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Expropiación en Avenida Independencia: Historias enterradas por el progreso

Francisco Velásquez |Martes 28 de marzo 2017 10:27 hrs.

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El proceso de expropiación y construcción del corredor del Transantiago que pasará por Avenida Independencia ha marcado la vida de miles de personas. Muchos tendrán que cambiarse de casa, cerrar negocios de toda una vida y otras consecuencias que esta modificación vial acarrea consigo.

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La avenida Independencia, en la ciudad de Santiago, la misma vía que utilizaron los incas cuando llegaron a este territorio, vive una de sus mayores modificaciones en 200 años. Se trata de un proyecto que no solo incluirá vías exclusivas para los buses de transporte público, sino que además implicará la construcción de una ciclovía, colectores de aguas lluvias, mobiliario urbano y zonas de pago reguladas en sus accesos a través de torniquetes.

La obra apunta a reducir el déficit de infraestructura que sigue arrastrando el Transantiago, ya que cuando el sistema de transportes fue diseñado se proyectó una red de 300 km. de vías y corredores exclusivos. Sin embargo, hacia el año 2017 dicha red solo alcanzará los 117 km.

El futuro corredor está dividido en dos tramos: el primero se extiende por 4,2 km. desde Santa María hasta Dorsal. Allí comienza el segundo, de 3,9 km, hasta Américo Vespucio, en Conchalí. Las faenas de la primera etapa deberían comenzar en septiembre y terminar a mediados de 2018, con una inversión que supera los $80 mil millones.

Un barrio en expropiación 

A una cuadra de la Municipalidad de Conchalí se encuentra la Villa Palmas de Mallorca, un lugar tranquilo con casas que datan de los años sesenta, construidas con vigas al aire y una espacialidad capaz de albergar familias de hasta seis personas cómodamente. Casas que en su mayoría han sido ampliadas en el tiempo y un espacio público enriquecido por las relaciones sociales entre los vecinos que, en general, han vivido en este sector por más de treinta años.

Gustavo Martin tiene treinta años, es nacido y criado en la Villa Palmas de Mallorca de la comuna de Conchalí, sus cuatro abuelos son de este lugar y junto a sus amigos del barrio ha conocido la vida.

“Vivir en este lugar es como estar en el campo, hay muy poco ruido y todos nos conocemos. Cuando nosotros éramos chicos salíamos a vender dulces a los vecinos, comprábamos una bolsa de super ocho y la revendíamos al mismo precio- mira pícaramente – no ganábamos nada, pero nos entreteníamos toda la tarde”, sonríe con nostalgia, mientras camina desde su casa a su local, ubicado en Independencia a la altura del 3600.

“Desde que nací que vivo en la villa y hace un año arrendé el local. Ya no sé qué voy a hacer después que expropien, porque en este lugar yo puse todo lo que tenía, lo armé desde cero, sin créditos, ya que nadie me da. La incertidumbre es lo que más me complica, pero peor aún, es ver que a personas que llevan su vida entera en este barrio, la vayan a despojar sin siquiera preguntarle si están bien o mal”.

Mientras Gustavo avanza por el portal que divide la villa de Independencia, siente un grito, es Don Manuel que desde su quiosco grita “buena la parejita”, a lo que el joven responde, “¡qué dice Manolete!”.

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Don Manuel lleva 35 años atendiendo su negocio en Villa Palmas de Mallorca

Se acerca y le comenta sobre la expropiación. Don Manuel hace 30 años que trabaja en la entrada de la villa. Ha visto el paso del tiempo desde la esquina. “Mis clientes son los niños, así que a estos chiquillos yo lo vi crecer, conocí a sus mamás cuando estaban embarazadas y a ellos crecer en estas calles”, comenta.

Don Manuel dice que cuando llegó tenía un carrito parecido a un barco y se tenía que instalar todos los días. Luego en la Municipalidad le dieron la posibilidad de construir un quiosco y “acá estamos”, dice desde adentro de su negocio.

