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Juan Pablo Cárdenas S.

La voltereta de Ricardo Lagos

Juan Pablo Cárdenas S. | Viernes 29 de julio 2016 9:52 hrs.

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Resulta sorprendente comprobar el fluido acceso que tienen los expresidentes Ricardo Lagos y Sebastián Piñera a los más poderosos medios de comunicación. Cualquier cosa que digan o hagan  los cautiva e inmediatamente los induce a catapultarlos como aspirantes a La Moneda. La situación más insólita se ha producido recién, cuando Lagos ha salido a decir que estamos viviendo la peor crisis política e institucional, advertencia que hasta hace algún tiempo lo escandalizaba y lo llevaba a proclamar que vivíamos en un verdadero “estado de derecho” donde las “instituciones realmente funcionan”.

Somos muchos los que hace tiempo sostenemos la existencia de esta profunda crisis, pero basta que lo diga él para que, incluso sus adversarios, salgan a celebrarlo y hasta reconocerle condiciones de estadista, solamente por aseverar lo que ya es obvio en nuestro país. Pocos se dan cuenta, sin embargo,  que este giro en 180 grados de Ricardo Lagos está marcado por el más ramplón oportunismo; que lo que dice ahora no tiene más intención que sintonizar con lo que piensa hace tiempo la amplia mayoría del país. Aunque a lo dicho por él debamos atribuirse, esta vez, una condena tajante al actual gobierno de Michelle Bachelet.

Por algo es que estas declaraciones han caído tan mal en La  Moneda,  justamente cuando la Presidenta se encuentra otra vez en el extranjero. Ciertamente, no puede ser nada grato para los moradores de nuestro Palacio Presidencial que se les enrostre esta profunda crisis que, sin duda, sindica como responsables principales a quienes nos gobiernan o ejercen como legisladores y cancerberos de la Constitución y las leyes heredadas de la Dictadura. Las que en su hora, como jefes de estado, tanto Lagos como Piñera verdaderamente sacralizaron.

En una manifestación impresionante de las prácticas cupulares que caracterizan nuestra política, como de la avidez de tantos personajes por aferrarse al poder y a sus granjerías,  inmediatamente salieron algunos a proclamar a Lagos como el candidato Presidencial del oficialismo y, por consecuencia,  a Piñera como el de la Derecha. Hubo uno entusiasta político que incluso señaló que ya todo quedaba consumado después de esta voltereta laguista: el ex Presidente, dijo, ya tiene el apoyo del PPD y ahora recibe el de la Democracia Cristiana, por lo que ahora solo le quedaría imponerse a la presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende, para ser proclamado definitivamente por la Nueva Mayoría.

Fue tanto el entusiasmo que provocó esta sentencia de Lagos que muchos se olvidaron de la promesa de elecciones primarias, o de considerar la opinión de los otros partidos del oficialismo que, al menos en lo que toca a comunistas, la idea de que Lagos vuelva a La Moneda es visto con mucho desagrado por varios de sus máximos dirigentes. Ni siquiera los resultados de las últimas encuestas (en que Lagos aparece por debajo de la senadora Allende y de otros políticos)  fueron considerados por estos entusiastas aduladores que, sin duda, buscan ubicarse oportunamente al lado de Lagos por si le resultara proclamarse candidato o, después,  reelegirse.

Tampoco se ha tenido en cuenta en este delirio las potentes objeciones que se le han hecho en estos meses a su anterior gobierno. El de haber sido el autor de despenalizar con cárcel a los empresarios que se coluden para asaltar el bolsillo de los consumidores: El haberle puesto su rúbrica, solo con algunos mínimos retoques, a la Constitución de 1980. El  haber consentido con operaciones escandalosas y fraudulentas como las del Caso MOP Gate,  por el que ya terminaron condenados algunos de sus más cercanos colaboradores. Por el hecho de haber implementado el desastroso Transantiago y la pesadilla que todavía significa a millones de chilenos su diario y oneroso transporte. El haber dejado un país más desigual que antes, es decir, en que creciera la brecha entre el ingreso de ricos y pobres. Por serel autor del crédito con aval del Estado,  que significara un agravio inconmensurable a los padres y apoderados, como un lucrativo negocio para los bancos. El haber sido, también,  el primer presidente latinoamericano en aprobar un golpe de estado frustrado en Venezuela y otros despropósitos que no tendríamos espacio en  consignar aquí.

