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Manuel García: “Estoy decepcionado de los procesos sociales chilenos”

En extensa conversación con Radio Universidad de Chile, el cantautor habla de su nuevo disco "Harmony Lane", del desconocimiento sobre la obra de Violeta Parra y de su desencanto con la situación política chilena: "Fue un momento histórico desaprovechado", dice.

Rodrigo Alarcón

  Sábado 7 de enero 2017 13:31 hrs. 
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Harmony lane, el disco que Manuel García publicó en noviembre pasado, fue de maduración lenta. Para entender su origen, hay que retroceder hasta los conciertos que el cantautor hizo en el Teatro Caupolicán bajo el título “Guitarras diamante”. Es decir, hasta mediados de 2013, más de tres años antes de que se editaran estas 14 nuevas canciones.

“Ya estaba en mí el bichito de querer entender la guitarra chilena”, dice a bordo de un automóvil, recién terminado el ensayo general para la presentación que hará este sábado en la Cumbre del Rock Chileno, donde lo acompañará el guitarrista estadounidense Craig Thatcher. “Y cuando uno trata de entender la guitarra chilena es natural remitirse a raíces campesinas, pero también a todo lo que la urbe ha ido configurando históricamente. Eso me llevó a buscar qué cosas se habían trenzado entre nuestras propias raíces y las influencias extranjeras”, explica.

En esa indagación, el encuentro con Craig Thatcher terminó siendo crucial. El avezado guitarrista no solo fue el productor de Harmony Lane, sino que las sesiones de grabación se hicieron en su estudio en las cercanías de Bethlehem, Pennsylvania, con una banda conformada en el hemisferio norte: el tecladista Cliff Starkey, la corista Jo Lawrry, el baterista Don Plowman y el percusionista Héctor Rosado. El resultado fue un disco que pasa del bolero al country, de Violeta Parra a Kurt Cobain y que fue hecho, literalmente, a medio camino entre el castellano y el español.

La de este sábado será la primera presentación a gran escala de Harmony lane, aunque el lanzamiento oficial está reservado para mayo. El 26, 27 y 28 de mayo de ese mes, Manuel García volverá al Caupolicán para mostrar el resultado una “larga investigación”, según sus palabras.

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“Uno va atrás, al campo chileno, a lo latinoamericano, pero también al blues, al jazz antiguo de Nueva Orleans, a los cantantes de épocas remotas, antes de que la industria norteamericana sacara a la luz a figuras como Robert Johnson. Así, te daa cuenta de que lo que hizo importantes a esas músicas, incluyendo la parte más visible, que es el rock e incluso el pop, fue precisamente que se iban trenzando muchos caminos distintos”.

El disco es un cruce de música chilena y estadounidense, pero también hay otro elemento muy presente que es la música mexicana. ¿Por qué?

Porque es un país que está entre ambas culturas, es importante para Chile y para Estados Unidos, con todas las contrariedades que existen ahora, a partir de la política de Donald Trump. Ahí hay una cosa muy interesante que es el amor que existe en Chile, especialmente en el campo, por la música mexicana, sobre todo por la ranchera. Eso se conecta bien con lo folk norteamericano, si pensamos en Johnny Cash, en (Bob) Dylan o, tal vez más directamente, en Jim Croce. Se repiten las ideas del caballo, el acordeón, la guitarra con ese tuntuneo, el sombrero del hombre del campo. Los arquetipos se funden.

Cuando estaba pensando este disco me pasó una cosa bien bonita, que me dio seguridad para hacerlo. En la feria que se pone los sábados en avenida Grecia, en Peñalolén, vi a la rápida unos discos piratas, una tele con unos rancheros y algo de Elvis Presley, entonces me devolví a mirar. Estaban los charros no sé cuánto, Los Llaneros de la Frontera, Los Tigres del Norte; estaba El Bueno, el Malo y el Feo y música de Ennio Morricone; y asociado a eso, por supuesto, unos discos donde Elvis posa con el sombrero, tipo campesino. Eso es otra cosa, es Nashville, pero también es rodeo, caballos, guitarras, fiestas populares. Yo no sabía qué tanto sustento tenía lo que estaba haciendo, pero eso me dio la percepción del sustento popular, donde sí conectan estas visiones. Lo que importa es darle una nueva lectura.

Lo que también une a esas tradiciones es que son músicas que nacen en el campo, aunque luego se transformen en la ciudad.

Eso es súper importante. A mí me impresionó mucho cuando B.B. King habla en su documental (B.B. King: The Life of Riley, de 2012) y lo que cuenta es exactamente lo que le pasaba a Víctor Jara. Tenía que  trabajar con su papá, se pasó su vida como una persona pobre y luego descubrió la guitarra como algo donde dejar sus experiencias. Ese blues de B.B. King, esa tristeza, esa experiencia de niño pobre del campo, es lo mismo que vive Víctor Jara acá en Lonquén. Sería impresionante ver los primeros minutos de ese documental con “El arado” de Víctor Jara de fondo, porque son historias que se cruzan. Sí está vinculada la Violeta Parra a Robert Johnson, absolutamente. Eso lo vio claramente el Álvaro Henríquez hace años, cuando Los Tres tomaron elementos que tenían que ver con lo norteamericano y sumaron las energías del campo chileno. Por algo ahí aparece Roberto Parra como una especie de maestro. El Unplugged de Los Tres en MTV es importante para la música chilena por eso, porque quizás es la primera vez en que se tocan cuecas chilenas vinculadas a una escena más rock, a través de una banda en formato acústico. Eso tiene los mismos elementos de los que estamos hablando.

