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Año IX, 17 de octubre de 2017

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EnergíaNacional

Comentario político: En un país sin luz

Juan Pablo Cárdenas |Martes 18 de julio 2017 9:11 hrs.

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Todos pudimos observar este último fin de semana cómo los voceros de ENEL accedieron a los medios para lavarse las manos e imputarle a las autoridades la inexistencia de un plan de desarrollo energético, para quejarse de que no existe un tendido eléctrico soterrado, como para librarse otra vez de su responsabilidad y falta de previsión frente a un fenómeno climático que fuera previsto y anunciado con bastante anticipación.

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Esta vez los cortes de luz a propósito del temporal de nieve afectaron a los barrios más pudientes de la Capital. Quizás por ello provocaron mayor irritación y denuncia pública, cuando ya se asume que todas las desgracias provocadas por las inclemencias medio ambientales corrientemente afectan a las zonas más pobres de Santiago y regiones. Pero ahora los alcaldes de las comunas aquejadas rápidamente convinieron en demandar a las empresas eléctricas a cargo del suministro, aunque en esta oportunidad es evidente que en buena parte fue la acumulación de nueve la que acarreó la caída de centenares árboles que terminaron dañando el tendido eléctrico.

Decenas de miles de personas han estado privadas de electricidad en estos días más fríos del invierno y su protesta, esta vez, no es reprimida por Carabineros, ni criticada por las autoridades en virtud de que los afectados, por lo general, son gente acomodada e  influyente. Nos acordamos, a propósito de esto, de la conmoción que décadas atrás provocara el desborde el río Mapocho frente al barrio de Pedro de Valdivia Norte, zona exclusiva que se viera anegada tal y como habitualmente se afectan las de los pobres sin provocar la conmoción que entonces causara  la de este elegante sector capitalino  y la enorme cobertura informativa que obviamente le brindara la prensa.

En cualquier caso, parece increíble que estos recurrentes cortes de la energía se produzcan en un país que se ufana de su progreso, de su alto ingreso per cápita, como de pertenecer a los países de la OCDE, donde estas catástrofes suceden muy excepcionalmente. Ya se ha señalado que la electricidad en otros lugares es la principal fuente de suministro de los hogares y del funcionamiento de oficinas, edificios, establecimientos comerciales  y otras construcciones, especialmente en las naciones más desarrolladas del mundo.

Sin embargo, estas situaciones nos permiten comprobar la debilidad de nuestro Estado dentro de la institucionalidad vigente. Recordemos que tenemos, incluso, empresas eléctricas que se suponen responsables de haber ocasionado los inmensos incendios forestales del pasado verano, a causa del lamentable estado de sus tendidos. Pero ni así las autoridades de La Moneda han intervenido a estas empresas como hubiera ocurrido en otros países con genuinos gobiernos al servicio del pueblo y sensibles al malestar social. Por cierto que la propiedad de las empresas de servicios tan fundamentales como la electricidad,  el agua, el gas y otras debieran pertenecer al Estado. Sin embargo, menos se comprende que, ante sus despropósitos, no sean reconvenidas como se merecen por su falta de prevención e indolencia hasta criminal por los desastres provocados. Además de estar favorecidos por la impunidad.

No hay duda que podríamos concluir de que somos un país a la deriva de los inversionistas extranjeros, sometidos a un modelo que les permite a los empresarios hacer lo que se les antoje. Incluso para coludirse y estafar a los consumidores, sobornar a la política, controlar los medios de comunicación y hasta orientar nuestra política exterior. La que ha sacralizado el doble estándar para relacionarnos con el mundo, pensando más en los negocios que en la universalidad de los DDHH y los principios del derecho internacional. Cuestión que se grafica en la condena a países cuya solvencia democrática en muy superior a otros en que se violan sistemáticamente la dignidad humana pero nos ofrecen buenas posibilidades de negocios. Como el caso de naciones consideradas amigas por nuestroministeriode RR.EE.

Un país en que nuestras Fuerzas Armadas lo que hacen es proteger las inversiones extranjeras que han ido consolidando su soberanía en todo nuestro territorio. En los yacimientos, en los ríos y lagos, en nuestro ancho océano y hasta en las napas subterráneas o las altas cumbres cordilleranas.  Cuando tenemos autoridades que reconocen que en la Araucanía hay miles de carabineros  dedicados a proteger las propiedades de los empresarios de la zona.  En una “defensa”, sin duda,  demasiado onerosa para nuestro erario nacional y que nos obliga a distraer recursos que podrían orientarse a la prosperidad social y cultural.

Todos pudimos observar este último fin de semana cómo los voceros de ENEL accedieron a los medios para lavarse las manos e imputarle a las autoridades la inexistencia de un plan de desarrollo energético, para quejarse de que no existe un tendido eléctrico soterrado, como para librarse otra vez de su responsabilidad y falta de previsión frente a un fenómeno climático que fuera previsto y anunciado con bastante anticipación. Todo esto mientras las autoridades de gobierno callaban, cuando todos ignorábamos si teníamos o no un ministro de energía y cuyo nombre ni el periodismo era capaz de identificar.  Excepto la irritación de los alcaldes de las comunas ricas que políticamente aparecieron para demostrar su aflicción por lo que le sucedía a cientos de miles de vecinos sin luz y servicio telefónico. Seguramente, con fines más electorales que sociales.

Un pobre Estado es el que estamos, insisto, a la deriva de lo que determinan los verdaderos dueños del país; un país entregado a la suerte de los mercados internacionales. Dependiendo si China y otras naciones siguen creciendo e importando nuestros productos sin valor agregado, dejándonos expuestos a agotar nuestras reservas naturales y renunciar a nuestra propia industrialización a cambio de importaciones manufacturadas que muchas veces cobran en oro su pésima calidad y que en poco tiempo, como los electrodomésticos y otros terminan muy luego en chatarra.

Un país, para colmo, que entregó a precio vil las empresas que nos proveían los insumos esenciales que hoy colapsan en su obsolescencia y ante cualquier lluvia o nevazón.  Un Chile sin estrategia de desarrollo, con una clase política genuflexa y, para colmo, cada vez más inepta e improba.

¡Bien, entonces, por las protestas que anoche mismo surgieron de forma espontánea en barrios y condominios todavía sin luz!. Manifestaciones que se suman al descontento y la vergüenza nacional. Mientras los que debieran asumirse como representantes el pueblo permanecen concentrados en la configuración de sus listas parlamentarias y candidaturas presidenciales. En la pretensión, incluso, de proponer un museo de la memoria para destacar los supuestos éxitos de la democracia que, de verdad, todavía no alcanzamos.

*Alocución radial martes 18 de julio 2017