“Yo no sé qué va a pasar y tampoco tomo caldo de cabeza con el asunto, de alguna forma vamos a salir de esto. Lo que me preocupa es que este barrio que había agarrado tanta vida, puede que quede solitario”.

El hombre recuerda: “siempre se ha hablado sobre una posible expropiación, incluso cuando yo construí el quiosco no me permitieron ponerlo donde yo quería, porque me dijeron que iba a quedar sobre la línea de la expropiación. El tema es que la línea con la que todos contábamos ya se corrió cerca de tres metros, por lo que mi quiosco también puede que sea destruido. Yo dependo de la municipalidad, solo pago un arriendo. Qué podemos hacer nosotros en contra de las autoridades, menos yo”, explica.

Gustavo interviene, porque el tiempo lo apremia para abrir su local, “tal como a Don Manuel, a Casa Medina, El Pingüino y Los Siete Hermanos, les afecta esta nueva línea. Peor aún es para el dentista y la señora de la contabilidad que están en el segundo piso. Para qué hablar de la panadería Ancali que será demolida por completo”.

Dejamos a Don Manuel para entrar en Casa Medina, un local que vende artículos de electrónica y algo de ferretería. Tiene un slogan en el barrio “Casa Medina, donde los precios fulminan y las cuotas lo dejan en la ruina”.

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En la foto, Carlos, Claudio y Luis en La Casa Medina

Claudio dice que les van a quitar un metro y medio aproximadamente, pero el problema es que este es un edificio de dos pisos, entonces las personas de arriba quedarán sin balcones y tendrán que reconstruir también. Ninguno de los que estamos acá sabemos cómo se reconstruye un edificio y lo peor es que lo que expropiarán incluye los pilares que sostienen los departamentos que son nuestro techo”.

Claudio Medina tiene cuarenta años, y su padre Luis, 78. Cuenta que su abuelo fue quien inauguró el local que durante décadas ha surtido al barrio. Don Carlos ha trabajado con la familia por cerca de 30 años, ha visto crecer a Claudio y a Gustavo.

Al rato los cuatro conversan en la vitrina de vidrio sobre lo que se supone sucederá en octubre. “Nosotros nos pusimos de acuerdo con los vecinos y ahora tenemos que ver cómo reconstruir, no sabemos nada sobre los planos o lo que se pretende hacer acá. Tenemos muy poca información de parte de la municipalidad, solo han venido a medir”.

Ricardo Vergara, abogado de los locatarios de Independencia explica que “la comisión de expropiación cuando determinó los montos a pagar se basó en precios referenciales que aparecían en publicaciones de ofertas en el diario y en una celebración de compraventa. Esto se puede impugnar, ya que dentro del procedimiento se exige que el monto promedio a pagar sea la resultante del precio comercial de al menos siete compraventas celebradas en propiedades de las mismas características de suelo”.

“En este caso, la información que maneja la comisión que fija el precio del metro para la expropiación, por ley, debe basarse en compraventas celebradas y no en ofertas. Por el contrario y en este caso, el monto a pagar fue calculado sobre la base de ofertas y con referencias de propiedades ubicadas en calles interiores de la comuna”, explica el defensor de los vecinos de Independencia.

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Avenida Independencia entre Corbeta Esmeralda y Aviador Acevedo

El especialista explica que el Servicio de Vivienda y Urbanismo, SERVIU, se lava las manos frente a los vecinos cuando se intenta discutir sobre los montos, ya que los precios de los terrenos los debe fijar una comisión encargada según el Decreto ley 2186.  El jurista no puede seguir explicándonos su defensa, porque en pocos días tendrá que ir al litigio que corresponde a esta causa.

Luego del periplo por el vecindario, Gustavo abre su local. Son las 9:30 y el movimiento del sector es tenue, aunque evidencia el inicio del ajetreo diario.

