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Ricardo Farrú

Deseos versus realidades: Una camisa de fuerza

Ricardo Farrú | Viernes 7 de abril 2017 16:58 hrs.

La diputada PC Camila Vallejo decidió lanzar una iniciativa parlamentaria para reducir las horas laborales de 45 a 40 horas semanales.

El argumento de la diputada oficialista es que países desarrollados como Dinamarca o Alemania trabajan menos horas y la productividad es mucho mayor, al igual que las horas de uso de tiempo libre de las personas para una mejor calidad global de vida.

Hasta ahí todo es cierto e incluso suena bien, deseable y muy recomendable.

Si extrapolamos esta moción y su correspondiente argumento, Camila Vallejo ha descubierto que el camino al desarrollo y la felicidad dentro del modelo neoliberal, extractivista, oligopólico y depredador imperante en Chile es absolutamente posible y de fácil solución. Rebajar una hora de trabajo diario y en un par de años estaremos a la altura de los países más desarrollados de la OCDE.

Lamentablemente, esta propuesta, no siendo mala desde el punto de vista de poner un tema no menor en el tapete, cual es la baja productividad y la mala calidad de vida de los asalariados en nuestro país, deja fuera de la discusión los aspectos realmente relevantes que impiden, justamente, elevar la productividad y mejorar substancialmente la calidad de vida, ya que si no se cambia el paradigma del modelo de desarrollo, basado en la exportación de cobre sin mayor proceso, astillas, harina de pescado, salmón, vino y frutas, vale decir, industrias donde masivamente son depredadoras brutales del medio ambiente, con excepción del vino y la fruta,  y donde la masa de la fuerza de trabajo no requiere de altos conocimientos, ergo, trabajos mal remunerados, jamás se logrará un productividad mejor a la que tenemos, así en Chile se llegara a trabajar dos horas al mes.

Para que hablar de los niveles de sindicalización bajísimos o del cero aporte de la CUT, máximo organismo de los trabajadores, cooptado y domesticado al nivel de servilismo a los intereses de los gobiernos de la ex concertación, actual Nueva Mayoría, donde los intereses de los trabajadores pasaron a un tercer o cuarto lugar y donde el descrédito de sus dirigentes es similar al descrédito de la casta política en general.

A lo anterior se suma la indignante concentración económica, donde el oligopolio campea, donde pocos son dueños de mucho y donde tenemos el dudoso honor de tener una de las peores distribuciones de ingreso del mundo, con una clase empresarial que se cree con el derecho a estafar a los consumidores cuando, como y donde quiera, ya que para eso cuentan con sus amanuenses en el Parlamento, como se ha comprobado fehacientemente este último tiempo y donde la justicia define que siguen habiendo chilenos de primera y una gran masa de segunda categoría.

Si la diputada hubiera revisado con un poco más de cuidado las cifras, o tal vez, si no estuviera en ese callejón sin salida que es tener a su partido de miembro de una coalición social demócrata derechizada, se podría haber dado cuenta que sólo bajar las horas de trabajo, sin tocar el modelo, no puede tener ningún beneficio para nadie. Sólo una buena cortina de humo para los problemas reales de nuestro país.

Pruebas al canto:

  1. En Chile se trabajan 1.988 horas al año, muy por encima de Alemania u otros OCDE.
  2. Productividad en Chile como horas del PIB: menos de 30 dólares, sólo nos gana México.
  3. Productividad en Luxemburgo 92 USD, Alemania y Dinamarca, 65 y en los países de la OCDE superan los 50 USD por hora.
  4. El 67,8 % de los trabajadores chilenos ganan el en promedio el sueldo mínimo actual de 264.000 pesos.

Pero estos países tienen altos niveles educacionales, buenos estándares de calidad de vida, niveles de sindicalización muy superiores a los chilenos, índices GINI mucho mejores que las nuestros, diferencias de productividad menores entre grandes, medianas y pequeñas empresas, servicios públicos eficientes y constituciones realmente democráticas, al revés de la nuestra, que son efectivos paraguas para los países en su totalidad y no sólo para los minoritarios pero efectivos grupos de poder.

Ergo, proponer como la panacea a la productividad y la mala calidad de vida rebajar unas horas, es un sinsentido que sólo avala la continuidad y la vergonzosa connivencia de la Nueva Mayoría, ex Concertación, con el gran capital y un modelo que sólo terminará con las riquezas no renovables dejando a su paso fortunas para algunos y miserias para muchos, cuando la propuesta debería ser un cambio del modelo actual a uno de desarrollo sustentable, con grandes inversiones en innovación y tecnología, con altas exigencias educacionales para generar productos de valor agregado, como diversificación de la matriz productiva y exportadora, pagando buenos sueldos, y entendiendo la educación, el transporte, la salud y las jubilaciones como derechos naturales del ser humano y no como meros actos comerciales. Mientras eso no se cambie, horas más, horas menos no pasarán de ser más que hormigas en un elefante.