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Año IX, 17 de octubre de 2017

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Antropoceno, Requiscat In Pace (R.I.P)

Alfonso Madrid E. |Miércoles 2 de agosto 2017 7:56 hrs.

antropoceno

El gran debate iniciado a comienzos del siglo XXI a partir de la proclamación de un nuevo periodo en la historia del planeta, y de cuando habría comenzado ésta, ha llevado por los varios años recorridos de este siglo, a no considerar en su verdadera importancia y dimensión la aparición de un nuevo concepto, el Capitaloceno.

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Ya se ha sostenido en otras oportunidades que la creencia básica de nuestra sociedad, casi nunca formulada de manera explícita, que la tecnociencia prevalecerá sobre todo en las leyes de la física y la biología. Sin esa creencia incrustada en el inconsciente colectivo no podría aflorar, ya casi en calidad de fe, en el llamado crecimiento económico sostenible, generado en lo más recóndito de la práctica cultural occidental cristiana, e incorporada en la retórica del poder, como “progreso”. Es una creencia profundamente irracional que la clase dominante, alimenta, fortalece y proclama como verdad absoluta.

De esta manera y basados en esa patética creencia del progreso, el capitalismo sigue produciendo cambios siniestros e irreversible en los límites planetarios, los que a su vez, impactan a diario en el mundo entero.

En la actualidad, y relacionado con uno de los limites planetarios, el calentamiento global o cambio climático, fuentes de la la estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) por sus siglas en inglés, organismo internacional dedicado al monitoreo de la temperatura del planeta, nos ha impactado con preocupantes noticias: marzo de este año 2017 ha marcado un hito al ser el primer mes en 1.647 meses, en el registro de 137 años, en que las temperaturas globales sobrepasan 1oC la media del siglo XX, ya elevada por el calentamiento global, en ausencia del fenómeno del niño, que en 2016 fue muy potente. Ha sido el segundo marzo más caluroso en los 137 años. Es evidente que el calentamiernto global se está acelerando y que numerosos bucles que lo realimentan positivamente están reuniéndose para ello. Tenemos así la disminución del albedo (1), aumento del metano por el fracking (2) la fusión del permafrost (3) y el aumento acelerado del CO2 por diversas causas.

Hoy, prácticamente nadie con conocimientos y experiencia de vida, en cualquier lugar de nuestro planeta Tierra, debiera dudar de que la causa del calentamiento, además si aceptamos las “causas naturales”se debe al incremento de “causas artificiales”, producidas, por ejemplo en la actividad agro-industrial, que ha desatado el capitalismo. Por otra parte, y que quisiéramos destacar, se omite el designio del capitalismo y se argumenta y defienden teorías y conclusiones diversas, que confluyen en establecer y propagar una falacia donde se postula de que somos todo los seres humanos, sin excepción, los culpables de haber conducido al planeta a una nueva era geológica, el Antropoceno. Del griego antropos, hombre, y de kainos, nuevo, queriendo decir algo así como la “nueva época del hombre”, de la que todas y todos los seres humanos que habitamos el planeta y los que seguirán naciendo somo culpables.

Requiescat In Pace (R.I.P) Antropoceno

La agnotología es el estudio de la ignorancia o duda culturalmente inducida, particularmente en la producción de datos científicos poco detallados o sesgados. El neologismo lo acuñó Robert Proctor, un profesor de la Universidad de Stanford en EEUU especializado en la historia de la ciencia y la tecnología. El debate actual sobre el inicio del periodo Antropoceno bien podríamos introducirle dentro del campo de la agnotología ya que además de ser un problema geológico, antropológico, ecológico, biogeofísico o atendible solo desde las exclusivas ciencias de la Tierra, es hoy  un caldo de cultivo para difundir falsas soluciones del capitalismo verde y también para construir todo un aparataje pernicioso, distractor y que se une, aún a tiempo, y a último momento en este juicio al capitalismo, único culpable de la inevitable extinción de nuestra especie en el planeta.

Homo sapiens: ¿el anthropos culpable?

A estas alturas del debate y discusión acerca de la culpabilidad de Homo sapiens del estar viviendo en un periodo de la historia geológica bautizada por Paul Crutzen, químico holandés, a comienzos de siglo, como Antropoceno, la era del hombre, no cabe duda de que esta simple denominación ha servido para poner en tela de juicio, y proceder a una definición operacional en lo que se refiere a conceptualización en la vida del ciudadano común, despertando, en éste y en ésta, el legítimo derecho de cuestionar la propia realidad, presa de una conceptualización y terminología, siempre distante que no entrega asidero alguno al cuestionamiento del aparataje de dominación del conocimiento, para bien de la humanidad y el de nuestro planeta.

