geólogo y Doctor en Geofísica, durante el Foro: Santiago y la Precordillera, llevado a cabo en enero de 2016 en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, expone que las fallas geológicas activas producen la activación de la misma falla la cual a su vez genera una dislocación o ruptura de la corteza terrestre, liberando en pocos segundos energía acumulada por cientos de años, desencadenando terremotos locales con consecuencias catastróficas. Además aclara que las fallas no son plásticas o dúctiles como se tendería a pensar, mas bien es una deformación frágil o sencillamente sísmica, y agrega: “las fallas con actividad en los últimos 100.000 años son sísmica y geológicamente activas”.

Hace pocas semanas en Japón se registró un terremoto denominado de “falla”, el cual registró en la escala de Richter tan sólo 7 grados, sin embargo sus consecuencias fueron muy desastrosas, sorprendiendo el fenómeno en si, pero lo más inquietante es que ocurra en un país que tiene estándares muy rigurosos en términos de construcción y obras de todo tipo. Pese a las normas de construcción niponas, casas y edificios se vieron muy afectados y disminuyen el margen de error que existe en este tipo de sismos, pues su cercanía con la superficie es corta y eso podría amplificar un sismo de 6 o 7 grados y transformarlo en un cataclismo de proporciones desconocidas.

Consultando publicaciones de diferentes expertos académicos sobre las posibilidades de que la ciudad de Santiago, con más de 2 millones de habitantes que conviven en las cercanías de la misma falla, sufriera un terremoto provocado por esta razón, las respuestas son verdaderamente inquietantes. Para dar un ejemplo, el hecho de que los registros sísmicos para la zona en cuestión no estén completos y presenten vacíos de hasta siglos, entorpece peligrosamente las acciones y medidas que se puedan tomar para prevenir y/o al menos minimizar los impactos y consecuencias que un terremoto a menos de un kilometro de profundidad pueda desatar. Lo que tampoco ayuda es la evidencia geológica, ya que parte de los análisis necesarios para tomar decisiones son pobres, y sólo se incrementan en muestreos en los últimos 15 años, sobre todo después del 27F.

Pero hagamos un poco de memoria. Son dos los momentos en la historia registrada de la Región Metropolitana en que la falla de San Ramón ha hecho noticia, la primera se la debemos a los cronistas españoles del siglo XV, ya que estando en Santiago, mayo de 1647 para ser mas exactos, la ciudad quedó en el suelo luego que en 2 insignificantes minutos se cree que la falla de San Ramón liberó tanta energía que no quedó edificio parado. Fue tal la tragedia que las autoridades de la época llegaron a esbozar la posibilidad de cambiar la capital a Concepción. Más reciente, fue el terremoto de Las Melosas en el Cajón del Maipo el 4 de septiembre de 1958, con una magnitud de 6,7 a 6,9 el que dejó 4 muertos, 170 personas damnificadas y un apagón eléctrico descomunal que duró varios días y que afectó a la capital de Chile. Una seguidilla de mini sismos obligaron a las autoridades a evacuar personas, sin embargo pese a los esfuerzos, los daños fueron cuantiosos.

 

Fig 2. Corte esquemático del valle de Santiago y la cordillera de Los Andes, (Armijo et al., 2010; Perez et al., 2013).

Fig 2. Corte esquemático del valle de Santiago y la cordillera de Los Andes, (Armijo et al., 2010; Perez et al., 2013).

 

¿Entonces qué deberían saber las autoridades, que los grupos académicos ya saben de la falla?

El enfrentamiento de dos bloques terrestres en una falla no se da de manera equilibrada, por una lógica planetaria, la tendencia es que una de las dos sea densa y más pesada que la otra, lo que tenderá a dañar una más que la otra. Lo curioso es que el escenario de este enfrentamiento titánico es la zona en que viven dos millones de habitantes; la precordillera de Santiago. Nicolás Perez-Estay, Ingeniero Civil de la Pontificie Universidad Católica de Chile, realizó recientemente una publicación científica en que alerta los peligros a los que se exponen las construcciones asociadas a la falla de San Ramón y agrega: “La falla en algunos sectores presenta discontinuidades, por ejemplo en la zona de San Carlos de Apoquindo, como la zona de El Peñón en Las Vizcachas son zonas especialmente peligrosas, puesto que presentan acumulaciones de sedimento progresivas en los últimos miles de años y la falla en estas dos zonas se proyecta precisamente hacia el contrafuerte cordillerano, y ambas variables podrían amplificar un sismo considerable y transformarlo en un terremoto de proporciones insospechadas (caso similar es una zona de acumulación de agua como Maipú, la que se vio muy afectada en el último terremoto del 27F). Pensando que ambas zonas hoy en día están muy pobladas y se proyecta un crecimiento exponencial para los próximos 10 años”.

San Ramón 3

Fig. 3, (Vargas et al., 2014).

