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Sergio Rodriguez G.

Trump: gobernando desde la incertidumbre

Sergio Rodriguez G. | Sábado 18 de febrero 2017 9:39 hrs.

El centro de la atención mundial del último mes ha estado puesto en los twitters del presidente de Estados Unidos, toda vez que hasta ahora no es claro que  se pueda determinar hacia donde se orienta el nuevo inquilino de la Casa Blanca, por lo que sus “trinos” están siendo la única manera de tratar de dar seguimiento a su política exterior.

Sin embargo, su primer mes de gobierno ha estado caracterizado por un enemigo inusitado que desde el primer momento demostró una férrea oposición y un ataque sin cuartel a las decisiones presidenciales en materia de política interna: el partido demócrata ha devenido más reaccionario y guerrerista que el republicano ante su desesperación por haber perdido la presidencia y el ulterior desmontaje de sus políticas por parte de Trump. Estos primeros treinta días han sido de dedicación mayoritaria a la política interna.

Dos cosas quedan claras, la primera es que las contradicciones inter partidarias en Estados Unidos, son sólo expresión de diferencias entre fracciones oligárquicas domésticas, es decir, en cada momento se hace lo qué decide el sector que está siendo más favorecido por la administración de turno y, segundo, que en política exterior ambas caras del poder conforman un todo único que apuesta por el mantenimiento de la hegemonía global de su país a cualquier precio. Es probable que aparezcan discordancias, como ocurre hoy respecto de Rusia, pero en el momento de tomar medidas a favor del conflicto, no habrá dudas respecto de acuerdos entre ambas facciones.

Si queremos tener una idea de quién gobernará Estados Unidos en los próximos años, debemos destacar que el gabinete de 21 miembros de Trump está formado por 16 hombres blancos y uno negro y 4 mujeres. Se calcula que la fortuna de los miembros del gabinete asciende a 35 mil millones de dólares.

Entre los miembros del “núcleo duro” del gabinete, se supone que los que mayor incidencia tengan en política exterior, -ahora que el General Michael Flynn ha sido abruptamente defenestrado de su cargo- son Rex Tillerson, Secretario de Estado, Steven Mnuchin, Secretario del Tesoro y James Mattis, Secretario de Defensa  De ellos, Tillerson no tiene ninguna experiencia en la función pública, aunque si una cercanía con los asuntos petroleros y energéticos, y un conocimiento exacto de Venezuela por la participación de la la Exxon-Mobil empresa de la cual fue Director Ejecutivo, en la explotación petrolera en el territorio de Venezuela, ocupado por Guyana  en reclamación en el Esequibo. Es muy probable, que dados los antecedentes de Tillerson, Estados Unidos regrese a la diplomacia petrolera que caracterizó los gobiernos de los Bush, padre e hijo.

Steven Mnuchin, el nuevo Secretario del Tesoro, fue ejecutivo de Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión, acusado de fraude por las hipotecas subprime y causante directo de la deuda que llevó a Grecia al default. Mnuchin se vio bastante inexperto y con pocos argumentos ante los periodistas cuando en rueda de prensa informó sobre el asunto del vicepresidente de Venezuela Tareck El Aissami, la prensa le inquirió sobre otros temas que no supo contestar, afirmando: “Yo vine aquí solo a hablar de Venezuela”, asunto que no interesó a los reporteros. El Secretario de Defensa James Mattis, será seguramente, –junto a Tillerson-  quien tenga mayor participación en los temas referidos al Medio Oriente, China y Rusia, con los que ha tenido vinculación como alto oficial de las Fuerzas Armadas en el pasado.

Sigo pensando que, salvo México en primer orden,  así como Cuba y Venezuela después, América Latina y el Caribe no revisten mayor importancia en la agenda de Trump, que actuará en este ámbito a partir de criterios interesados de sus asesores y en la medida de la  influencia que  tengan los lobbies que se mueven a su alrededor como quedó de manifiesto al recibir a la esposa de Leopoldo López, gracias a gestiones de Marcos Rubio, con lo cual, además de mandar un mensaje (por twitter),  a Venezuela, Trump pretendió, sobre todo, hacerle un guiño al lobby cubano de la Florida que lo adversó primero, para terminar dándole su  apoyo en las elecciones. Es contradictorio que mientras el líder de la oposición y presidente del poder legislativo venezolano se tiene que reunir con funcionarios de segundo orden de la embajada de Estados Unidos en Colombia, la señora López sea recibida en la Casa Blanca por el presidente de ese país. Con esto, Trump quiso consolidar al senador Rubio como un interlocutor válido para las comunidades venezolana, cubana, además de la colombiana a la que pertenece la esposa de Rubio, que viven en Miami y sus alrededores.

