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Año IX, 22 de octubre de 2017

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Omar Villanueva

El subcrecimiento económico de Chile

Omar Villanueva | Viernes 24 de marzo 2017 12:35 hrs.

En Enero de 2012, hace más de 5 años, se anticipó que la economía nacional vendría a mal, y coincidió con que el Banco Central bajó la TPM de 5,25% a 5% e inició una tímida, larga y continua baja de la misma hasta este mes de marzo 2017, cuando la fijó en 3%. Es decir, en este largo plazo la TPM bajó en 2,25%. Desde ese año 2012, las autoridades anunciaban que estas bajas estaban dirigidas a que se reactivara la economía.

Casi a fines de ese año, noviembre del 2012, señalamos que era peligroso anticipar el futuro económico con un solo escenario y que era necesario que los especialistas responsables de tomar estas decisiones indicaran los escenarios alternativos posibles. Pero no fue así. El incentivo a invertir y a estimular el crecimiento parecía estar basado en que la tasa real de interés, que había quedado en menos de 1%, impulsaría el crecimiento económico per se.

Desde entonces hemos insistido que las variaciones de la TPM, en este particular ciclo económico,  tiene un efecto muy indirecto y lleno de sorpresas sobre la inversión y el crecimiento económico, dadas las muchas variables de tipo político, social y globales que han participado, y lo  hicimos ver cuando, en octubre de 2013, preguntamos a la autoridad: ¿Por qué se mantuvo la TPM en 5% durante 21 meses cuando la economía ya mostraba  claros signos de desaceleración? No sabemos las razones que se tuvo para ello, pero lo que es claro es que el escenario utilizado fue tremendamente equivocado. ¡Si, se equivocaron!

El resto de la historia es conocida, se siguió bajando la TPM con la ilusión de que se estimulara la inversión y el crecimiento del PIB.

Pero han pasado largos 5 años y lo anunciado no se cumplió puesto que: el 2013 bajó el PIB al 4% desde el 5% del año anterior y siguió bajando a alrededor del 2% en los años siguientes. Y eso ha significado que la riqueza del país y a la cual tienen derecho todos los chilenos ha sido significativamente menor a la esperable y posible.

Consideramos que este tema debe interesar a todos porque si se hubiera logrado un crecimiento promedio del PIB del mismo 4%, obtenido el 2013, el aumento de la riqueza de la economía nacional podría  bordear en el período 2014-2017 a cerca de los 100 mil millones de dólares, en vez
de los menos de 50 mil millones de dólares que es posible que se logren.

Esta ha sido una tremenda pérdida económica nacional causada por decisiones erradas, a destiempo y considerando escenarios que nunca se cumplieron. Todo decisor debe reconocer que el futuro es incierto y que si se equivoca tan reiteradamente debe retirarse de esa actividad. Con este tipo de autoridades, principalmente políticas, se posterga al infinito el anhelo de ser un país desarrollado, aparte de los muchos otros efectos que esta secuencia de decisiones erróneas producen en todas las actividades económicas, sociales y culturales del país y también se convierten en excusa perfecta para los privados para no crear las bases para la nueva economía la que nada tendrá que ver con las actuales industrias, negocios y actividades extractivas en fase de obsolescencia si no innovamos profundamente. Estas tremendas  pérdidas de oportunidades postergan la inversión en la incorporación de las nuevas tecnologías y en la aplicación de los nuevos conocimientos al desarrollo de emprendimientos que no se basen  sólo en los sectores tradicionales básicos, que produzcan márgenes muy superiores y que atiendan mercados globales de gran magnitud.

Este esmirriado crecer económico, advertido  en su debida oportunidad, representa mucha riqueza que no se obtuvo para resolver los diferentes problemas de calidad de vida de la población más pobre del país, sus clases medias y profesionales. Y todo porque el remedio utilizado fue inadecuado.

Por eso concluimos que cuando se asume la responsabilidad de tomar decisiones sobre  la TPM, con los efectos que ellas producen en la comunidad, se presume que es posible que se produzcan impactosindeseados, pero cuando la autoridad reitera su actuar y, con ello, se reiteran los efectos indeseados, lo que corresponde es hacer es, oportunamente, dar un paso al lado.

En algún momento preguntamos públicamente: ¿Quién está cargo del crecimiento: o el Gobierno o el Banco Central?  No obtuvimos respuesta y por tanto, ahora, trenzarse en discusiones económico políticas -ex post- sin entrar de lleno a resolver estos  problemas es un despropósito y una manera de dilatar su solución e insistiremos en que: (1) siendo la decisión  de la TPM tomada por profesionales con claras orientaciones políticas – pues no son tecnócratas – según se colige de su manera de ser elegidos, es más un cuerpo político que económico no independiente,  por lo mismo, sería más propio que la decisión la tomará el gobierno de turno y con ello no diluir las responsabilidades públicas correspondientes y (2) que probablemente el mercado, con las nuevas tecnologías, manejo de la big data, inteligencia artificial, poderosos sistemas expertos y otras innovaciones sería más certero para determinar las tasas de intereses que fuesen tranzadas directamente entre diferentes operadores y clientes como ocurre con el dólar a valor de mercado.

Es necesario que las autoridades se hagan cargo, de una vez por todas, del “crecimiento base requerido” en la nueva economía e industrias emergentes  inteligentes en remplazo de las obsoletas – crecimiento con tasas de de al menos un 5% anual y un PIB de… ¿US $ 400 mil millones de dólares o sino más?, que   permita llevarnos a la tierra prometida del “desarrollo para todos”. Y no debemos autoengañarnos nuevamente pensando que lo hará un próximo gobierno o autoridades técnicas de un Banco Central “autónomo”.

Y así quizás podamos romper con el “Síndrome de Peter Pan” de un bello país del finis terrae que se niega a crecer:  pudiendo.