Han sido innumerables los biólogos, climatólogos, geólogos, geógrafos, antropólogos que responsabilizan a nuestra especie como un todo y apuntan a que nosotros hemos sido destructivos desde que existimos. Asi podemos mencionar al biólogo norteamericano Edward Wilson al paleontólogo Richard Leakey, al bioquímico Roger Lewin, quienes por ejemplo, estos dos últimos, sostienen en el mismo sentido el que Homo sapiens está maduro para ser el destructor más colosal de la historia del planeta, solo superado en su magnitud por el asteroide gigante que chocó con la tierra hace sesenta y cinco millones de años, barriendo en un instante geológico la mitad de las especies de ese entonces. Cabe destacar que en la obra de ambos autores últimamente mencionados llamada : La Sexta Extinción. El futuro de la vida y de la humanidad, no se menciona, así como en una gran mayoría de autores, al capitalismo como si este no existiese. Corroborando esto último la afirmación del crítico y teórico literario Frederick Jameson de que “es más fácil imaginar el fin del mundo, que el fin del capitalismo”.

El gran debate iniciado a comienzos del siglo XXI a partir de la proclamación de un nuevo periodo en la historia del planeta, y de cuando habría comenzado ésta, ha llevado por los varios años recorridos de este siglo, a no considerar en su verdadera importancia y dimensión la aparición de un nuevo concepto, el Capitaloceno.

La noción de Antropoceno no da pie para diferenciar responsabilidades y no tiene en cuenta la existencia de unas relaciones sociales, profundamente desiguales, injustas y explotadoras, característica esencial del capitalismo. Podría decirse que el Antropoceno comenzó en los últimos años del siglo XVIII, cuando los análisis del aire atrapado en el hielo polar muestran el principio de las concentraciones globales de CO2 y metano. Esta fecha coincide también con el diseño de la máquina de vapor en 1784.

Con lo anteriormente expuesto resulta totalmente lógico y atendible el que al existir una simetría temporal, se utiliza y se enfatiza una noción genérica que comprende a los seres humanos en su totalidad, en el pasado y en la actualidad, como si en efecto toda la especie Homo sapiens fuera igualmente responsable de la tremenda transformación destructiva del planeta Tierra. Habría que resaltar, y seguir cuestionando de manera implacable, lo que sostiene el eximio historiador colombiano Renan Vega Cantor : “¿Si el capitalismo es el modo de producción dominante a nivel mundial y se reconoce la coincidencia plena, de tipo histórico y cronológico, de lo que se denomina Antropoceno con el origen del capitalismo, porqué se emplea ( y se sigue haciendo) un nombre tan sugestivo como el mencionado?

A juicio de Vega Cantor, con el que concordamos, es hora de empezar a hablar de Capitaloceno, que significa “la época del capitalismo”.

Como consecuencia de la expansión mundial del capitalismo aumentó la producción de CO2, metano (CH4), se disminuyó la capa de ozono, se incrementó la temperatura promedio en el planeta, disminuyó la biodiversidad y se abre paso a la sexta extinción de especies.

Un gran hito hoy ,aceptado por una gran parte de científicos, que muchas veces desde torres de marfil, nos hablan y proclaman el Antropoceno, está la llamada Gran aceleración (economica), el fordismo (4), camino a un punto sin retorno, que comienza en los años 1930 y tiene un segundo momento a fines de la década de los 1980, en el siglo pasado cuando se globaliza el capitalismo tras la corta experiencia del socialismo real. La denominación de gran aceleración” no puede ser entendida en algún otro contexto si no hace referencia al

capitalismo puesto que un elemento central en la lógica de éste, que es la aceleración temporal y la contracción del espacio, una constante.

El asunto del tiempo, en el capitalismo, es decisivo a la hora de considerar la manera como este produce alteraciones irreversibles. Resaltamos la búsqueda de ganancia inmediatas al tiempo, sin medir consecuencias. Si utilizamos una escala temporal en el proceso natural de la vida sobre la tierra constatamos el que estos tiempos son de muy larga duración, a menudo de millones de años, mientras que por otra parte, el tiempo del capitalismo es fugaz e instantáneo. Siguiendo esa lógica, cuanto más rápido se gasten los bienes comunes de la naturaleza se incrementará el crecimiento económico suponiendo que eso traerá más progreso, desarrollo y bienestar…a toda una genérica e hipotética humanidad.