Las principales tendencias mostradas hasta ahora por el nuevo gobierno han sido hacia la militarización de la política exterior y una obsesiva preocupación por el “terrorismo islámico” en el que coloca a Irán como referencia. Ambos aspectos pueden tener incidencia en América Latina, por la vinculación que el gobierno de Estados Unidos podría hacer del país persa con sus aliados de la región en un supuesto apoyo al terrorismo, como ha quedado de manifiesto en la reciente acusación contra el vicepresidente de Venezuela. El argumento de lucha contra el terrorismo podría transformarse en elemento central de una política de “seguridad” de Estados Unidos en la región. En este sentido, vale decir que Estados Unidos tiene una burocracia poderosa, sobre todo en el departamento de Estado y en las agencias de seguridad, en particular la de lucha contra narcóticos (DEA) y la CIA que no siempre desarrollan políticas a partir de la decisión de sus jefes, como ha quedado demostrado innumerables veces en años recientes. No se puede obviar que el incremento como nunca antes de la presencia de militares en el gabinete de Trump, significa una fuerte representación del Complejo Militar Industrial en el gobierno de Estados Unidos, con todas las consecuencias que ello tiene, si se considera que esta es la principal industria y el soporte principal de la economía del país.

Trump tendrá que lidiar con los conflictos heredados de sus antecesores: el Medio Oriente, generado por Bush, Ucrania, obra de Obama y sobre todo con China que es el único de todos ellos que podría originar transformaciones estructurales en el sistema internacional. Con todos ellos, ha sido ambiguo, y se hace necesario estudiarlos con detenimiento. El quid del problema es saber si dará continuidad o hará cambios respecto del pasado en su política. Por lo pronto, ha mostrado voluntad de acercarse a Rusia para buscar puntos en común en aquellos asuntos donde los haya; en el Medio Oriente, pareciera que seguirá atado a Israel, sobre todo por su cercanía afectiva, toda vez que su yerno es un sionista militante y su hija una judía conversa,  Esto lo marcará a la hora de tomar decisiones, sobre todo en relación a Irán. Nuevamente, en este aspecto, tendremos que esperar medidas influidas por factores subjetivos, que solo podrán ser modelados en el tiempo, cuando Trump, entienda su rol de estadista y de presidente de la primera potencia mundial. Se tendrá que sentar en toda la silla, no sólo en la punta de ella, como hasta ahora.

Con China será diferente, porque además de las políticas heredadas, Trump tiene, desde hace muchos años, una idea propia formada. Ya en 2011, dijo que “China es nuestro enemigo, ellos nos quieren destruir”, así mismo, en otro plano afirmó que: “En el ámbito comercial, los chinos son unos tramposos”, e incluso en 2012 aseguró que: “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos para hacer que la manufactura de Estados Unidos no sea competitiva”. Sin embargo, estas aseveraciones, de evidente contenido emocional, a las que Trump es muy propenso son hechas a través de twitter, por lo que no está obligado a explicarlas con detenimiento, dados los 140 caracteres que lo limitan, con los cuales el presidente se siente muy a gusto para emitir sus brillantes ideas.

Pareciera claro que Trump pondrá el énfasis de su gestión en mejorar la economía de Estados Unidos, eso chocará con la política exterior y sobre todo con la política militar de sus antecesores. Habrá que saber si se producen cambios en el desarrollo de esas estrategias a favor de cumplir sus propuestas de campaña o mantendrá la política exterior agresiva y ofensiva de sus colegas que le precedieron en el cargo. Es muy pronto para saberlo con precisión, pero en cualquier caso, – si lo compramos con sus antecesores- es esperanzador para la humanidad que haya dicho que es esencial tener buenas relaciones con Moscú para prevenir “un holocausto nuclear sin igual”.