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“Motel ciudad negra”: el lado B de Valparaíso

Novela ganadora del Premio Municipal de Santiago 2015, indaga en el anverso de la ciudad puerto, alejándose del lugar común de la postal patrimonial en un relato que indaga en los engranajes de una conciencia y una ciudad delirantes.

Felipe Reyes

  Lunes 6 de junio 2016 17:36 hrs. 
Gaete

En Imaginando la ciudad moderna, James Donald define la ciudad y sus contornos como un ambiente imaginado, una abstracción que designa un espacio “construido” y no como un territorio preexistente, inmóvil y permanente.

Y es esa ciudad “imaginada” la que construye Cristóbal Gaete (Valparaíso, 1983) en su novela breve Motel ciudad negra, Premio Municipal de Santiago 2015. Un espacio material que se va construyendo a través de la mirada de “el observador”, el personaje principal, quien relata su tránsito por espacios -físicos y emocionales- y su vínculo con personajes que van incorporándose en las escenas en un travelling constante.

Gaete se sacude el lugar común de la postal patrimonial para dar cuenta del anverso de la ciudad puerto, más cercano a Méndez Carraco que a los bonachones trazos de Lukas, en el que a través de la lectura presenciamos una ciudad que, al igual que la arquitectura de sus cerros, se compone de múltiples líneas y formas que se conectan entre sí y dialogan, en una narración de ritmo sostenido que conforma un bloque compacto, efectivo y bien pulido.

Motel ciudad negra logra sintetizar en apenas 48 páginas todo un mundo. Como una muñeca rusa en la que cada movimiento guarda una sorpresa, un giro inesperado de la trama. Así nos movemos por un plano continuo de habitaciones, calles y escaleras porteñas barnizadas por la orina tibia de hombres que se emborrachan hasta el amanecer (“Nos golpeamos por mujeres que nunca debiéramos haber compartido, hasta que nos sangran los nudillos, las mejillas. A veces tratamos de lanzarnos los unos a los otros a la quebrada, océano, o escalera que nos esperan bajo las ventanas. No soportamos el encierro, estar entre mar y cerros (…) No se puede salir de una ciudad si no es posible salir de una habitación”) y mujeres solitarias que acompañan a los inquilinos de ese motel derruido, acaso como la metáfora de la propia ciudad, como la Mona, quien “se encierra, bebe un vaso de vino detrás de otro, sola, llama por teléfono a deshoras escuchando boleros. Está olvidada porque quiere, mordió y traicionó a todos, buscó desesperadamente que la traicionaran, es un chaleco viejo abandonado en un closet húmedo”, junto a la conciencia de un hombre que siente sobre sus hombros el implacable paso del tiempo -la sombra de la vejez- en una catarata de recuerdos, observaciones y momentos en que se ve a sí mismo y a los otros personajes que desfilan por ese motel que ocupa un lugar en la añoranza de su juventud, y que es el cara y sello de un relato que se mueve en dos temporalidades: el pasado y presente de una derrota. Imágenes como alucinaciones, como un delírium trémens o el sopor perforador de la resaca, entonces, sobrevuela la hipótesis: quizá “el observador” jamás se movió de su pieza del motel, sino solo va encadenando momentos pasados, trazos difusos de la memoria en diferentes voces y situaciones que se superponen en un golpe de zoom vertiginoso, dando así una visión de detalle y totalidad de un cuadro lúgubre, como en las pinturas negras de Goya.

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De esta forma, con Motel ciudad negra, Cristóbal Gaete teje las hebras de una tragedia sin fin, de esa irrealidad de la ficción que no es lo fantástico ni lo inverosímil sino lo siempre posible en la realidad, confirmando con su tercera novela una propuesta más que necesaria para el centralista (y “ombliguista”) panorama actual de la narrativa chilena.

Motel ciudad negra
Cristóbal Gaete
Hebra editorial, 48 páginas.