Las características del capitalismo, su lógica de funcionamiento explican que se haya convertido en una fuerza destructiva, que agrede mortalmente a la totalidad de nuestra especie y destruye la naturaleza, dando origen así al capitaloceno, la época del capitalismo. El capitaloceno hace referencia a un periodo de tiempo reciente, una nueva era geológica, y a una categoría analítica y explicativa a la que debemos responder organizadamente desde nuestras propias experiencias. Nuestro enemigo es una hidra gigante, es un conjunto de procesos cuyo nexo articulador sigue siendo la existencia y el predominio de la relación social capitalista, la que desde el mismo momento de su génesis, como “capitalismo de guerra”, siguiendo a Vega Cantor en el siglo XVI, en parte de Europa y que luego se expande por el mundo entero durante los últimos siglos, adquiriendo fuerza e impacto mundial tras la revolución industrial a fines del siglo XVIII.

El concepto capitaloceno está dirigido a explicarnos, y no a confundirnos, de las bases de funcionamiento del capitalismo y sus atrocidades sobre el planeta. Está fundamentado sobre una realidad que no calza con la tradicional denominación de Antropoceno, erigida sobre una epistemología de génesis occidental y hoy en dia marcadamente eurocéntrica. A pesar de que el periodo capitaloceno es breve, tiene la enorme y gran significación de las transformaciones que ha generado y hoy comprobamos, en su carácter de irreversibles al ser sinónimo de destrucción de nuestro planeta Tierra.

Allá por el año 1998 el egregio historiador latinoamericano ya citado, Renan Vega Cantor, nos hacía saber en su obra Tyrannosaurus Rex y el cráter de la muerte que el capitalismo es “una fuerza geofísica global”, que puede catalogarse como un nuevo meteorito de origen social, similar al que se estrelló contra el Golfo de México hace 65 millones de años y que produjo la quinta extinción de especies y arrasó con el 90 por ciento de la vida que por entonces existía en el planeta Tierra”

En el estadio actual en que nos encontramos los seres humanos en el planeta Tierra, sobrepasando los límites planetarios a velocidad vertiginosa, resulta poco importante si el capitaloceno se le concibe como una época histórica o una era geológica y menos importante aún si en el presente no pueden leerse los registros estratigráficos que puedan demostrar su existencia ante un verdadero tribunal mundial como lo es la Comisión Internacional de Estratigrafía de la Unión Internacional de Ciencias, instancia a la que presentarán a futuro, para sancionar el fruto de un exhaustivo trabajo de varios años, el Grupo de Trabajo del Antropoceno (AWG) por su sigla en inglés, y quienes determinarán, según encargo, si el planeta Tierra se encuentra ya en el fin del Holoceno, inaugurando definitivamente su paso al Antropoceno.

Lo verdaderamente importante de este tremendo esfuerzo científico, para el ciudadano común, es el sentido político del concepto y la toma de posición colectiva que debiese gatillar a la inmediata realización de una práctica, en todo el planeta y en diferentes territorios impactados, para corregir nuestras formas de vida, que debieran estar basadas en experiencias indiscutiblemente sabias de nuestros ´pueblos originarios de todo el planeta, y lo que se rescata de estos en disciplinas y activismo en su plenitud de los hoy conocidos conocimientos ecosocialistas, feministas, antipatriarcales, y por sobre todo, anticapitalistas, dejando paso a las

innovaciones y a la sabiduría milenaria de nuestros pueblos originarios y a las experiencias de cambios revolucionarios que hemos vividos en América Latina.

Una accionar común que podríamos impulsar y por ende enfatizar en la actualidad, es proclamar de manera activa y creativa el empleo del término o concepto de capitaloceno, incentivando con esto a una autoeducación colectiva y permanente para ir viendo razones y causas que producen la destrucción de formas diversas de vida, donde se encuentra lo que hemos denominado naturaleza , y por sobre todo encontrando soluciones para una forma colectiva de vida feliz, sea esta a corto, mediano o largo plazo, y que por desgracia, ya debemos reconocer, ya no existe otra elección para nuestra especie.

1) El albedo es la reflectividad de la superficie terrestre y se refiere a la energía reflejada desde la Tierra al universo.

2) Fracking es una técnica que permite mejorar la extracción de gas y de petróleo del subsuelo. Para ello, se inyecta a presión algún material en ese suelo, de modo que las fracturas que ya existen en las rocas del interior de la tierra aumenten y liberen el gas o el petróleo, que saldrá hacia el exterior

3) Permafrost, parte profunda del suelo de las regiones frías permanentemente heladas

4) El fordismo es un modo de producción caracterizado por hacer que la misma se realice en serie o en cadena. Su nombre deriva de uno de sus progenitores ideológicos, Henry Ford.

*Antropologo e investigador de los límites planetarios