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Año IX, 18 de diciembre de 2017

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Economía

Bolsa chilena: ¿está sobrevalorada?

Roberto Meza A. |Martes 1 de agosto 2017 16:54 hrs.

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Valen las empresas chilenas del IPSA lo que los actuales precios de las acciones muestran? Una pregunta difícil de contestar en la medida que implica visualizar la eventual rentabilidad futura de aquellas, lo que depende de múltiples factores económicos, políticos y sociales. Sin embargo, pudiera estar ocurriendo en el país una situación similar a la de los mercados bursátiles de EE.UU. donde la relación precio/utilidad ha llegado hasta 19 veces (Dow Jones), impulsada por capitales financieros mundiales sin muchas más opciones de inversión rentable, segura, liquida y de rápida recuperación, dadas la lenta actividad que aún se observa en las naciones desarrolladas.

Luego de la reciente baja crediticia de la deuda chilena por parte de S&P y consecuentes reducciones de las notas como emisor de largo plazo para el BancoEstado y el Banco de Chile por parte de S&P Global Ratings, analistas de Credit Suisse han recomendado vender acciones chilenas y apostar por mejores niveles de valorización en Argentina.

El argumento de Andrew Campbell y Otavio Tanganelli, en un reporte para clientes, es que mayores alzas para los papeles en Chile se ven más difíciles, en la medida que dichos instrumentos han mostrado alzas de 25% en dólares, llevando la cotización a una relación precio/utilidad que se eleva a 17,6 veces, no obstante que los múltiplos históricos de dicha relación están en 15,4 veces, lo que ubica a Chile entre los mercados emergentes más caros.

Y si bien se estima que la elección en noviembre de un Gobierno “pro empresa” mejorará las expectativas para la economía chilena, lo cierto es que tal efecto ya está integrado en los actuales precios de la Bolsa, así como también, el mejor valor promedio del cobre para 2017 estimado desde hace un par de semanas, tras buenas cifras de China, el principal comprador del metal rojo.

Al 31 de julio, la Bolsa de Comercio de Santiago acumula un alza de 22%, guarismo del que han beneficiado fuertemente los afiliados a las AFP en el fondo A de mayor riesgo. Para muchos expertos esta ganancia ha estado vinculada a las expectativas en torno a un cambio en la política, aunque también al mejor estado de los mercados globales, mayores flujos de inversiones hacia la región, proyecciones más optimistas para la economía y las ganancias de las empresas en el segundo semestre. De otra parte, el peso chileno -que se ha apreciado 2,7% frente al dólar este año- es poco atractivo según la valoración de tipo de cambio, dice Credit Suisse, razón por la que se espera que la moneda nacional no de mayores sorpresas, ubicándose en torno a los $670 hacia fines de año.

El aparente techo en los precios de las acciones de empresas chilenas se estaría sincerando así, no obstante que, por ejemplo, los bancos ganaron más de US$ 1.800 millones a junio, las ventas del comercio subieron 5,5%, el cobre acumuló un alza de 5,4% en tres días de julio y superó la barrera de los US$ 2,8 la libra y se espera un buen comportamiento general en la rentabilidad de las firmas del IPSA. Sin embargo, tanto el aumento del desempleo, como el déficit fiscal, endeudamiento estatal y privado en sus límites y la previsible estrechez presupuestaria para el 2018, han minado expectativas de un crecimiento más dinámico en 2018, año para el cual el FMI estima un crecimiento de 2,3%, aún con cambios políticos en el Ejecutivo y el Congreso.

¿Valen las empresas chilenas del IPSA lo que los actuales precios de las acciones muestran? Una pregunta difícil de contestar en la medida que implica visualizar la eventual rentabilidad futura de aquellas, lo que depende de múltiples factores económicos, políticos y sociales. Sin embargo, pudiera estar ocurriendo en el país una situación similar a la de los mercados bursátiles de EE.UU. donde la relación precio/utilidad ha llegado hasta 19 veces (Dow Jones), impulsada por capitales financieros mundiales sin muchas más opciones de inversión rentable, segura, liquida y de rápida recuperación, dadas la lenta actividad que aún se observa en las naciones desarrolladas.

En los hechos, baste recordar que, en Chile, de acuerdo a un reciente estudio elaborado por los investigadores Felipe Martínez y Francisca Uribe y publicado por el Banco Central, el 72% de la riqueza neta del país se concentra en el quintil (20%) más rico de la población. Dicho volumen en pocas manos, desde luego, implica la necesidad de su reproducción a través de la inversión y, por cierto, la Bolsa chilena también constituye un tipo de ahorro con las cuatro claves del detentor de riqueza: inversión rentable, segura, liquida y de rápida recuperación.

Si al dato anterior se agregan los recursos ahorrados en los fondos de pensiones por millones de trabajadores afiliados a las AFP, el volumen de colocaciones potenciales posibles en las empresas chilenas en las que dichas administradoras están autorizadas a invertir, constituye un vigoroso seguro de valor y estabilidad de precios.

En efecto, las AFP, en la búsqueda de la mayor rentabilidad posible para los fondos, colocan dichos ahorros en alrededor de 14 mil empresas de Chile y el mundo. El fondo total actual es de unos US$ 180 mil millones. De ese monto, alrededor del 60% está en instrumentos de renta fija (instrumentos de deuda más seguros y a tasa fija) y 40% en renta variable (acciones o instrumentos representativos de capital más riesgosos). Asimismo, casi 61% de las inversiones se concentran en Chile y 39% en el extranjero. Es decir, se trata de un volumen de recursos que, junto a las inversiones de particulares con alto patrimonio y la caída de la inversión en la economía real de los últimos años, bien pudiera explicar la actual aparente “sobrevaloración” de la bolsa chilena, aupada, además en los últimos meses, por ingentes recursos de inversionistas extranjeros, hecho que, a su turno, permite poner paños fríos sobre el impacto que una salida de capitales externos desde aquella hacia Argentina pudiera tener en su actualmente solida actividad y crecimiento.