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Análisis político:

La Ley de Aborto y las lecciones de Bismarck

Víctor Herrero |Martes 25 de julio 2017 7:25 hrs.

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El poderoso canciller prusiano afirmó una vez que “quién se haya enterado de cómo se fabrican longanizas o cómo se hacen las leyes, ya no podrá dormir en la noche”. A la luz de sus dichos, el actual Congreso de Chile parece ser una fábrica de salchichas.

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Otto von Bismarck, el poderoso canciller de Prusia de fines del siglo 19, afirmó una vez que “quién se haya enterado de cómo se fabrican longanizas o cómo se hacen las leyes, ya no podrá dormir en la noche”.

A la luz de sus dichos, el actual Congreso de Chile parece ser una fábrica de salchichas. Es decir, encarna todo lo sucio de un proceso engorroso. El caso que mejor simboliza esta fábrica que no deja dormir a muchos ha sido la Ley de Aborto en tres causales.

Hay elementos obvios de esta suciedad que saltan a la vista. ¿Con qué decoro senadores fuertemente cuestionados por arreglos oscuros para financiar sus campañas o relaciones sumisas a los poderes empresariales se erigen en tutores de la moralidad? Y ello es algo independiente de cómo votaron la semana pasada. Ahí estaban los legisladores de la UDI Iván Moreira, Ena von Baer y Jacqueline van Rysselberghe, o su colega socialista Fulvio Rossi, votando en representación de la ciudadanía.

En esta fábrica de leyes y longanizas hay obreros poco confiables, como lo son algunos representantes de la Democracia Cristiana. Ahí está el senador Patricio Walker, por ejemplo, que votó en contra de dos de las tres causales. Se trata del mismo congresista que a fines de marzo fue sobreseído por la Corte Suprema por el caso de financiamiento ilegal de la campaña del diputado de su partido Iván Fuentes y por el supuesto favorecimiento irregular de proyectos para las pesqueras industriales de Aysén, la región que representa. El hecho de que la fiscalía no pudiera revisar sus correos electrónicos porque, según Walker, alguien se había metido a su computador y los borró, no pareció ser importante para el máximo tribunal.

El maestro de esta cocina es, ciertamente, el eterno senador DC Andrés Zaldívar. El “Chico” ya se había hecho conocido en el país a inicios de septiembre de 1973, cuando como ministro de Economía de Eduardo Frei Montalva, pronunció el entonces llamado “discurso del terror”. En concreto, y haciéndose -tal vez de manera involuntaria- eco del plan Track I de la CIA para impedir que el recién electo Presidente Salvador Allende asumiera el cargo, aseguró que existía una enorme fuga de capitales que ponía en peligro la estabilidad económica del país. Su discurso esta, tal vez por casualidad, en perfecta sintonía con el mandato que en esos días dio el mandatario estadounidense Richard Nixon: “Hagan estallar la economía (chilena)”.

Volviendo a tiempos presentes, Zaldívar maniobró hábilmente para torpedear a cada paso la aprobación de lo que tal vez sea la única ley emblemática que le queda al moribundo gobierno de Michelle Bachelet.

En esta cocina todos meten la cuchara. Cuando el martes 4 de julio los diputados oficialistas se unieron –cosa extraña en estos tiempos- para rechazar el informe sobre el Sename que comprometía a la ex ministra Javiera Blanco, pocos supieron que ello “se cocinó” el día antes en el comité político en La Moneda. En efecto, según fuentes al tanto de lo sucedido, en esa ocasión la DC afirmó que ellos siempre defenderían a los suyos y que si sus socios no estaban dispuestos a apoyarlos, el gobierno se podía olvidar de los votos de ese conglomerado para la Ley de Aborto.

El oficialismo se cuadró, incluyendo a la diputada comunista Camila Vallejo, sólo para constatar unas semanas después que varios demócrata cristianos no honrarían el acuerdo. En fin, era este tipo de cosas que le quitaba el sueño a Bismarck hace casi 150 años.

Pero esta fábrica de leyes-salchichas tiene mucho más cocineros. Según confidenció un importante personero de la DC a una periodista de este medio, la también DC Yasna Provoste comprometió su voto a favor de la Ley de Aborto a cambio de que la nueva intendenta de la Araucanía fuese alguien cercana a ella: la socialista Nora Barrientos.

Parafraseando la franja electoral de Alberto Mayol, el único que no pareció “entender nada” de todo lo que se estaba cocinando fue, curiosamente, el abanderado oficialista Alejandro Guillier. Tras la sorpresiva votación en la Cámara de Diputados la semana pasada, que dejó a varios ministros de La Moneda con la champaña sin descorchar y con las caras sonrojadas por el traspié, el senador y ex rostro de televisión afirmó: “Se sobreentendía que todos estábamos comprometidos”.

Bien le haría al candidato de centroizquierda leer alguna biografía de Bismarck. Además de quejarse de cómo se cocinaban las leyes, el político prusiano también fue uno de los máximos ejecutores de la llamada “Realpolitik”. Después de lograr la unificación del imperio germano a punto de guerras, y de avanzar en una agenda legislativa algo más liberal, Bismarck supo mantener y controlar la paz de Europa por algunas décadas.

Como dijo el historiador británico Eric Hobsbawm, Bismarck “sigue siendo sin duda el campeón mundial del ajedrez diplomático multilateral”. Y eso que la industria de las salchichas y de las leyes le quitaban el sueño.