Diario y Radio Uchile

Año IX, 17 de diciembre de 2017

Escritorio

Museo de la Democracia

Rafael Cárdenas |Cartas al Director |Jueves 3 de agosto 2017 7:48 hrs.

Señor Director:

La idea de un “Museo de la Democracia”, que tanto entusiasma al expresidente Piñera y sus cercanos, a mí más bien me lleva  a la melancolía. Cuando han transcurrido 44 años del golpe de Estado que acabó con la democracia construida al alero de la Constitución de 1925 y aún no la recuperamos en plenitud, o sea, no alcanzamos el nivel de democracia representativa previo al quiebre institucional, sino, antes bien, seguimos regidos por la tramposa institucionalidad binominal y contramayoritaria que nos impuso la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet, es más bien el país en su conjunto el que se ha convertido en un museo de la antigua democracia arrebata en 1973.

El museo que se nos promete, sin embargo, no está destinado a mostrarnos la democracia que fuimos antes del golpe de Estado, sino la “democracia protegida” de Jaime Guzmán que instauró la Constitución de 1980 y  por cuya derrota y reemplazo la ciudadanía viene manifestándose electoralmente en forma ininterrumpida desde 1988. Esta espuria y tramposa institucionalidad tiene por norma y principio el reemplazo del principio mayoritario que rige en toda democracia representativa y su sustitución por la política de consensos a que lleva el forzado empate en la representación producto del fraudulento sistema electoral binominal (33%=66%) y demás mecanismos contramayoritarios de la Constitución de 1980.

Este empate forzado entre la fuerza gobernante y la minoría opositora con poder de veto, es el que tanto agrada al expresidente porque ha sido la base del “aliancertacionismo” que ha regido desde 1990, es decir, el gobierno consensual entre las cúpulas de las dos coaliciones que se han repartido el poder bajo este régimen: la que gobernó con Pinochet y la que lo derrotó en 1988, ambas actualmente volcadas  hacia la defensa del statu quo de 1980 y de espaldas al sentir ciudadano expresado repetida e inútilmente en las urnas durante 30 años.

Para cualquier demócrata, un “Museo de la Democracia” en Chile que se centre en la nunca acabada transición posdictatorial a la democracia despreciando toda nuestra historia institucional previa, es una ridiculez. Aunque un voluntarista Patricio Aylwin haya dado por exitosamente finalizada la transición a la democracia al inicio de su administración, ello estaba tan lejos de la realidad como aquellos “primeros 20 días en que hemos hecho más que la Concertación en 20 años” al decir de un recién asumido presidente Piñera en 2010.

Si Sebastián Piñera persiste en su último fetiche con este museo, que le ponga el nombre adecuado: Museo de la Democracia Protegida, aquella que ha regido en la moribunda República Aliancertacionista de Chile, 1989-2014.

 

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