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Año IX, 18 de diciembre de 2017

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Enrique Villanueva

Macroincendio: Ambición política y guerra psicológica

Enrique Villanueva | Lunes 30 de enero 2017 7:22 hrs.

La ambición no tiene límites para políticos, partidos y coaliciones de derecha, quienes, insensibilizados por la obsesión de reposicionar a Piñera y presentarse como alternativa en la proximidad de las elecciones, no miden sus discursos y acciones. En su mezquindad obtusa, el único objetivo es hacer el mayor daño posible al Gobierno, para lo cual y sin ningún pudor, han divulgado información falsa destinada a crear un clima de inseguridad e indignación, sacando partido de una catástrofe que, por su magnitud, bien saben sobrepasaría la capacidad material y de experiencias de cualquier gobierno.

En todo caso ya sabemos que la derecha en Chile, siempre ha logrado instalar sus falsas verdades y hacerse del poder a través de la propaganda y el engaño, utilizando la guerra sicológica. La historia está allí para quienes quieran leerla, aunque la derecha intente hacerse a un lado del tema, fueron ellos quienes diseñaron y aplicaron las estrategias para derrocar al gobierno de Salvador Allende; la presión política, la extorsión económica, el asesinato de un comandante en jefe del ejército[i], el manejo de la (des) información y la propaganda, así como la supuesta intervención militar del comunismo en Chile.

Hoy reeditan estas maniobras, con operativos comunicacionales desplegados, por un lado, por el equipo político de Piñera y por otro, las declaraciones individuales del ex comandante en jefe de la armada, Edmundo González, el mismo que para el devastador terremoto de 2010 se quedó dormido en su casa, quien afirmó que los incendios se deben al “terrorismo reivindicatorio de activistas mapuche”. La vocera de Chile Vamos, Alejandra Bravo, que en su Twitter dejó entrever que los incendios podrían ser consecuencia de que el Senado haya aprobado en general la despenalización del aborto por tres causales. El candidato Kast, auto proclamándose y el diputado Edward quien pagó por una inserción publicitaria para criticar el rol del gobierno en medio de la tragedia provocada por los incendios forestales, entre otros.

Pero más allá de estas pequeñeces, lo que se requiere hoy es analizar las cosas para encontrar las causas de los problemas y no evadir la realidad que vivimos. La experiencia nos dice que ningún fenómeno surge sin causa, “de por sí”, porque todo fenómeno tiene su origen concreto.

Por lo tanto y más allá de la posible intervención desquiciada de pirómanos o de algún otro interés grupal o individual, aquí aparecen también, incapacidades materiales, legales y organizativas, para prevenir y enfrentar con rapidez y eficacia estos macro incendios que tienen como causa principal el cambio climático.

Lo grueso del asunto es que tal como lo señalan estudios recientes, Australia, Chile, Argentina, Brasil, Sudáfrica, la costa oeste de los EE.UU. e Israel, son países que recibirán fuertemente los impactos del cambio climático con incendios a gran escala. Se sabe, además, que para el período 2011 y 2030, se proyectaron alzas de temperatura que fluctúan entre los 0,5°C para la zona sur y 1,5°C para el norte grande y el altiplano. En cuanto a precipitaciones, se espera una disminución de lluvias de entre un 5% y un 15% entre la cuenca del río Copiapó y la cuenca del río Aysén (hasta el 2030), señal de disminución que es más crítica entre la cuenca del río Biobío y el límite sur de la Región de Los Lagos.

Para enfrentar esta realidad compleja, no bastan medidas reactivas, como la de lanzar a las FFAA a la calle y declarar el estado de sitio, tal cual lo pedía la derecha encolerizada. Por el contrario, lo que hoy necesitamos iniciar, es una gran concientización sobre la prevención de incendios, en el ámbito de la educación y la formación ciudadana, generalizando las actividades de detección temprana dominando la cartografía de riesgos, aprendiendo a identificar los peligros, a crear redes con carácter preventivo  y para el intercambio y coordinación de recursos, en la prevención y en la intervención en los incendios e incendios forestales, además en la rehabilitación de daños y la investigación.

La pregunta es cuánto de todo esto podemos conseguir bajo el esquema del Estado subsidiario, subordinado a los intereses de un modelo de economía que se construyó sobre la desigualdad social, amparado en una constitución diseñada para proteger al capital y al círculo económico que se apodero del país hace 43 años.

Bajo este modelo, de la sexta región al sur existen, más menos, tres millones de hectáreas de pino (radiata y eucaliptus), plantaciones realizadas bajo el modelo de lograr una alta rentabilidad del capital a corto plazo, con amplias garantías otorgadas por ley (desde la dictadura).

En diferentes estudios se ha comprobado que el exceso de plantación de pino y eucaliptus, son combustible para la propagación de incendios. También se ha dicho que estas especies, que son de rápido crecimiento, consumen grandes cantidades de agua, agudizando el nivel de sequía en la región o territorio donde está presente.