La cuadra en la que se encuentra GMS Congelados será expropiada completa en su primera línea, ya que las propiedades en ese sector tienen un amplio fondo, por lo que tras los locales comerciales hay viviendas y la comandancia del Cuerpo de Bomberos de Conchalí, organización dueña de la mayoría de los locales que se encuentran en el tramo de la demolición en esa cuadra.

Sentado en el frontis del local de congelados, Gustavo relata la historia de la señora Georgina Sáez, quien tiene 74 años y hace 35 que le arrienda a los bomberos. Su local tiene máquinas de juegos de azar, o de destreza, como la ley dice.

La señora recuerda con mucho cariño su tiempo en el barrio y se emociona pensando que en este lugar nunca ha tenido “un sí o un no con algún vecino”. “A mí me conocen como la señora del Village, tiendas que en los años noventa abundaban por Santiago y daban acceso a novedosas y tiernas tarjetas, esquelas, peluches y regalitos para los enamorados que gustaban de la TV grama”, dice.

Georgina, desde los 40 años que trabaja en ese local y relata que llegó luego de quedar viuda. Con nostalgia cuenta: “lo que me da más pena es que aquí al lado (los bomberos) no nos han dado una fecha exacta ni menos una mano en este momento. Yo he cumplido por treinta años siendo una buena arrendataria, siempre al día”. En la municipalidad nadie se hace cargo, nadie sabe nada y a nosotros nos van a notificar con un mes de aviso para desalojar”.

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Georgina Sáez, 74 años. La señora del Village

“Hay una falta de respeto, eso es lo que me duele. Lindo sería que, por ejemplo a nosotros como locatarios nos dieran una posibilidad de hacer otra cosa en este sector, o nos consideraran dentro de una indemnización o al menos nuestros arrendatarios nos dieran estos meses de gracia para buscar qué hacer, pero nada de eso existe, algo que podría responder solo al cariño por los años”, relata la señora del Village.

“Me duele, porque ya no vamos a ser todos los de siempre, Independencia quedará muerto y solitario”, repara Georgina.

De la emoción saca fuerza y replica, cigarro en mano, “yo seguiré vendiendo, porque eso sé hacer y si me quedo en la casa me muero. Si no encuentro un local puedo vender paños de plato”, sonríe y agrega “algo haremos. Podría ser un local de comida de perro y dejaría los confites y las máquinas”.

Con todo el impulso de la comunidad solicitamos entrevista con el Alcalde René de la Vega. Lamentablemente estaba en diferentes izamientos de banderas e inauguraciones, según su secretaria. Al consultarlo con su encargado de prensa, volvimos a encontrarnos con una apretada agenda y con preguntas como: ¿qué dice la gente?, ¿está preocupada?, ¿han denunciado algo?

Los trabajos en Avenida Independencia tomarán un año y medio, tiempo en el que la fisionomía de la comuna del mismo nombre, y la de Conchalí, serán modificadas radicalmente.

Con esto, muchos barrios se transmutarán a una nueva realidad de habitar, lo complejo es que el trabajo comunitario solo responde a las reuniones que exige la ley, sin detenerse en las particularidades de quienes habitan los territorios.

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Independencia entre Negrete y Corbeta Esmeralda. Altura 3600

Gentrificación contemporánea 

Uno de los principales déficit en la expropiación y reconstrucción de Independencia, ha sido la relación entre el Estado, el municipio y los vecinos, ya que en general se han dado las condiciones mínimas exigidas por la ley en términos de reuniones y terrenos informativos, pero no se ha abordado este mega proyecto desde un punto de vista comunitario participativo, en que las personas generen alternativas a las autoridades y en base a un trabajo proyectivo se planifique conjuntamente.

El Urbanista Jorge Inzulza, explica que “esta relación se debería haber dado como una acupuntura urbana, que significa ir regenerando tejidos sociales. Hay que acupunturear mucho para que ese tejido pueda seguir funcionando de buena forma”.

