Diario y Radio Uchile

Escritorio
Análisis semanal

Un tibio cambio de gabinete y esas inversiones “poco patrióticas” de Piñera

Víctor Herrero |Lunes 21 de noviembre 2016 7:14 hrs.

mb

Daniel Kahneman, el psicólogo que en 2002 ganó el Premio Nobel de Economía, acuñó el concepto de “la falsa ilusión del éxito”. Se trata del síndrome que tiene atrapada a nuestra elite política en su botella de cristal.

Claves: , , ,

En los últimos días ocurrieron dos hechos que, en tiempos normales, hubieran provocado cierto impacto en la política nacional: un cambio de gabinete y la revelación de inversiones poco “patrióticas” de un ex Presidente y actual candidato presidencial.

Sin embargo, estos no son tiempo normales. Y así, ambos eventos produjeron un cierto revuelo en la elite política y medial que ha dominado el país en el último cuarto de siglo, pero que para muchos ciudadanos sólo viene a confirmar el grado de desgaste de la dirigencia criolla.

Vamos por partes, primero con el cambio de ministros. Tanto la oposición derechista como gran parte del oficialismo se quejaron de que el cambio ministerial que efectuó la Presidenta Michelle Bachelet a fines de la semana pasada había sido insuficiente. Ambos conglomerados esperaban ver correr más sangre; es decir, esperaban la caída de algún miembro de peso del comité político de La Moneda. ¿Por qué? Para corregir el rumbo político del palacio presidencial, aunque cada cual tenga una visión muy distinta acerca de qué significa precisamente enmendar el camino.

Así, la “alta” política chilena se ha convertido en una suerte de espectáculo al estilo del Circus Maximus de la antigua Roma. Los senadores partidarios de los patricios o de los plebeyos unidos en un coro pidiendo más sangre, mientras que el emperador debe decidir, con su pulgar, si el gladiador abajo en la arena vive o muere. En este caso, claro, el emperador es la Presidenta Bachelet y los gladiadores sus ministros políticos.

Pero nuestros “senadores romanos” quedaron decepcionados al no ver rodar las cabezas de un ministro Fernández o Eyzaguirre. Pero, en realidad, se hiperventilaron con el espectáculo. ¿Por qué Bachelet les daría el gusto de seguir sus recomendaciones si en los últimos meses han complotado –cuán Senado romano- en contra La Moneda? Para un gobierno desgastado y del cual huye la mayoría de sus partidarios, la decisión de la mandataria fue la correcta: quedarse con aquellos asesores en los cuales pueda confiar hasta el final.

Sin embargo, detrás de esta decisión de la Presidenta también se esconde algo de lo que Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2002, ha llamado “atajo heurístico”. En esencia, lo que afirma este experto –que, por cierto, no es economista sino psicólogo– es que las personas no siempre toman decisiones racionales en base a los costos y beneficios, sino que existen factores emocionales que generan resultados contrarios a los que “racionalmente” uno podría prever. Por ejemplo, muchas personas están más preocupadas por no perder un millón de pesos que por ganar un millón de pesos. Y ese fue el atajo heurístico usado –conscientemente o no– por la Presidenta Bachelet.

Lo mismo aplica al caso de Sebastián Piñera y las inversiones que su firma matriz, Bancard, realizó cuando ejercía como Presidente de la República. Aunque cuando se instaló en La Moneda en marzo de 2010 delegó gran parte de sus inversiones en un fideicomiso ciego –es decir, que su inmensa fortuna sería gestionada por un grupo de expertos externos sin que él tuviera conocimiento de las futuras inversiones–, el equipo de investigación de la Radio Bío Bío liderado por el periodista Sergio Jara reveló que en pleno pleito con Perú en La Haya, estos gestores “ciegos” invirtieron en una gran pesquera peruana que, eventualmente, se benefició del fallo a favor de ese país. Por cierto, entre esos gestores ajenos que manejaban su fortuna estaba un hijo del propio Piñera.

