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Año IX, 22 de noviembre de 2017

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Política

Back to the Future:
la retro-retroexcavadora de Sebastián Piñera

Víctor Herrero |Lunes 3 de abril 2017 7:17 hrs.

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Detrás de las frases hechas de la derecha se esconde un profundo vacío: Piñera no tiene un plan político que no sea aplicar la retroexcavadora al gobierno de la Nueva Mayoría.

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El candidato presidencial de la derecha chilena, Sebastián Piñera, se está subiendo a la ola ultra derechista que está recorriendo a Occidente de la mano de Donald Trump, el Brexit, el Frente Nacional francés y el auge del nacionalismo alemán.

No sólo utiliza su cuenta Twitter para saltarse los medios de comunicación e imponer “su verdad”, tal como lo hace el Presidente de Estados Unidos, sino que también ha tomado las banderas de la ultraderecha europea para avanzar en su tercera candidatura presidencial.

Mientras que la prensa tradicional chilena sigue obsesionada por la supuesta “izquierdización” del gobierno de Michelle Bachelet con sus reformas, pocos reparan en la “derechización” de la derecha chilena, si es que algo así fuera posible. Pero lo es, y Piñera y sus partidarios lo exhiben casi todos los días. Más allá de cánticos a favor del dictador Augusto Pinochet en la proclamación oficial de Piñera en el parque de la Quinta Normal hace un par de semanas, el ex Presidente no sólo sigue rodeado de los mismos hombres de siempre –varios de ellos involucrados en escándalos de financiamiento ilegal de la política-, sino que se ha rodeado de la camada más reaccionaria de la derecha.

Su rápida proclamación por parte de la UDI, hoy encabezada por una senadora pinochetista, miembro del Opus Dei y que deja que los ejecutivos de las pesqueras industriales de la Octava Región le dicten qué hacer en el Congreso, es un ejemplo de ello.

Pero mientras Trump utiliza un populismo obrero para validarse, tomando prestado el libreto nacionalista de los años 20 y 30, Piñera usa el populismo empresarial y económico del Chile de los años 90 para volver a La Moneda. Mientras Trump apela a la nostalgia industrial de su país, Piñera apela a la nostalgia del crecimiento del PIB chileno.

Convirtiendo la negación al cambio climático en una política oficial de Washington, el multimillonario Trump revirtió varias leyes medioambientales y les dijo a los mineros del carbón estadounidenses que llegó la hora “de volver al trabajo”. Lo mismo pretende Piñera, pero no para los mineros de Coronel y Lota, sino para sus amigos en la Sofofa y la CPC, esta última ahora encabezada por su ex canciller Alfredo Moreno. A diferencia de Estados Unidos la derecha chilena no añora la época de oro de la industrialización, sino que la era dorada en que el mundo de las finanzas y los grandes conglomerados corporativos mandaban sin contrapeso.

Ciertamente, políticas y comunicaciones desafortunadas del actual gobierno han contribuido al envalentonamiento de la derecha criolla. Y eso que unos de sus principales partidos, la UDI, está envuelta hasta la coronilla en los escándalos del financiamiento ilegal de la política y en la cooptación empresarial de las políticas públicas que se debaten y legislan en el Congreso.

La “retroexcavadora” del PPD Jaime Quintana, o el “bajarse de los patines” del ex ministro de Educación y actual titular de la Secretaría General de la Presidencia, el también PPD Nicolás Eyzaguirre, han sido leña seca para la fogata política de la derecha.

En base a ello, Piñera y sus secuaces han lanzado una campaña comunicacional que, en el fondo, promete volver al pasado; el pasado supuestamente glorioso de su primer gobierno (2010-2014). Más allá de que el candidato derechista ha dicho en Twitter que su gobierno será de “grúas” y no de “retroexcavadoras”, detrás de esta filosofía barata y frases hechas se esconde un profundo vacío: Piñera y la derecha no tienen un plan político y público que no sea aplicar una retro-retroexcavadora.

Como recordó el pre-candidato presidencial de la Nueva Mayoría en una entrevista a nuestro medio la semana pasada: “Ese ciclo (de los precios altos del cobre) nos lo farreamos elegantemente en la época de Sebastián Piñera, sin que nadie preguntara en qué se gastó esa plata y dónde quedó. Ahí se gobernó para cuatro años, se sobrecalentó la economía, no hubo ninguna inversión estratégica, incluso, se permitieron niveles de consumo históricos”.

En las últimas semanas, Piñera y sus colaboradores han fijado la típica agenda de la derecha dura de Chile: piden aplicar la ley Antiterrorista en La Araucanía, condenan cualquier cosa que suceda en Venezuela y que emanen de ese gobierno, alaban el crecimiento económico y la teoría del chorreo como el Santo Grial para los problemas sociales de Chile, y, ante todo, defienden la institucionalidad creada por la dictadura de Pinochet porque le ha dado “estabilidad” al país; una estabilidad, claro está, que favorece a sus propios intereses.

Pero, de manera sutil, Piñera y la derecha están aplicando los conceptos de posverdad –antes llamada propaganda política- en sus comunicaciones. En un mensaje de Twitter que el ex mandatario publicó el pasado 24 de marzo afirmó: “Los chilenos son muy inteligentes y no se dejarán engañar con campañas del terror, confiando en aquello de ‘miente, miente que algo queda’”.

Eso de la boca de uno de los mayores especuladores financieros en la historia de Chile, sancionado muchas veces por la Superintendencia de Valores y Seguros (desde la década del 80), y que siempre ha operado al filo de la legalidad. “Miente, miente, que algo queda”. Bien podría ser el eslogan del candidato presidencial de la derecha.