Una situación de la cual los gobiernos hacen la vista gorda, favoreciendo a grandes grupos económicos madereros, aceptando un pago irrisorio por concepto de patentes por explotar los suelos chilenos. (La Celulosa Arauco y Constitución pagó por el primer semestre 2012 la suma de 5.227 pesos).

Pero Chile cuenta con los recursos legales y financieros para preparar una base operativa y legal destinada a prevenir y combatir los incendios forestales, con más brigadas, con más disponibilidad de maquinaria pesada y sobre todo, con aeronaves de mayor capacidad para complementar la acción en tierra. La experiencia en el mundo muestra que la utilización de medios aéreos aumenta la eficiencia en la lucha contra incendios forestales de gran magnitud y Rusia, entre otros, provee de una experiencia significativa.

En el año 1986 en Taganrog (una ciudad en la Federación Rusa a las orillas del mar de Azov) se desarrollaron varios modelos de aviones destinados a combatir incendios forestales y de todo tipo, en el Centro Científico-Técnico de Aviación, desde donde han surgido prototipos como el avión anfibio, A-200 y otros como el Be-200, que se interrumpió en su construcción después de la desintegración de la URRSS pero que al final levantó vuelo en 1998. Un avión que fue ideado con un sistema especial de equipos contraincendios que permite llenar de agua los tanques de a bordo a velocidades de hidroplaneo en una gama de 0,9-0,95 de la velocidad de despegue. Al recoger agua a estas velocidades, el avión no se somete a cargas máximas lo que disminuye el consumo de combustible, conserva la vida útil del motor y la estructura.

Otro ejemplo es el avión Ilyushin, que llega hoy o mañana a Chile, se fabricó por primera vez en el año 1967 para la Fuerza Aérea Soviética, un avión de transporte capaz de transportar una carga de 40 toneladas a una distancia de 5.000 kilómetros en menos de seis horas. Con capacidad de operar desde pistas de poca longitud y que no estuviesen preparadas, y de dar servicio bajo condiciones meteorológicas muy adversas, como las que se experimentan en Siberia y en la región ártica de Rusia.

El Ilyushin Il-76 puede cargar hasta 42 mil litros de agua en dos estanques, cuenta además con sensores de calor conectados a un sistema computarizado, lo que le permite una mayor precisión en las descargas de agua sobre los incendios.

También en Canadá, Estados Unidos y Europa hay avances significativos en equipamiento aéreo para combatir incendios de gran escala, pero lo concreto es que es aquí donde hay que centrar la atención en la discusión actual, sin mezquindades. Hoy estamos condenados a convivir con incendios de alta intensidad, lo que requiere de la adquisición de equipamiento adecuado, incluido el aéreo, de manera contraria, los incendios continuaran sobrepasando los limitados equipos a pesar de los enormes esfuerzos de los equipos de bomberos y otros que trabajan en la extinción.

Con críticas destempladas, campañas ideológicas intencionadas, o manteniendo un modelo de inversión social absolutamente deficitario, no vamos a disminuir las vulnerabilidades y amenazas que este fenómeno representa para el desarrollo sustentable de Chile. Lo que necesitamos es implementar y coordinar la ejecución de políticas que permitan preparar al país para los eventuales efectos del cambio climático, descentralizar la acción preventiva y operativa a través del gobierno regional y municipios, instalando equipos autónomos y resolutivos para enfrentar estas emergencias en forma inmediata. Invertir lo que sea necesario y evitar así, posibles impactos en el bienestar actual y el de las futuras generaciones.

En diciembre del año 2014 el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático, encabezado por el titular de la cartera del Medio Ambiente, Pablo Badenier, aprobó en el nuevo Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Fue una herramienta diseñada para enfrentar los efectos actuales y esperados del calentamiento global.

Sin embargo, al parecer este plan yace en el baúl de los recuerdos, como letra muerta, esperando la voluntad política de llevarlo a cabo, lo que esperamos con la situación que estamos viviendo, es que este escenario cambie y que se legisle de manera  decidida en la dirección del cambio global v del calentamiento de la tierra. Exigiendo a las empresas forestales que cumplan con su deber de responsabilidad social, garantizando las medidas y el equipamiento necesario para prevenir y actuar en incendios de esta envergadura.

Un reconocimiento final, a los miles de bomberos, (as) brigadistas y voluntarios que con una escases de recursos materiales, valientemente le han hecho frente al fuego, salvando vidas, logrando dominar, en parte, un incendio, que es  el aviso de futuros acontecimientos de esta magnitud que continuaran amenazando las capacidades humanas y productivas de Chile.

[i] René Schneider.  Comandante en Jefe del Ejército asesinado por un grupo de ultra-derecha en 1970.