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Juan Pablo Cárdenas S.

TRUMP y una interpelación a nuestros candidatos

Juan Pablo Cárdenas S. | Lunes 17 de abril 2017 8:45 hrs.

Una de las múltiples interrogantes que debieran despejar y sincerar nuestros numerosos candidatos presidenciales es su posición respecto de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, como de sus primeras acciones a nivel internacional. Advertirle al país qué harían ellos desde La Moneda en caso de que resultaran elegidos, cuando un personaje tan insano amenaza a toda la humanidad y, por cierto, la vida misma de todo el planeta.

Con sus recientes bombardeos a Siria, o su decisión de lanzar la bomba no nuclear más poderosa que se haya creado, el desquiciado gobernante pretende agregar todas las acciones militares que estime necesario a objeto de consolidar su plena hegemonía mundial mediante el terror. Pero como si ello fuera poco, recién ha autorizado la caza de especies animales en peligro de extinción, extender el uso del carbón como energético, así como ir caducando todos los acuerdos suscritos por su país para mitigar los efectos del calentamiento global y su secuela de desastres medioambientales.

Durante su campaña electoral se pudo comprobar, además, de que es un sujeto que linda en el racismo, en el desprecio por las mujeres, así como se asume enemigo de aquellos credos religiosos que pudieran oponerse a los intereses de su país, del capitalismo salvaje y del imperio de la ley del más fuerte en las relaciones internacionales.

Se sabe que Trump fue elegido bajo un sistema que presume ser democrático, aunque quienes resulten elegidos para instarse en la Casa Blanca no cuenten necesariamente con la mayoría de los votos ciudadanos. Ello explica que, aun antes de asumir en el cargo,  ya empezaran las protestas callejeras y toda suerte de movilizaciones al momento de rebelarse como un xenófobo y un declarado enemigo de los inmigrantes, al grado de caducarle la visa de ingreso a su país a miles de personas por el simple hecho de haber nacido en algunas determinadas naciones que a su completo e ignorante antojo define como cuna del terrorismo mundial.

Tanto es el peligro que para todos entraña la permanencia de Trump en la Casa Blanca que ciertamente sería recomendable su neutralización a tiempo antes que se nos convierta en un gobernante al estilo de Adolf Hitler, con toda la destrucción que éste ocasionara en Europa, además de aquel espeluznante genocidio que condujera a la muerte de millones de judíos, discapacitados, homosexuales y otros, sin que la comunidad internacional se opusiera a tiempo a sus anunciados propósitos.

Con la existencia de aquel caudillo nazi y otros feroces gobernantes del mundo es que la idea del magnicidio fuera alentada, incluso, por algunas iglesias y líderes espirituales del mundo.  Sin ir más lejos, aquí mismo en Chile, cuando algunos prelados católicos se abrieran a reconocer la legitimidad de un atentado a Pinochet si ello ocasionara un daño menor que el que estaba consolidando con sus sistemáticas violaciones de los derechos humanos, y cuyos crímenes se llegaran a acometer, incluso, fuera de nuestro territorio. En actos que muchos recordamos y la justicia lo dejara posteriormente muy acreditado.

Trump, como nos consta, las ha emprendido contra un país amigo como México, en la idea de imponerle un muro en toda su frontera y expulsar de los Estados Unidos a cientos de miles de personas originarias de este país y que fueran emigrando en busca de trabajo. Sin embargo, ni con esto, los países de nuestra Región, así como el nuestro, han reaccionado con la firmeza y  dignidad suficiente, amparándose en la hipócrita idea de no inmiscuirse en los asuntos de otros países, aunque las acciones norteamericanas nos involucren tan severa y directamente. Cuando al mismo tiempo, por lo demás, nuestro Gobierno y Parlamento no dejan de opinar y sugerir represalias respecto de lo que acontece en Venezuela y en cuya sede diplomática de Caracas hasta se le esté dando hospedaje a un opositor involucrado en actos francos de sedición y violencia.

Entre paréntesis, muy curioso nos parece que un embajador vinculado a lo que fue la Izquierda Cristiana se preste para otorgar un asilo a un controvertido personaje, aferrándose a cualquier precio a uno de los dos o tres cupos que el Gobierno de Michelle Bachelet le ha garantizado a esta colectividad a cambio de sus insignificantes votos. Un partido que alteró su adjetivo de “cristiana” por el de “ciudadana”, seguramente para permitirse mayor relativismo ético.

No es difícil de suponer que un candidato como Sebastián Piñera consienta hasta aquí con lo obrado por el mandatario norteamericano, con quien comparte el título de “magnate” y muchas de las ideas de ultraderecha propias de la UDI y de otros referentes políticos que ahora lo apoyan sin condiciones. Tampoco es muy sorprendente que varias figuras de la Democracia Cristiana y del socialismo que concurrieran a reciclarse ideológicamente en el Departamento de Estado Norteamericano manifiesten tanta pasividad al respecto, cuando al menos debemos reconocerles que su formación intelectual no puede haberlos obnubilado tanto respecto de ese fatídico “imperialismo” que tanto fustigaban en sus años mozos. Es decir, hasta que incorporaron como destino político de sus carreras públicas la posibilidad de alcanzar cargos y medrar, también, en el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, después de ejercer como ministros, subsecretarios o altos ejecutivos de nuestra empresas estatales.

Nos conformaría que al menos desde lo que queda de la Nueva Mayoría o de las expresiones vanguardistas emergentes surgieran posiciones nítidas respecto de los despropósitos de Trump y de la amenaza mundial que encarna su gobierno. Aunque en lo que deberemos confiar, más bien, es que en los países más agredidos por sus incursiones terroristas surjan las acciones para encararlo y ponerle fin a sus aviesos propósitos. Y, si fuera necesario, atentar contra su propia existencia, tan cual lo han venido haciendo con otros gobernantes del mundo los sucesivos presidentes estadounidenses. Incluso ese curioso Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, que hoy se erige como una blanca paloma en comparación a su sucesor.

Se nos ocurre que desde su propio país, donde viven tantas personas que fueron víctimas del horror nazi pueda alguien proponerse acabar a tiempo con esta amenaza mundial que emula a los peores y más sanguinarios gobernantes de nuestra historia. A fin de que la humanidad y nuestro planeta, la llamada  Casa de Todos, conjuren a tiempo los horrores con que ya Trump embiste a toda la humanidad.

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