Diario y Radio Uchile

Año IX, 16 de diciembre de 2017

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Derechos Humanos

Sin banderas, una crónica sobre la marcha por Santiago Maldonado

Antonia García Castro |Sábado 12 de agosto 2017 10:16 hrs.

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“Por favor: esta convocatoria es sin banderas, esta convocatoria es por la aparición en vida de Santiago Maldonado y levantaremos su foto”. Y ahí estaban esos aparatitos modernos que la cana de hoy usa para filmar y filmaron: el rostro del joven Santiago Maldonado, desaparecido desde hace diez días, en Chubut, en el marco de un violento operativo dirigido contra la comunidad mapuche Pu Lof. Su foto levantada por muchas personas, ¿cientos de personas? ¿Miles? Estaban presentes las Abuelas, las Madres. Hubo discursos. Entre ellos, las palabras que hizo llegar Milagro Sala, presa política. Habló la familia de Santiago Maldonado, su hermano, su cuñada. Con ternura. Con amor. Con coraje. Con convicción.

Claves:

Lo más impresionante (a mis ojos) fue el repliegue de las banderas. La consigna sin embargo había sido clara: presentarse en plaza de Mayo sin banderas. El CELS puso a disposición de quien quisiera una foto con una pregunta: ¿dónde está Santiago Maldonado? En eso consistieron los preparativos. En descargar, imprimir e improvisar, con mayor o menor destreza, un cartel o una pancarta. Digo bien. Una pancarta.

Ninguno de los que estaba en la plaza era familiar (los familiares estaban, más precisamente, en el escenario), pero todos se sentían concernidos. Involucrados. Tocados. Llovía. Entre la lluvia y la hora de la convocatoria, todo se hacía difícil. Sin embargo, las personas, los habitantes de esta ciudad lograron –una vez más– hacerse presentes. Lo hicieron como es costumbre. Como durante un largo siglo ha sido costumbre: con banderas. Y como es tradición, en este país, las había grosso modo de dos colores: celestes y rojas. La más grande de todas, hoy, en la plaza, era roja, y en algún lugar de la bandera se leía la palabra “marxistas”. De ahí que una señora se atreviera: ¡Que se corran los marxistas! ¡No vemos nada!

Al rato, desde el escenario hubo un pedido en ese sentido. Dirigido no a esa bandera sino a todas las banderas presentes. Luego un segundo, un tercero, un cuarto. “Por favor: esta convocatoria es sin banderas, esta convocatoria es por la aparición en vida de Santiago Maldonado y levantaremos su foto”. Y ahí estaban esos aparatitos modernos que la cana de hoy usa para filmar y filmaron: el rostro del joven Santiago Maldonado, desaparecido desde hace diez días, en Chubut, en el marco de un violento operativo dirigido contra la comunidad mapuche Pu Lof. Su foto levantada por muchas personas, ¿cientos de personas? ¿Miles?

Costó. Finalmente, la bandera más grande, la roja, se replegó. Y quienes la llevaban cambiaron de lugar. No se retiraron de la plaza. Permanecieron ahí. Con respeto. Justo frente mío y por eso pude mirarlos. En equilibrio precario (yo) en una de las fuentes de la plaza, mientras pensaba: ¿es ésta una de las fuentes? ¿Una de las fuentes del 45? ¿Una de las fuentes de “las patas en la fuente”? Vale decir: ¿un emblema de las luchas del pueblo peronista?

Desde esa posición, que varios compartimos, también se podía ver como otros replegaban sus banderas celestes, y otras de otros colores, con sus mensajes. Y toda esa gente que había ido sola, sin banderas, algunos con sus hijos (pequeños), y no muy lejos del escenario, se veía eso: un padre agachándose para decirle algo a su hijo, poniendo quién sabe qué palabras sobre el hecho que nos convocaba, mientras del escenario se decía una vez más en qué consistía la figura de la desaparición forzada de personas.

Y de pronto… las fuentes echaron agua. Chorros de agua. Como si nada. Como si fuera cualquier día de la semana. Como si todos los que estábamos ahí, en los bordes, hubiéramos estado de paseo en Plaza de Mayo. Se escuchó clarito, fue un grito unánime: –¡Hijos de puta! Pero nadie cambió de lugar. (Quizás se pensaron que los presentes no tenían experiencia con las fuentes… se equivocaban).

Estaban presentes las Abuelas, las Madres. Hubo discursos. Entre ellos, las palabras que hizo llegar Milagro Sala, presa política. Habló la familia de Santiago Maldonado, su hermano, su cuñada. Con ternura. Con amor. Con coraje. Con convicción.

Para cerrar, dos acotaciones.

La primera. Se entenderá que el encuentro estuvo marcado por la vida. Se requiere a un ciudadano en vida y vida es también lo que había alrededor. Sin embargo, hubo un discurso político y ese fue, además del mensaje de Milagro Sala, el de Santiago mismo: las palabras escritas por Santiago, en algún momento, que su hermano eligió leer y que subrayan la naturaleza de la lucha. Los poderes enfrentados. Las mentiras organizadas, entre otros temas evocados. Y el grito final del hermano: “Santiago, ¡te quiero ver!”

Por lo mismo, porque nadie ignora nada, resultó tanto más conmovedor asistir al lento repliegue de las banderas: no como retirada sino como comprensión del momento que se está viviendo. Una vez más la Plaza de Mayo fue escenario de un encuentro crucial, de gestos cruciales. Y una vez más: nos encontramos unos junto a otros, como si todo, absolutamente todo, debiera ser hoy cuestionado, reaprendido. Repensado.

La segunda. Entre las cosas que se escuchó hoy en la Plaza: el pedido de renuncia de la ministra de seguridad, Patricia Bullrich. Muchos saben y también se escuchó que habrá que ir por más. Juicio y verdad. Pero toda la verdad. Toda la verdad y nada más que la verdad. En este caso, que nos retrotrae a uno de los peores períodos de nuestra historia, y en cada uno de los casos no esclarecidos desde entonces. Y si corresponde: castigo.