¡Realmente s increíble lo frágil que puede ser la memoria de algunos ávidos políticos y operadores, cuanto de algunos periodistas y medios de prensa! Sin embargo, es para alegrarse con esta saludable decantación de los hechos; que el país pueda comprobar que cuando Lagos habla no es que esté preocupado del interés nacional,  sino calculando la posibilidad de repetirse el plato presidencial. Como en la certeza de que a su edad todavía es posible volver a gobernar,  cuando en Perú, por ejemplo, acaba de asumir un mandatario todavía más añoso que él.

Me gusta que Lagos trasparente sus ganas de cruzarse nuevamente la banda presidencial, así sea ninguneando al gobierno de Michelle Bachelet,  a quien todavía le restarían dos años de ejercicio, aunque el mismo Lagos piense que con tal crisis institucional y política es difícil que nuestra convivencia no se quiebre antes de un año y medio…

¿Es que acaso Lagos está abogando también porque la actual Mandataria renuncie y le despeje el camino a La Moneda antes de lo previsto por la Constitución que nos rige? ¿Tanta es su ansiedad? Y ¿es tanta la falta de lealtad de los partidos y dirigentes de la Nueva Mayoría que estarían dispuestos a adelantar el proceso electoral y mediático de retorno a Lagos a La Moneda? Insólito, ¿no?  Aunque ya sabemos que no hay ya nada que pueda sorprendernos tanto en nuestro país.

Como tampoco puede ser tan extraño que desde la propia derecha se vea con simpatía este intento de Lagos por reposicionarse. Cómo quisieran los grandes empresarios y políticos de derecha que el escenario electoral de acotara a sus dos más dilectos expresidentes: al que hizo el mejor gobierno de la derecha (según señalara el ex senador socialista Carlos Altamirano) y al candidato empresario, cuya retahíla de escándalos hasta podría superar a los del propio Lagos. Cuando destacadas figuras de su gobierno están ahora formalizados por la justicia por delitos de cohecho, fraude fiscal y otros. Cuando él mismo se hiciera espacio en su carrera por convertirse en un multimillonario,  mediante sus propios atentados a la probidad y las impunidades que se agenció en los tribunales.

¡Qué bueno que todo decante y se evidencie! Tal vez con ello los autodenominados partidos y movimientos de izquierda se den cuenta que tienen una oportunidad histórica de construir una alternativa política que represente el inmenso malestar social que manifiestan los chilenos de todo el país. Una alternativa que realmente se proponga hacer justicia social, acometer la reforma del estado neoliberal, redistribuir el presupuesto nacional cuanto el ingreso de los trabajadores. Imponer equidad entre los pensionados,  asegurar realmente educación pública de calidad, frenar el desmedido gasto militar e imponer la probidad y decencia entre los gobernantes y legisladores. Para terminar, también, con los abusos de las isapres y la impunidad de los delincuentes de “cuello y corbata” tan protegidos por los gobiernos de Lagos y Piñera, como por la actual administración. Así como esclarecer definitivamente los crímenes de la Dictadura ocultados sistemáticamente por la posdictadura y abrir los archivos del horror sufrido por los torturados y presos políticos.

En la idea, además, de volver a hermanarnos con nuestros países vecinos. Recuperar las empresas privatizadas a precio vil por Pinochet y sus herederos en La Moneda. Ponerle término a ese terrible cerrojo impuesto por el descarado axioma de la subsidiariedad del Estado: un dislate consagrado constitucionalmente y que le prohíbe al Fisco intervenir en la economía, tener iniciativa en el emprendimiento y afanarse por recuperar  los derechos laborales y sindicales conculcados por la Dictadura y estos  26 años de fraudulento ejercicio ciudadano. Donde los que se abstienen de votar son amplia mayoría y, en realidad, carecemos de un sufragio universal  “libre e informado”. Menos, todavía, la diversidad informativa que debe manifestarse en las democracias serias.

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