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André Jouffé

Fidel Castro: El prócer imprevisible

André Jouffé | Miércoles 30 de noviembre 2016 13:26 hrs.

Nadie puede negar que el impacto extraordinario de Fidel, ocurre cuando anuncia su retiro. ¿Cuántas lenguas se mordieron? ¿Cuántos perdieron el habla? Luego, hasta clones le inventaron…

Las tres oportunidades en las que pude “tocar” a Fidel Castro, fue en el transcurso de 18 años.

Cuando visitó Chile, durante la visita a la excavación de Chuquicamata,  como reportero de 2 4 años pude seguirlo, mientras mis colegas más veteranos  jadeaban de lo lindo observaban de lejos. En un momento dado, se detuvo y mentiría enormemente si luego de que el cubano estrechara la mano a los heroicos acompañantes,  recordara lo que dijo. Un blanco absoluto. Lo anecdótico  es que nos felicito por el ejercicio a esa altura.

Como estaba a cargo de Ernesto Guevara Lynch, cuya visita coincidía con la de Castro, más me tuve que preocupar del padre del Che que de Fidel. Como escribí en ésta columna, don Ernesto deseaba entrevistarse a solas con el líder cubano para saber de su boca, la verdad sobre la muerte de su hijo.

Años más tarde, durante el Congreso de Intelectuales en La Habana, al recibirnos el  palacio de la Revolución, y asumo que también lo escribí en una antigua columna en este sitio, al saludarnos,  preguntó por el director de Análisis, Juan Pablo Cárdenas encarcelado en esos días por luchar por la libertad  de expresión en su patria y la pronta salida del dictador.

Años después, en el cambio de mando de Carlos Andrés Pérez en Venezuela pude preguntarle por el reloj que le obsequiara Gina Lollobrigida, cuando la actriz deja el cine por la fotografía. En esta reunión más bien pequeña, paradojalmente en el Hotel Hilton, de la cadena yanqui, le pedí que  explicara como llevaba el tema de la educación sexual en las escuelas de Cuba.

La estrategia de Fidel era explayarse largamente sobre cualquier asunto para evitar preguntas en sus conferencias de prensa.

Esta es la parte mínima y personal, que parte cuando llega a Pudahuel en 1971 y alrededor del mundo político, miles de mujeres que gritaban como calcetineras ante un ídolo. Fue una locura de la cual poco se ha escrito, pero si hubiese sido un jeque, podría habérselas llevado a todas a la tienda.

Pensaba parar por alto este acontecimiento de la muerte de Fidel Castro y guardármelo, pero al tenor de ciertas reacciones me dio un vuelco la razón o sinrazón. Piñera aplaude su deceso como si antes de Fidel Cuba, Cuba hubiese sido el paraíso de las libertades y del bienestar.  Por algo triunfó la revolución. ¿Dijo algo similar el precandidato presidencial al fallecer Pinochet?

Gracias a la  Cuba de Fidel, Estados Unidos y sus sicarios o títeres continentales, pudieron magnificar un enemigo que vendía como imbatible, en circunstancias que la isla le sirvió al gigante de argumento para asumir muchas medidas absurdas, al extremo a llegar a aterrorizar a su propia gente de una posible invasión desde las costas frente a Miami. De paso, con sus embargos descarados, privar a ciudadanos inocentes de elementos básicos de subsistencia.

Nadie puede negar que hubo un  mundo antes y otro después de Fidel, así también con el Che, pero visto como un fenómeno de impacto cognitivo transversal.

Cuando arrestan a Pinochet, Fidel acota con mucha sabiduría: judicialmente acertado, moralmente de acuerdo, políticamente, dudoso. Castro aludía a la situación complicada que se enfrentaría el gobierno de Chile con sus FF.AA. con la situación del viejo dictador en Londres.

El proceso cubano no fue ni es perfecto, ningún  proceso lo es, pero emana desde una islita caribeña y se esparce por todo el mundo, influye en determinaciones, en actitudes políticas y erige a Fidel como uno de los grandes próceres mundiales. ¿Y cuál de ellos, no ha dejado heridos en el camino?  Bolívar no cargaba con prisioneros heridos.

El gesto más impresionante de Fidel fue llevarle la contra a todo el planeta. Murió en su cama, no en el palacio de gobierno. Su renuncia dejo boquiabiertos incluso a sus partidarios. Fue un acto magistral impensado, que nos dejo gratamente sorprendidos pues dicho en buen chileno, constituyó una feroz tapa al imperialismo.