Diario y Radio Uchile

Año IX, 16 de diciembre de 2017

Escritorio

Teillier en primera clase

Jaime Sierra |Cartas al Director |Miércoles 1 de marzo 2017 7:42 hrs.

Señor Director:

El 18 de febrero, El Mercurio publicó una columna del académico Francisco Covarrubias, (UAI), en que el autor utiliza como telón de fondo un viaje en primera clase de cierto vuelo del diputado y presidente del PC chileno, Guillermo Teillier,  para hacer una crítica a las inconsecuencias en las formas de vida que mantienen aquellos autoproclamados de izquierda y con raíces o matices marxistas; para dar a conocer su visión de la sociedad y el hombre; y de paso plantear una nueva teoría del hombre, en un contexto económico no manifiesto.

Analicemos por partes la columna, en sus exposiciones ideológicas más profundas.

Primeramente, sobre la descripción de las formas de vida según el marxismo y las formas de vida de algunos marxistas. No puedo sino encontrarle razón puedo a esta crítica social. Puedo agregar, parafraseando a Coco Legrand: ¿Por qué tantos izquierdistas, en cuanto pueden, “huyen” a barrios mejores, tal como las clases acomodadas cuando se van sintiendo acorraladas por la plebe, (o pueblo, “rotada”, nuevas clases emergentes, o como lo diga cada cual)? ¿De qué huyen? O ¿a quiénes persiguen?

Tal vez si se quedaran entre la gente de sus orígenes, su barrios originales, a medida que van ascendiendo en el poder, “quedándose a vivir en el terreno”, en lugar de volver a visitarlo para las campañas, habrían más problemas resueltos en nuestra sociedad. Lo ideal sería que todos lo hicieren, también los políticos de derecha, los cristianos, así como uniformados, empresarios, jueces y clero. Conociendo los problemas in situ, viviéndolos, comprendiendo e internalizado las necesidades de soluciones. Siendo pueblo.

Como dije, creo que esta “lealtad” para con los suyos deberían practicarla todos, pero por alguna razón resulta más esperable de los autodenominados izquierdistas. No obstante, ellos también son personas y tienen familias, por lo tanto quieren seguridad, sí, buena educación, también, tal como salud, accesos, comodidades, así que ¿por qué no? Para responder, se debe introducir uno en los mundos particulares de cada uno, de sus respectivos discursos y actos consecuentes o inconsecuentes. Un ejemplo para determinar la base de esta observación es la salud propiciada por el estado. ¿Qué se “discursea” sobre la salud y cómo las enfrentan como ciudadanos, como personas? Lo mismo sobre educación, sobre los servicios. O sea: ¿Qué hace como político al respecto y qué hace como persona? Tal vez esto tenga que ver con cómo cambian las personas y las percepciones de sí mismos, versus las percepciones del resto sobre ellos. Las irrealidades de cada cual. De todas maneras, las ideas tienen validez independientemente de sus representantes o practicantes. Que existan bomberos pirómanos, jueces prevaricadores, policías que delinquen, o militares torturadores, no habla de las ideas o de las instituciones, habla de esas personas, ¿o me equivoco?

El segundo contenido destacable corresponde a una declaración valórica sobre cómo funciona la sociedad según el académico, (y seguramente muchos otros). Su visión, seguramente compartida por muchos otros, nos revela que la sociedad funcionaría en base a: a) el lucro; b) el natural y por lo tanto incontrarrestable deseo de consumir; c) la búsqueda de la comodidad; y d) la búsqueda de la diferenciación. Por su decir, las anteriores serían conducta esperables, inalienables e incontrarrestables de los seres humanos. Una suerte de ley vital, posiblemente del orden genético.

Sin temor a equivocarme, puedo decir que asemeja a un postulado post-Maslowiano, una nueva pirámide de necesidades, (o cualquier otra figura geométrica), que desdice al insigne psicólogo. No interesarían las necesidades de afiliación ni de respeto, quizás este sería reemplazado por el temor. Probablemente la autorrealización sería una con el éxito y esto sólo se lograría mediante la posesión de cosas. No seguiré ahondando en este nuevo modelo hipotético por desconocerlo absolutamente.

Esta declaración además parece contradecir o negar las intenciones y motivaciones de millones de soldados y bomberos que prefieren el servicio público, de otros tantos voluntarios de distintos tipos y en distintas causas, de médicos sin fronteras, de millares de misioneros, de todo aquel que declara la humildad y la vive, voluntariamente, y los desacredita, o descarta, de alguna forma, como un buen tipo humano, y a sus motivaciones como en contradicción con los que debieran ser los impulsos naturales del ser humano.