En este disco trabajas con Craig Thatcher, tal como en el disco anterior con Ángel Parra. ¿Qué es lo que buscas con esas colaboraciones?

Es igual como cuando uno conversa. Si me haces buenas preguntas, te respondo con interés, sucede un diálogo. Con la guitarra es lo mismo. Los buenos guitarristas son buenos conversadores: dialogan con tu trabajo, te aportan conocimiento, cosas que para uno son un misterio y uno no domina desde el instrumento. Mi trabajo es escribir, cantar y tocar, entonces siempre hay limitaciones. En este caso, el interés es incorporar cosas nuevas, investigar y aprender, porque yo soy inquieto y me cuesta trabajar sobre habilidades ya adquiridas. Cuando no puedes hacerlo tú, las incorporas de otra persona que sabe más, juntas esos mundos.

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Junto a Craig Thatcher.

Hace años que has tenido una relación con la obra de Violeta Parra. ¿Por qué incluiste ahora y no antes una canción dedicada a ella, “De nombre Violeta”?

Por el centenario de su nacimiento, porque la Isabel Parra me encargó la canción y le gustó. Coincidió también que el disco lo grabamos en agosto de 2015 en Estados Unidos y el año pasado volvimos, así que aprovechamos de grabar un par de temas más y encontramos ese tema, que estaba perfecto para el disco. Estamos terminando de grabar otra versión con Tita y Milena Parra, que queremos mostrar como algo que ojalá represente los cien años de Violeta Parra para Chile. La del disco es una versión elegante con piano que decidí hacer con Cliff (Starkey) porque es un súper pianista. Cuando vi cómo tocaba pensé que lo estábamos desaprovechando un poco en el disco, que tenía que estar más presente.

¿Qué te parece cómo se recuerda a Violeta Parra? Cuando las figuras se institucionalizan, muchas veces pierden su sentido crítico, como ha ocurrido con Gabriela Mistral.

Es que hay muchas tareas pendientes con estos genios, estamos atrasados. En la calle, la gente no va a pensar directamente en ellas como alguien pensaría en Van Gogh en Holanda, por ejemplo. No es la palabra que se nos viene a la cabeza. La gente piensa en Violeta Parra como en una campesina esforzada, que escribió “Gracias a la vida” y que después se mató. Es un cuento muy corto. No alcanzamos a asimilar todo lo que es Violeta Parra, entonces a la hora del homenaje estamos atrasados. Es como alguien que trata de hacer un discurso enterándose de la vida de otra persona en cinco minutos. No quiero pasarle una cuenta tan fea a Chile, pero hay ignorancia respecto de la obra de Violeta Parra y eso hace que los homenajes sean como impostados. Confío que de esta situación, de lo crítico incluso que se puede ser de los actos institucionales, surja una visión un poco más profunda de lo que es Violeta Parra.

Antes de que saliera este disco grabaste una canción y te involucraste abiertamente en el proceso constituyente. Ese era uno de los compromisos del Gobierno, pero ha quedado relegado en la contingencia. ¿Sigues creyendo en ese proceso como lo hiciste entonces?

Creo que fue un momento histórico desaprovechado por el pueblo de Chile. Tampoco hubo suficiente información, porque el Gobierno no tuvo capacidad para sumar a los medios de comunicación en torno al tema. Hubo una campaña por televisión que no se hizo y no se informó a la gente sobre algo tan importante. También hubo una especie de paternalismo en que alguien dijo que la política la hacían los políticos y la gente no estaba capacitada para entender una Constitución como para corregirla. La cuenta que yo saco es una especie de decepción del proceso chileno, estoy decepcionado de los procesos sociales chilenos, hacia dónde hemos ido como pueblo. Creo que otra vez entramos en un status quo muy complejo, donde no estamos discutiendo lo relevante.

Sí me siento orgulloso de haber participado, porque en ningún momento eso es sinónimo de tener la razón. Cuando sea viejo voy a poder hablar de política en la mesa, voy a contarles a mis nietos que estuve en todo este jaleo que se dio con el tema de si habían pagado mucho o poco por la canción. Eso va a quedar dentro de las anécdotas y la parte más seria va a quedar como un orgullo, de haberme hecho cargo de la responsabilidad ciudadana de opinar y dar la cara. Cuando fui a grabar, lo que escuchaba era no te metas en eso, cómo se te ocurre, te vas a quemar, estas cuestiones  siempre terminan en problemas. En fin, mucha gente tenía razón, pero a pesar de eso, la cuenta es de orgullo.

¿Con quién estás decepcionado?

No te podría decir que estoy decepcionado ni del Gobierno ni de la gente, creo que es una suma. Y cuando digo la gente me incluyo. Estoy decepcionado de la situación, porque en la historia hay oportunidades de tomar ciertos senderos que después pasan. La gente más consciente del mundo ahora está pensando en Alepo, en la inmigración, en la tensión con Donald Trump, en el calentamiento global, las preocupaciones son otras. Uno veía la educación gratuita, la posibilidad de una Constitución, de una democracia con más seguridad, de una mejor economía, como algo que se podía concretar de una manera más temprana. Ahora, otra vez, vamos a poner lo que tiene que suceder en manos de nuevas generaciones y de décadas. Ojalá me equivoque y el proceso se apure por algún lado, pero hoy no lo veo.

Foto: Facebook.