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Pablo Varas

Había una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos

Pablo Varas | Lunes 13 de febrero 2017 15:04 hrs.

No es posible dar la fecha exacta cuando el dinero se dio la tarea de empezar a vestir y maltratar los bolsillos de los políticos de todas las esquinas. Les asestaba violentos golpes de millones para financiar sus prédicas, regalando lentes, pagando cuentas y calendarios. Los políticos se la creyeron entera. Mirarse al espejo cada mañana y sentirse imprescindible para la patria y su destino, es la cadena que debe ser arrastrada para llegar al progreso, para merecer una estatua o una medallita de la suerte que para ellos si funciona.

Pero corrupción no son sólo el dinero, más grave aún es cuando el empresariado dice que se debe hacer en el parlamento, que deben incluir las leyes para beneficio de ellos mismos. El asunto es delicado, los empresarios, los grupos económicos bajo el manto de financiamiento de los políticos, instalan un modelo seudo democrático que corresponde a su visión de que tipo de país ellos necesitan para el crecimiento de sus capitales y resguardo de sus intereses.

En todo el continente, en todos los parlamentos y en casi todos los ex presidentes y actuales gobernantes, se puede encontrar en sus roperos muertos y números de cuentas bancarias en paraísos fiscales. Foto de aquello son los sonados encuentros entre autoridades donde lo determinante es la defensa del modelo, la integración de los grupos empresariales, y de hacer la fila para estar más cerca de los países más grandes, en donde también existe corrupción gárgaras democráticas.

China, que ya no es el de las cinco tesis filosóficas de Mao, y la revolución cultural da para alguna buena película, también enfrenta esas fallas de la que no conocemos la neurona que el dinero se acomode y dicte la forma de pensar y actuar de parlamentarios o de los beneficiados con algún cargo público.

Ciertos hombres pueden vender su presente, pero en el pasado ya no se puede meter mano, así quedó y nadie lo compra. Para muchos nunca estará a la venta.

El asunto de la corrupción en la política chilena será tema por largos tiempos. Hay suficiente evidencia para empapelar a cuanto ángel quiera postularse al paraíso parlamentario. Los políticos habitan casas con patios comunes partidarios, cités ideológicos compartidos, y claro, también están los vecinos. Cuando suceden esos cambios tan violentos en la historia como los golpes militares, se sabe que las FF.AA. deberán buscar ayuda entre los más cercanos, los más afines, los que no les hagan sombra y tengan la espalda ya curvada.

Pérez Yoma es por ejemplo uno de los tantos casos deleznables, que se acerca a los golpistas por intereses económicos, un ladrón de aguas y luego de algunos años pasa a formar parte del pequeño ejército concertacionista, con cargo importante incluido, y es así porque milita en el PDC. Cauas también tiene su partida de nacimiento en el partido de Frei, Juan de Dios Carmona, Ravinet y otros menos públicos. No se adjunta lista para evitar que muchos no se sientan menoscabados en su orgullo personal.

Notable fue aquel parlamentario que propuso la Ley de la Silla para que los trabajadores puedan descansar algunos instantes en sus largas horas de trabajo, se llamaba Salvador Allende. Y están esos otras/otros que redactan leyes para regalar legalmente recursos de todos los chilenos. Longueira, Jacquelinne VR, Marta Esasi, y todos los que firmaron la Ley de Pesca.

Los políticos de la derecha no condenan el dinero regalado por el empresariado, las define como prácticas que deben ser superadas. Pero es que recibir dineros para hacer política en favor de quien te la regala es DELITO. Los hace unos menesterosos.

Suena por estos días no fuerza notable el caso “ Odebrecht”, que hace temblar a todo un continente, aquí no se salva nadie. Presidentes en ejercicio, ex presidentes, ministros, es que son muchos. No se salvan siquiera los que llevaron a la Plaza de Managua a todo un pueblo victorioso.

Leopoldo Celestino Toledo es un caso de antología. En esos años cuando la casa de gobierno estaba al mando de un japonés, que se vestía como samurái, que había nacido en Japón y que se hermanó con un sátrapa de apellido Montesinos, y que mientras marchaba ufano en sus bolsillos sonaban y encontraron espacio dineros entregados por empresarios chilenos, para instalar empresas que vulneraban informes medioambientales.

