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Roberto Meza A.

Crecimiento y gasto fiscal 2018

Roberto Meza A. | Miércoles 9 de agosto 2017 19:51 hrs.

Es un hecho que la economía chilena va a crecer este año del orden del 1,4%-1,5%, muy por debajo de lo que los especialistas llaman “crecimiento potencial”, el que, para 2018 ha sido ubicado en un débil 2,8%, si es que los parámetros con los que están previendo dicha cifra se cumplen, y si los hechos futuros se van acomodando a perspectivas de mayor actividad, una decisión que depende en gran medida de la confianza de empresarios y hogares, en lo interno, y de la recuperación de las principales economías del mundo, aunque tal reactivación también tenga riesgos para Chile, en tanto alzas de tasas y, por consiguiente, de su deuda fiscal y privada.

Para efectos del Presupuesto Nacional 2018, el 97 % de una cuarentena de expertos consultados por el Diario Financiero se inclinó por un resultado de incremento del PIB inferior a 3% y la mayoría (46,2%) apuntó a un rango entre 2,6% y 2,9%, al tiempo que el mayor número de aquellos espera que el precio promedio del cobre llegue a entre US$ 2,6 a US$ 2,69 la libra, aun cuando expertos en este mercado -más optimistas- estimen que una presión de demanda china, como en las últimas semanas, podría elevarlo hasta US$3 la libra por un buen tiempo.

En todo caso, con tales parámetros, la expansión del gasto público en el próximo ejercicio estará limitada y, desde luego, un 47,4% de los analistas apunta a un incremento techo de entre 2,6% y 3%. Mientras, otro 36,8% lo ve incluso por debajo de ese nivel, mientras que, en 2017, este gasto crecerá 4%, según el Ministerio de Hacienda. Para estos efectos, además, no se debe olvidar el impacto en el gasto que tendrá la próxima negociación de remuneraciones del sector público y que se ha iniciado con una petición de reajuste del 7%.

De allí que la mayoría de los expertos consultados, así como las autoridades económicas, hayan puesto sistemático énfasis en la prudencia respecto del manejo fiscal, una variable que sigue estando en la mira de las clasificadoras de riesgo y dentro de las cuales Chile ya tuvo una primera rebaja en su nota crediticia por parte S&P, no obstante que analistas internacionales no prevén nuevas reducciones en el corto o mediano plazo por parte de otras agencias.

Las advertencias están, además, vinculadas a expectativas negativas respecto de los flujos de divisas hacia los mercados emergentes, en donde los argumentos contra aquellos han cobrado fuerzas en las últimas semanas, estimulando a inversionistas a retirar de aquellos US$ 680 millones del fondo cotizado en bolsa iShares JPMorgan USD Emerging Markets Bond el pasado mes de julio, el monto más grande que jamás haya salido.

La razón del fenómeno es que los operadores, tras un alza de 18 meses, estiman que el aumento de los rendimientos en los mercados desarrollados, desde EE.UU. a Alemania, podría causar estragos en los primeros, similar al llamado “taper tantrum” de 2013, cuando las monedas de las naciones en desarrollo se depreciaron 14% y los bonos locales perdieron en promedio 7,3%, según datos de Bloomberg. Los optimistas, empero, afirman que perspectivas para un crecimiento más rápido de mercados emergentes, menor déficit de cuenta corriente y contextos políticos estables, apoyan los bonos de países en desarrollo, incluso después del esperado aumento de las tasas en EEUU y Europa.

Para Chile, aun cuando su economía se ubica entre las mejores de A. Latina y, por tanto, los efectos financieros tienen menos impacto, la razón de la baja actividad estimada apunta a la reducida inversión estimada, al tiempo que su fuerza de trabajo crece poco o nada y solo un empujón tecnológico, que no se observa en el horizonte, podría contribuir a un mejor PIB potencial, según los analistas.

Así las cosas, a poco del próximo Gobierno, éste deberá enfrentar un país con claras restricciones, hecho que también impactará en los gastos de libre disposición con los que contará la nueva administración. En este sentido, economistas encuestados se inclinaron porque el gobierno actual deje al siguiente una cifra de entre US$ 550 y US$ 650 millones, considerado como un mínimo razonable para permitir que el próximo Ejecutivo tenga alguna holgura en asignación de sus prioridades.

Así y todo, buena parte de los analistas estiman que, independiente de quien llegue al gobierno, el próximo Gobierno no podrá postergar la necesaria revisión de la actual distribución de gastos y avanzar hacia la reasignación de fondos, así como a una revisión de la calidad del gasto público, donde, a juicio de los entrevistado, se observa aún “mucha grasa -asesores, burocracia- y planes de baja rentabilidad social”.

Un crecimiento del orden del 2,7% para 2018, por lo demás, no genera ingresos fiscales suficientes como para acelerar un mayor gasto estatal y las perspectivas de mayor endeudamiento siguen limitadas, al tiempo que, en paralelo, merced a la campaña presidencial han emergido con fuerza una serie de nueva áreas de gasto social con fuerte impacto electoral y que quedarán en el área de visibilidad de los votantes, razón que pareciera explicar, política y técnicamente, la polémica frase pronunciada por el ex Presidente Lagos al señalar que la principal tarea es hoy el crecimiento…lo demás, es estadística promedio.