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Año IX, 20 de septiembre de 2017

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André Jouffé

Piglia, la relación de Descartes y Hitler

André Jouffé | Viernes 21 de abril 2017 7:43 hrs.

El libro “Respiración Artificial” (Ed.Anagrama), escrito en 1980 pero que recién vio la luz este milenio me fue obsequiado horas antes del fallecimiento del escritor argentino ese mismo día.

No soy comentarista literario, pero hay ideas que son interesantes especialmente en esta época siniestra llamada Trump.

Renzi, alter ego de Piglia, conversa con Tardewsky, alter ego de Wiltold Gombrowicz. Este último, diplomático polaco llega a Buenos Aires cuando estalla la Segunda Guerra.

Decide permanecer en Argentina y entregar su talento literario, además de pasear por las dársenas en busca de marineros. Jorge Luis Borges le hace la vida imposible,  cierra todas las puertas intelectuales, especialmente las de Sur y las hermanas Ocampo. Su rencor llega a tal extremo que en su departamento en calle Maipú, en 1987, le pregunto por Gombrowicz y responde despectivamente:

¡Ah!, se refiere al diplomático. Y habían pasado 40 años de su llegada a la Capital Federal.

Los que dialogan concluyen que Arlt escribía mal, pero que una página suya pesa más que toda la obra del cordobés Manuel Mujica Lainez.

Para Tardewsky hubo dos asnos históricos: Ortega y Gasset y Keyserling”.

Dice Gombrowicz-Tardewsky: “Por casualidad cayó en mis manos un libro, “Mi lucha”, de Adolf Hitler, que jamás se me hubiese ocurrido leer. Una lectura de un libro dictado en el castillo de Landsberg en 1924 mientras purgaba una pena de condescendiente prisión, Y comprendí que era el reverso perfecto del “Discurso del Método” de Descartes.

Descartes también era un poco loco y megalomaniaco, un hombre a quien Hitler imita sosteniendo su pensamiento en un férreo sistema de ideas sobre una hipótesis que es la inversión perfecta y lógica del punto de partida de Descartes. Los dos son monólogos de tipos alucinados, dispuestos a negar toda la verdad anterior y crear un sistema imbatible, imperativo e inflexible. “Mi lucha” y el nazismo no es mas que la realización de la tendencia irracionalista de Nietzsche y Schopenhauer. “Mi lucha” es la razón burguesa llevada al limite más extremo y coherente Como la filosofía siempre ha buscado el camino de la realización, ¿Cómo extrañarse  de que Heidegger haya visto en el Führer la concreción misma de la razón alemana?

Poco se sabe de la vida de pintor marginal de Hitler,  ambicioso de convertirse en un pintor de alto vuela. Nada se ha escrito de su primera exposición y de su traslado a París y su participación en la bohemia local.

La svástica aparece con Adolf Lanz fundador de la Orden de Varones integrada por arios, rubios de ojos azules, etc.

Esa conjunción de Hitler, mesiánica con poderosos industriales alemanes parece una paradoja anticipada de lo que va a ser la conjura de Hitler y su pandilla de maniáticos con los refinados círculos de los Krupp, Thyssen y Gerlach.

Otro aspecto desconocido es que Hitler desaparece de Viena durante casi un año entre octubre de 1909 y agosto de 1910.

Kluge investigador paciente y sagaz descubre el secreto: lo hizo para eludir el deber del reclutamiento militar que comprendía esos meses. Su desaparición fue una huida del servicio militar.

“Otro gran contraste, un Hitler, bajito, enjuto, humilde,  todo lo contrario del súper hombre que iba a crear, asiste al café Arcos en Praga, un  lugar de encuentro de la intelectualidad checa de habla alemana. Era un pintor pobre, que se paseaba por lugares vendiendo sus cuados para sobrevivir, un bohemio más que nadie contempla con lo que llegaría a ser. El propio Franz Kafka, quien conversaba con Hitler, se asombra de cómo nadie incluso él, no fue capaz de asociar su discurso, el precursor  de los actos venideros. En 1909 ya estaba perfilados en Hitler los rasgos que habrían de distinguir al fanático y al dictador, un egocentrismo delirante, mezclado con una autocompasión histérica”.

El resto es historia.

Ahora, Donald Trump, millonario, antes careció de un  discurso claro para orientar hacia adonde se dirigía. Hombre generoso y mujeriego en los años noventa, luego de que los Clinton lo introdujeran con muy equivocado tino en la política, apareció otro personaje que nadie asoció con lo que vino y decía y lo que puede provocar.