Leopoldo Celestino levantó las banderas de la lucha contra los corruptos. Todos a la basura de la historia, solo le faltó regalar una escoba, y le dio resultados. Perú nadaba entre los dineros que aromaban los pasillos presidenciales, todo era una fotocopia del jardín del Edén. El silencio cómplice acompañaba los pasos del samurai que mordió el polvo de la derrota, nadie reconocía haber estado cerda del japonés. Su confesor se sabe solicitó periodo de vacaciones del que aún no llega.

Perú se sabe que es un país con abundantes recursos naturales, que no están en manos de todos los peruanos, allá también se hicieron y se redactan leyes que bajo notables formatos legales, son enviados a vuelta de correo por los favores/dólares recibidos. Leopoldo es acusado de haber recibido la no menor cifra de 20 millones de dólares del que él se quedó con 11 y el resto fue repartido entre sus ministros. Odebrecht ganó con ese regalo 250 millones de los billetes verdes para construir una larga carretera, tan larga como la esperanza de los peruanos pobres que llegan a Chile para vender helados en cubitos, sombreros, frutas en vasos plásticos, ceviche, arrancando del hambre y la exclusión que genera el modelo, el mismo que impera en Chile. Los grandes grupos económicos tiene sus madrigueras en todo el continente, la varita embrujada va tocando de uno en uno o en otros a todos al mismo tiempo, eso depende de que contrato se esté discutiendo o que ley redactando

Suerte tienen las estatuas que no hablen y que tranquilas esperan la llegada de las palomas. Un continente entero manejado por gigantes que convierten a millones en ciudadanos liliputenses. Abandonados por casi todos, incluso por los que dicen defender a la clase trabajadora, y que también traspasaron la línea de la transparencia y dignidad, para convertirse en voceros del empresariado y propietarios de un cómodo sillón en el famoso segundo piso.

Suena tan extraño todo esto porque justamente el sector político que perdió la voz en defensa de la dignidad de la patria, regala el mar, eso que les pertenece a todos, desde el 1% más rico hasta esos millones de pobres que nadie defiende.

Ministros, subsecretarios, diputados, senadores, candidatos a la presidencia y finalmente presidentes, eso, presidentes recibiendo dinero de grandes empresas. De público conocimiento es que los grandes conglomerados/carteles no son mecenas. Regalan dinero y esperan a vuelta de correo les llega el contrato soñado, un millonario contrato, de muchos y muchos millones de dólares.

La empresa brasileña ganó una obra que genera 250 millones de dólares verdes de beneficio, negocio enorme, redondo, ya una locura desatada/desbordada/descontrolada. Gigantes dueños de países enteros, todos el resto unos liliputenses, eso sí, con banderas, canciones, himnos nacionales y pancartas.

Se supone que el ciudadano número uno de un país debe ser limpio, honesto, transparente, justo, calmado, reflexivo, buena persona y dar limosna.

Leopoldo Celestino Toledo es compañero de ruta/principios/religión/ideología y pecados contemporáneos de casi todos los actuales presidentes latinoamericanos. Ama la hasta las lágrimas la libertad de comercio, la democracia, aplaude a los emprendedores, comparten el mismo plato con empresarios, Toda la derecha latinoamericana guarda silencio sepulcral, lo desconocen y proclaman que era sencillamente un allegado/aparecido, un don nadie que aprovecho lo que el sistema le dio. Para justificar su amplitud, lo magnánimo le dejó la puerta abierta para que sacara con las manos de sus gatos al fujimorismo corrupto. Todos hoy día con su mugroso dedo índice acusador le apuntan como si de una lanza limpia se tratara.

Todos hasta el actual presidente de Brasil, quien no fue elegido en voto popular recibió un violento ataque a sus bolsillos, le entregaron en la terraza de su casa diez millones de dólares, así como si nada. Los pobres de las favelas creen que en el billete de un dólar está la foto de Pelé.

El dinero no tiene un antes ni un después, está no más, con los más diversos y variados fines. Para dar de comer a un hambriento, para descanso de la conciencia, y comprar el tiempo presente de políticos.

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