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Premio José Donoso 2016: “Jamás mis libros van a ser un best seller”

Abril Becerra |Domingo 13 de noviembre 2016 17:13 hrs.

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El autor colombiano Pablo Montoya, que recibió el pasado miércoles el Premio Iberoamericano José Donoso 2016, conversó con Radio y Diario Universidad de Chile. En la ocasión, se refirió a su obra, el proceso de paz en Colombia y la victoria de Donald Trump en Estados Unidos.

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Para algunos, el trabajo del escritor colombiano Pablo Montoya ha sido secreto, subterráneo, incluso marginal.

Comenzó a escribir en París, luego de obtener el título de licenciado en Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Anterior a eso estudió música en la Escuela Superior de Tunja y tocó en distintas orquestas sinfónicas.

Su llegada a Europa fue compleja: no recibió apoyo económico de su familia ni del Estado, por ende, debió trabajar cuidando gatos y perros, limpiando letrinas, tocando su flauta en distintas estaciones del Metro de París.

Esto, hasta que poco a poco se transformó en un académico, crítico y laureado escritor.

En 2015 recibió el Premio Rómulo Gallegos, lo que lo llevó a declarar que no quería transformarse en “una vedette de la literatura”.

El pasado miércoles, en tanto, la Universidad de Talca lo condecoró con el Premio Iberoamericano José Donoso 2016, distinción que ha sido otorgada a escritores como José Emilio Pacheco (2001), Beatriz Sarlo (2002), Isabel Allende (2003), Antonio Cisneros (2004), Ricardo Piglia (2005), Antonio Lobo Antunes (2006), Miguel Barnet (2007), Javier Marías (2008), Jorge Volpi (2009), Diamela Eltit (2010), Sergio Ramírez (2011), Juan Villoro (2012), Pedro Lemebel (2013), Silviano Santiago (2014) y Rodrigo Rey Rosa (2015).

“Soy un escritor que hace mucho tiempo escribe y publica, pero mis libros no circulan como yo quisiera en el espacio iberoamericano, así que me siento muy agradecido con este premio que tiene a unos galardonados de mucho respecto”, comentó el autor en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile.

En distintos artículos te has caracterizado como un escritor que fue silenciado, incluso que pertenece a una generación secreta que está desligada de la industria literaria y de las modas. ¿Qué tan verdadero es eso?

Yo desde muy joven he estado alejado de los centros del poder cultural literario colombiano, porque he vivido en ciudades pequeñas y Colombia, literariamente, es un país muy centralista. Hay que vivir en Bogotá para pretender una cierta figuración y yo desde que comencé a escribir siempre estuve afuera de esos circuitos. Durante mucho tiempo me fui a París y, evidentemente, ser un escritor colombiano en París es importante  desde el punto de vista de la experiencia que uno tiene allá, pero estuve súper alejado de la aparición literaria en Colombia. Mis libros, entonces, comenzaron a aparecer en pequeñas editoriales, editoriales universitarias y alternativas, y ese es un elemento que explica por qué  mi obra no fue visible. Ahora en Colombia las corrientes literarias que se han establecido en el poder comercial instauran temas sobre violencia, realismo mágico, realismo sucio, urbano, narcotráfico y mis libros están orientados a otro lugar. Yo trabajo más bien la relación de la literatura con las artes, la música, la fotografía. Además, me interesa mucho indagar en la historia. Entonces, mis libros no están subscritos al mundo comercial colombiano.

Tu trabajo está fuertemente ligado con la novela histórica, ¿por qué habitar ese espacio?

La novela histórica en realidad es un subgénero literario que ha estado originando un movimiento muy interesante entre el autor, los lectores, el mundo editorial, los académicos y los investigadores de literatura. En el caso mío, digamos que las novelas y los cuentos con tema histórico que yo escrito tienen que ver con inquietudes que yo he tenido. A mí no me interesa hacer una arqueología del pasado para decirle al lector: “Mire, esto es lo que sucedió”. A mí lo que me interesa es reinventar ese pasado en la medida de que él nos sirve para vincular ciertas inquietudes. El asunto del exilio, por ejemplo.  Me interesa el pasado porque es muy extenso y el presente es muy fugitivo y el futuro es casi impredecible. Me gusta leer novelas que no son en rigor novelas históricas, pero que se basan en esta búsqueda.