“Lo que yo creo que pasa en Chile es que el urbanismo que hacemos, no es urbanismo, sino que una sumatoria de operaciones principalmente inmobiliarias que por lo general se traducen en la búsqueda de suelos para desarrollar proyectos con altas rentabilidades y en esa relación no actúan todos los actores”.

Según plantea el académico “la falta de planificación y diseño urbano se da porque en nuestro país se tiende a actuar sobre la base de la emergencia y no proactivamente en los barrios. Hay que ocupar las herramientas desde la planificación urbana para hacer una estrategia de comunicación con las personas y que no sea la resultante de desplazar a algunos, porque el estado necesita su propiedad”.

El profesor de arquitectura, explica que para estos megaproyectos, debería haber una relación previa entre el municipio y las personas afectadas por el cambio que esto significa. Esto para que puedan exponer sus inquietudes y aportar en la elaboración del plan maestro a ejecutarse. En este sentido, debería también existir compensaciones para quienes no puedan seguir desarrollando sus labores de forma normal y deban ser desplazados.

“En el caso de Independencia, la gentrificación se da como en otros casos contemporáneos sobre la base de la relación con entidades, es mucho más impersonal, no sé quién me está desplazando. Si una ley, una ordenanza o el Estado. Por lo general, estos procesos de expropiación acarrean consigo bolsones de gentrificación”, plantea el arquitecto y académico de la Universidad de Chile.

Inzulza plantea que “el urbanismo y la planificación urbana que existe en Chile es insuficiente y es necesario que se avance en una perspectiva de diseño urbano en la cual se busque entender cuáles son las relaciones adecuadas entre las personas que habitan y las distancias entre ellas, la cantidad de arbolización, cómo usar el sol, cómo las fachadas deben convivir en un barrio”.

“En qué instrumento estamos viendo toda esta relación de la que estamos hablando, nuestros instrumentos de planificación urbana no están bien articulados para estudios de perfil de calle, estudio de mobiliario urbano y son poco vinculantes desde la participación ciudadana”.

Expropiación en Independencia

El primer tramo de Independencia que va desde el sector histórico de la Chimba, ubicado en Mapocho, hasta el sector de los hospitales, está completamente intervenido. Una calzada está con un forado de unos dos metros de profundidad, donde se están instalando ductos para los cables del alumbrado público y removiendo la carpeta de asfalto antigua.

En este primer tramo de la histórica avenida, que incluso sería el lugar de ingreso de los Incas a este territorio, no habrá expropiación, ya que las dimensiones alcanzan para la remodelación.

El problema de este sector pasa porque los comerciantes que se ubican en este barrio histórico venden telas y la vocación territorial será profundamente afectada por los trabajos en la vía.

“De primera eran puras promesas, igual que como cuando uno se va a casar y después no, no cumplieron nada, no habilitaron pasadas para el comercio, sino que privilegiaron las construcciones inmobiliarias del sector”, denuncia Raúl Eduardo Delgado, dueño de telas Génesis.

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Raúl Eduardo Delgado, dueño de telas Génesis

“Ahora ya no hay con quién hablar en el municipio, la gente ya no viene, bajaron las ventas, hay muchos comerciantes tambaleando. Esto será largo, un año y más, creo yo, porque trabajan solo hasta las 12. Llega a dar rabia”, enfatiza el comerciante de telas que hace 17 años atiende su local, al igual que su hija, yerno y esposa.

Gran parte de los negocios establecidos en el tramo histórico de la comuna son de telas y sus dueños son arrendatarios, por lo que varios de estos negocios, por el tiempo que la expropiación durará, pueden quebrar.

El alcalde Gonzalo Durán, plantea que: “para efectos formales, nos reunimos con el propietario y es posible que ese propietario no le informe adecuadamente a los arrendatarios, sin perjuicio a que nosotros repartimos las invitaciones directamente en cada local, razón por la cual el arrendatario también debería estar informado”.