La reacción de la derecha no se hizo esperar y en unísono denunciaron que había una campaña sucia en contra del ex Presidente. ¿Quiénes están detrás de ello? Sus adversarios políticos –léase la Nueva Mayoría y el correligionario de derecha Manuel José Ossandón- y los medios de comunicación que quieren bajarlo de su pedestal en las encuestas que auguran que volverá a ser Jefe de Estado. Sin embargo, la prensa más poderosa y tradicional del país, como El Mercurio y La Tercera, se cuadró con Piñera, tratando de menoscabar las acusaciones en contra del candidato derechista.

Rasgando vestiduras, este sector acusa que Piñera es víctima de una persecución injusta. Si ello fuese cierto, este político y financista multimillonario que figura entre las personas más ricas del planeta en el ranking de la revista Forbes, es un perseguido político desde la época de la dictadura. Después de todo, ya en febrero de 1986 la Superintendencia de Valores y Seguros lo multó con lo que, hasta ese momento, era la mayor multa en la historia financiera del país. El entonces superintendente Richard Büchi, hermano del ex ministro Hernán Büchi, le propinó ese año una sanción de 4.000 UF por seis prácticas reñidas con las leyes del mercado cuando Piñera era el mandamás de Citicorp. Estos, y muchos otros antecedentes turbios de Piñera, los revela el periodista Carlos Tromben en su reciente libro “Crónica Secreta de la Economía Chilena”.

Después Piñera se vio enfrentado a acusaciones de uso de información privilegiada cuando era uno de los accionistas mayoritarios de la aerolínea LAN Chile y a sospechas de soborno con la misma empresa para abrirse paso en el mercado argentino. Cuan John Gotti, el jefe de una de las familias de la mafia de Nueva York al cual en los años 80 apodaban “Don Teflón”, porque siempre lograba escaparse de las autoridades judiciales, Piñera ha logrado zafarse con multas millonarias, pero ha podido evadir responsabilidades mayores.

Incluso basta un simple vistazo a su reciente “gobierno de excelencia” para darse cuenta que el poder del dinero en la democracia chilena, en especial bajo su mandato, se constituyó en el bien superior.

Su ex ministro estrella Laurence Golborne está formalizado por la fiscalía en el marco del caso Penta. Su ex ministro de Economía, Pablo Longueira, lo está por el caso Soquimich, y ahora se está investigando su papel en la fraudulenta Ley de Pesca. Su ex subsecretario de Minería, Pablo Wagner, fue formalizado por cohecho y lavado de activos (el Grupo Penta le pagaba remuneraciones mensuales mientras ejercía su cargo público). Ena von Baer, quien fue ministra Secretaría General de Gobierno de Piñera, está involucrada en el financiamiento ilegal del caso Penta. Gabriel Ruiz-Tagle, ex mandamás de Deportes, está implicado en la colusión del papel confort junto al Grupo Matte. Por nombrar a algunos.

Pero, en términos sicológicos, ¿cuál es el parentesco de Piñera con Bachelet? En la jerga de la psicología se llama “errores de atribución”. Es decir, se trata de personas que se adjudican los créditos por resultados positivos, pero que atribuyen resultados negativos a factores externos.

En chileno: Yo, Sebastián, durante mi gobierno hice crecer la economía (no importa mucho que el país estaba en medio de un súper ciclo de altos precios del cobre, la razón del auge soy yo), y ahora que Chile crece poco es porque no estoy yo. A la inversa: Yo, Michelle, tengo un programa que hará avanzar al país, pero si el país no avanza es por culpa de la derecha y los adversarios en mi propia coalición.

Daniel Kahneman es más concreto y tilda a este fenómeno psicológico como “la falsa ilusión del éxito”. Y ese es el síndrome que tiene atrapada a nuestra elite en su actual bola de cristal.