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¿Cómo fue el paso de la música a la literatura?

Yo estudié música en Colombia, fui músico de orquestas sinfónicas durante muchos años. Cuando llegué a París, fue un paso muy difícil, porque me fui sin beca ni apoyo económico, digamos estatal o familiar, y me tocó meterme a tocar en el Metro. Ahí estuve casi un año y medio tocando en los vagones, ilegalmente claro. Allí hice de todo, cuide perros, gatos, limpié letrinas. Fue una llegada muy difícil e hice todos los tipos de trabajos que hace un inmigrante. Pero nunca abandoné mis estudios y siempre estuve escribiendo y publicando. En esa instancia en París fue que empecé a publicar mis primeros cuentos y poco a poco fui metiéndome en el ámbito propiamente literario.

¿Qué opinas de los best seller?

Yo soy muy distante de ellos, muy crítico de ellos. Jamás me propuse escribir un best seller, jamás mis libros van a ser un best seller. Yo sé que hay literatura que se convierte en best seller, por ejemplo, Cien años de Soledad de García Márquez o  el Doctor Zhivago de Boris Pasternak. Estas son novelas que son extraordinarios, que son escritos de una forma precisa, poética, magnífica y se convierten en diferentes razones en best seller, pero respecto de los libros que nacen como best sellers escritos por la industria cultural. No, ahí yo soy muy crítico, muy distante y no me ha interesado ni siquiera leerlos.

¿Crees que la literatura latinoamericana está dando un vuelco hacia su historia más dolorosa, ligada a los DD.HH. y a la memoria?

En Colombia paulatinamente se está presentando esa necesidad en la literatura. Algo está pasando con los demás países de América Latina, porque vive un ambiente muy confuso, donde hay un desequilibrio social permanente, en especial en países como Venezuela, Colombia, México, Argentina. En el caso colombiano, como hemos pasado por un periodo tan brumoso, tan sombrío, la literatura debe dar cuenta de esos lineamientos, el escritor debe sumergirse en las zonas más oscuras y tenebrosas de la maldad humana o de la descomposición social. Eso si creo que hay que hacer una obra literaria con altos valores estéticos, porque no se trata de denunciar simplemente, de escribir algo para que sea vendido. Estoy hablando de que el escritor debe sumergirse en estas circunstancias y hacer una obra lo más digna estéticamente hablando.

Cuando recibiste el Premio José Donoso te referiste al triunfo de Donald Trump como una de la “grandes derrotas  de la sensatez humana”. En tu opinión, ¿por qué se explica esta “falta de juicio” de los votantes?

Este es el triunfo irrisorio de la derecha payasa que caracteriza a ese país. No sé lo que va a pasar. Yo soy un poco apocalíptico y catastrófico cuando miro esos horizontes que se están dando en el mundo. Yo creo que se va a instalar una especie de autoritarismo entre los Estados más poderosos del mundo. Creo que él va a comenzar un nuevo ciclón donde van a aparecer los representantes de la extrema derecha. Sólo esperemos que el horizonte no sea demasiado oscuro.

¿Cómo se explica que Colombia haya rechazado el plebiscito para instaurar la paz con las FARC?

El panorama es un tanto complejo, porque en Colombia siempre ha existido una población votante muy apática. Es un 64 por ciento que no le interesa votar, que no sabe, no conoce, no tiene conciencia de lo que significa el voto en la democracia. El primer factor en el plebiscito es la abstención. El segundo es que las FARC ha sido una guerrilla a la que no se le cree, ellos tienen una muy mala imagen en la sociedad colombiana. Y también porque la gente del “No” logró convencer a través de manipulación a la poca población que se inclinaba por el “Si”. La situación es muy compleja pero esos fueron los factores que determinaron el rumbo del plebiscito.

¿Algún escritor chileno que te interese en especial?

A mi me gusta mucho la poesía chilena. Soy un lector de poesías chilena desde Huidobro hasta Zurita. Lo que más me encanta de este país es su gran avance de poetas. He sido lector de Neruda, Parra, Mistral y entre los narradores me gustan mucho José Donoso y Roberto Bolaño.