 

Durante los últimos 20 años los diferentes gobiernos del país han encargado estudios sobre los riesgos asociados a este fenómeno geológico, incluso algunos de ellos se han enmarcado en el famoso OTAS (Ordenamiento Territorial Ambientalmente Sustentable) el cual se inicia en 1996 y que tiene por objetivo apoyar la función de ordenamiento territorial que la Ley 19.175 otorga a los Gobiernos Regionales. Entiéndase que la idea de cualquier ordenamiento a nivel del territorio en el mundo es ser un instrumento de políticas públicas, destinado comúnmente a aterrizar la estrategia de un gobierno regional que tiene como misión garantizar el desarrollo social, cultural y económico de la región y asegurar el acceso equitativo, armónico y sustentable de los recursos y con eso equiparar las condiciones de vida de todos sus habitantes.

Son tres los informes emitidos por la consultora Territorio y Ciudad Consultores, en lo que se denominó Estudio “Riesgo y modificación Plano Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) Falla de San Ramón”, por parte del Gobierno Regional Metropolitano. En el informe aparecen reiterativamente palabras como: amenaza latente, medidas de mitigación, normativas acordes al fenómeno, educación y necesidad de una mirada transdisciplinaria, entre otras. Sin embargo, y pese a todo pronóstico, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, ente encargado de la regulación constructiva en Chile no incluyó medida alguna para este grave problema. La consultora Edáfica, por su parte, realizó el estudio: Riesgo potencial por amenazas derivadas de procesos naturales, en los principales asentamientos humanos de la Región Metropolitana de Santiago y para espanto de quien escribe, tampoco lo hace el Informe Final del OTAS, quien sólo se abocó a regular desde los ámbitos de riesgos naturales, específicamente en riesgos por inundación y de remoción en masa, de la falla nada.

San Ramón 4

Fig. 4, gentileza, Ing. Nicolás Perez-Estay.

En esta situación de amordazamiento informativo, de nula inclusión de riesgos humanos evidentes, ni la menor coherencia entre lo expuesto por la academia y lo que incluyen las sugerencias a las normativas actuales y vigentes sobre construcción y urbanización en el pie de monte basadas en estos estudios, el panorama para los gobiernos locales, específicamente municipalidades es realmente preocupante. Son estos últimos los más afectados por las consecuencias, pero lo peor no es un posible terremoto en la falla de San Ramón, sino el escrupuloso negocio inmobiliario que se da al alero de los trabajos previos a las modificaciones en los planes reguladores comunales, en el que claramente las consultas ciudadanas son ciegas a este tema y la presión inmobiliaria un tuerto llamado a ser rey.

A pesar de lo ocurrido, existen algunas luces de mejora. El Gobierno Regional Metropolitano, mediante su ente encargado el Ministerio de Vivienda y Urbanismo mandó realizar un cuarto estudio sobre los peligros asociados a la falla de San Ramón, y según cuentan tras bambalinas, los resultados ahora son lapidarios. Nos preguntamos entonces ¿dónde están los resultados del estudio, o quizás debamos solicitarlos por Ley de Transparencia a quién corresponda, pues creer que yacen como letra muerta en algún escritorio del gobierno es casi conspirativo no?

Los Planes Reguladores Comunales son la extensión articulada del flamante PRMS, y si este plan no incluye medidas de ningún tipo en relación a la amenaza, qué podemos esperar de los planes comunales. Por esto no es de extrañar que grandes proyectos se emplacen en enormes extensiones de bosque (el último y único bosque de Santiago) de la precordillera, sin embargo pasan desapercibidos por los reguladores y urbanistas (es lo que creemos) ya que son finamente fragmentados y presentados por presas de un gran monstruo que codicia y vende el anhelo de la casa propia lejos de la polución y el bullicio de la ciudad. No sorprende que familias de menos recursos que viven en la precordillera, al momento de pretender comprar una casa o adquirir un terreno, no puedan hacerlo por los elevados costos y se vean en la obligación de comprar una casita en el valle agrícola de las comunas periféricas, cumpliendo a cabalidad el origen del diagnóstico del OTAS que es disminuir de manera progresiva el acceso discriminatorio social y ambiental a la vivienda.

Es cierto que la histeria colectiva no sirve para llevar una vida tranquila, o pensar todo el tiempo en un posible terremoto localizado en plena precordillera tampoco es muy saludable, sin embargo conocer la verdad es un derecho elemental como ciudadanos y habitantes del Santiago cordillerano, y aportar de manera real al qué, cómo y cuándo se hace y se construye, en momentos en que todo el sistema de credibilidad creado por la omnipresencia de la academia y los poderes de turno se cae desbordadamente, es imperioso y necesario informarnos para generar una verdadera cultura de la prevención de desastres naturales, a partir de la educación en etapas primarias y por sobre todo, relevar la enorme cantidad de estudios que hablan y advierten de los peligros, pero que no tienen ecos en la política pública, tal como ocurriera en el borde costero de Concepción previo al terremoto del 27F y con eso evitar los lamentos majaderos de lo que ya que supuestamente se sabe, que los demás sabían, que supimos finalmente que saben, y que por mas que sepamos, debemos plasmar en una política de certezas preventivas y no de verdades ciegas.

 

MANUEL ROJO

MOVIMIENTO POR LA PRECORDILLERA SANTIAGO FALLA

COLECTIVO VIENTO SUR