Por lo tanto, estos enunciados también pondrían en contravención a las llamadas hasta hoy buenas costumbres y a las actuales forma de convivencia, imponiéndole más valor al egoísmo por sobre la solidaridad, a la competencia por sobre la colaboración, al exceso por sobre la templanza, omitiendo como formas de vida al autocontrol y la conciencia planetaria. Buda, Jesús, Confucio, Juana de Arco, San Pedro, Schweitzer, Nightingale, Prat, San Martín, los Carrera, O’Higgins, Bueras, todos los altruistas, y los millones que lo han dado todo por una causa, legítima o equivocada, hasta la vida, de uno y otro bando o país, pero de buena fe, con generosidad, resignación y heroísmo, no habrían tenido estas motivaciones humanas planteadas por Covarrubias. Sería interesante saber si esta teoría los califica como humanos o si los descarta como tales. Ellos no prefirieron el consumo ni la comodidad, es más, renunciaron a ello.

Por último, esta teoría tiene un alcance económico, ese contexto subyacente no planteado. Analizándolo desde este punto de vista, no creo, pocos lo creen seriamente, que el planeta pueda soportar a siete mil millones de personas haciendo pesca deportiva, o cruceros, o si se pueda fabricar la misma cantidad de autos último modelo cada año, o que cada persona tenga un avión particular y un yate de 100 pies, un departamento en Londres y otro en New York, además del que habitan, y que todos tengan una hacienda y una piscina, o que todos puedan comer ostras, caviar y carne a destajo y cuando quieran, sólo por consumir, por satisfacer sus deseos, o que tengan cada uno 1.000 zapatos como Imelda Marcos. Si todos quisieran vivir en un penthouse… ¡Sería todo un desafío para la arquitectura mundial! No, no me parece viable desde el punto de vista económico. Sin embargo, dos cosas resultan rescatables de sus dichos: Una es el reconocimiento de la necesidad de un alto impuesto a la riqueza y al lujo, por supuesto no sólo aplicable a la gente de izquierda. Y la otra, es que el estado necesita crecer e incrementarse el gasto público y que tales iniciativas funcionen, es decir, que se obtenga satisfacción de la población. Como por ejemplo, que todos los asientos en los aviones ofrezcan  el mayor confort posible a todos. Yo podría quizás viajar entre Teillier y Covarrubias. Sería un viaje interesante, por el mismo precio.

Se puede replicar lo que digo, y se hace, diciendo que depende de cada uno, de su fuerza, de sus ambiciones, de su empuje… Que todos podemos elegir entre ser ricos o pobres. Si te esfuerzas, puedes cumplir tus sueños. Querer es poder. Pero ya está dicho. Aún con una población lo suficientemente habilidosa como para ser capaz de luchar por sus ambiciones, a mí me parece que el planeta no puede sostener a una población global que permanentemente estuviera deseando y satisfaciendo necesidades de todo tipo, sin siquiera analizar civilizadamente tales necesidades ¿Cuántas necesidades son producto de formas viciosas de vivir, de la envidia, los celos, la codicia, la lujuria, el desprecio, la jactancia, de distintas ambiciones espurias, de los así llamados “pecados”? Y estas características sí que son indiscutiblemente humanas, ancestrales, congénitas y primigenias. Pero ¿las hace eso permisibles, aceptables, deseables? Me parece que la evolución del pensamiento dice que no. ¿Cuántas “necesidades” son reales, cuántas ilusiones, producto de una mala educación, carente de filosofías a excepción de la dominante? ¿Cuántos deseos son inculcados o inducidos? ¿No tiene nada que decir la educación sobre el carácter? ¿Qué pasaría con los impedidos, con los humildes de espíritu? ¿Estarían condenados a la pobreza y al desamparo? ¿Cómo conseguiría un profesor tales riquezas, o un barrendero, una enfermera, una asistente de párvulos?

La educación toma su lugar en la discusión, tal como la propiedad del conocimiento y su disponibilidad, ya sea para capacitar a las personas por igual para ser millonarias o para que vivan sus vidas de formas más sabias. Y para entender la diferencia entre consumo, inevitable, y consumismo, evitable. Por lo demás: ¿No existe el deseo del conocimiento según esta nueva teorización? Parece que hay acuerdos en que buenas educaciones de las poblaciones podrían llevar a un mayor equilibrio entre las personas y entre las personas y el planeta. Una conciencia  planetaria parece imprescindible, aunque aparentemente contraria a los postulados de Covarrubias.

Nadie o muy pocos quieren ser pobres. Incluso más, es signo de inteligencia querer terminar con la pobreza, (lo que lógicamente no significa “eliminar” a los pobres). Pero no ser pobre no debe significar por fuerza ambicionarlo todo, o tenerlo todo, o siquiera intentar tenerlo todo. Ni menos pasando por sobre los demás. Ya no hablaríamos de Maslow ni de Covarrubias, hablaríamos de la ley de la selva, de la ley del más fuerte, para siempre.

Una reflexión final: En una sociedad igualitaria y educada, no habría razón para buscar algo mejor que lo que toque a todos. Y eso no implica que todos seamos iguales.

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