Del sector de los hospitales hasta Nueva de Mate se producirán expropiaciones de entre un metro y medio hasta tres metros. Es el caso del restaurant Raíces Peruanas, que debido a la demolición quebró y tendrá que cerrar.

A pocos metros, una de las picadas del barrio Hipódromo Chile, se encuentra El Vallenar, un restaurante de pueblo, tal como lo describe Carlos Aguirre, su dueño hace 35 años. “Yo me hice cargo del negocio a los 24 años, en 1982”, explica el comerciante, quien dice no tener ninguna relación con el dueño del local.

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Restaurant Vallenar – Picada barrio Hipódromo Chile

El caballero que lee el diario en una de las mesas de la cantina, dice que en ese lugar se comen platos sanos, como puré con carne al jugo, tallarines con pollo, prietas con papas cocidas y porotos todo el año.

“En este negocio uno puede ver cuando los vecinos andan bien de plata, porque comen un plato, así como cuando andan al tres y al cuatro, porque se comen una empanada sin bebida”, relata Aguirre, mientras cuenta sobre su trabajo de la vida.

Según comenta el dueño del Vallenar, de la Municipalidad no se han acercado a conversar con él, solo ha tenido contacto con agentes de inmobiliarias que buscan incesantemente al dueño para comprar lo que quede de la expropiación. Carlos con resignación dice que “ya es hora de descansar, probablemente deje de trabajar” para regresar a la ciudad que le dio el nombre a su posada.

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Carlos Aguirre, dueño de restaurant Vallenar

Según dice el urbanista Jorge Inzulza “el llegar a establecer un proyecto con el nivel de impacto como el de la Avenida Independencia, con esos impactos urbanos, necesita previamente de una sensibilización de todos los actores involucrados. En este caso, el municipio debería ser la voz de la comunidad frente a los ministerios, por lo mismo, el trabajo con las comunidades debería ser fundamental para un desarrollo expedito de las obras”.

El alcalde Durán, al ser consultado por la situación de Carlos, plantea que: “probablemente este proyecto pueda afectar un local que no necesariamente tiene un valor patrimonial, pero entendemos el dolor que puede significar para la persona. No existe una manera distinta de ejecutar un proyecto de esta envergadura que no sea generando un impacto en personas y locales”.

“Créeme que no somos indolentes frente a eso, pero somos responsable frente a la ciudad, porque este proyecto tiene un tremendo valor desde el punto de vista de la conectividad”, profundiza en su discurso del progreso.

El arquitecto de la Universidad de Chile, Jorge Inzulza cree “que el urbanismo debería ser comunitario, porque la planificación urbana es la disciplina que debería lograr que cuando se generan proyectos urbanos como una vía estructurante se considere a la comunidad en estudios previos al inicio de las obras”.

Los goles Inmobiliarios de la Nueva Independencia 

Otro de los puntos es la batalla que ganó la empresa SuKsa que construirá uno de sus edificios en la arteria en reconstrucción. Complejo, ya que “los modelos de edificio que ejecuta esta constructora son altamente perjudiciales para el desarrollo urbano por su altura, dimensiones y forma de construcción”, plantea el Edil de Independencia.

Incluso dice “detestarlos como forma de concebir el desarrollo de la ciudad, ya que afectan la calidad de vida desde el punto de vista urbano y de la convivencia”.

Esta constructora obtuvo los permisos de edificación en la administración del Alcalde Garrido, en la que no existía plano regulador de la comuna y bajo cuestionadas operaciones que ampliamente han aparecido en la prensa.

El actual Edil plantea que él no tiene la autoridad para frenar la construcción y lamenta que esta edificación esté en la Avenida Independencia.

Respecto al Mall que se construirá utilizando el edificio patrimonial de la Cervecería Ebner, Gonzalo Durán dice no saber qué empresa se hará cargo de este negocio, sin embargo plantea que se está trabajando en post de la protección del edificio como patrimonio.