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Año IX, 20 de septiembre de 2017

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Juan Pablo Cárdenas S.

¿Usted cree que las encuestas mienten?

Juan Pablo Cárdenas S. | Lunes 4 de septiembre 2017 7:38 hrs.

Todas las encuestas que se difunden por los medios de comunicación le asignan a Sebastián Piñera una contundente ventaja electoral sobre sus competidores presidenciales. Aunque hay algunos que piensan que el candidato del Chile Vamos incluso podría imponerse ya en la primera vuelta con la mayoría absoluta, hasta el mismo Piñera prevé, sin embargo,  que habría una segunda contienda electoral entre él y el candidato que le siga.

Se buscan afanosamente razones para explicar la ventaja de Piñera,  y se encuentra también inconcebible que en algunos sondeos aparezca como el más honesto, el más probo y de mayor credibilidad. Lo que representa el rotundo fracaso de todas las acciones para desacreditarlo, imputarle  negocios al margen de la legalidad y el mismo hecho que, cuando gobernó, los problemas del país se mantuvieron más o menos igual o incluso empeoraran. Tanto  que tuvo que transferirle la Banda Presidencial por segunda vez a una Michelle Bachetet.

Se explica esta sólida ventaja piñerista es la división manifestada, sin duda,  en la todavía llamada Nueva Mayoría, compitiendo ahora con dos candidatos presidenciales y listas paralelas al Congreso Nacional y a los consejos regionales. También es obvio que influye en esta ventaja la crónica división de los sectores de izquierda o progresistas. La presencia de esos 3 o 4 candidatos, partidos, movimientos, “sensibilidades” e, incluso otras ridículos e indescifrables siglas. Supuestos líderes que contribuyen, con su envanecimiento y desmedidas ambiciones a la ventaja que les lleva Piñera por lejos.

Cualquiera sea el escenario de una segunda vuelta, la verdad es que la primera opción la tiene el expresidente y candidato empresario. Más aún si consideramos su fortuna personal, el hecho de ser uno de los personajes más ricos de Chile y del Planeta.  Claro: es obvio que en un país de tan deteriorada cultura cívica, la influencia de la propaganda, el cohecho y de los más poderosos medios informativos es muy determinante.

Los que verdaderamente gobiernan y controlan nuestra economía, para colmo, ya se convencieron de que Piñera es el que puede triunfar, una vez descartado Ricardo Lagos y otras figuras de la Concertación que consideraban menos riesgosos para sus intereses, por la explosiva situación social que podría derivarse de su victoria.

Lo más grave en todo esto es cómo con la ventaja de Piñera se puede comprobar la derrota ideológica de quienes sucedieron a la Dictadura y asumían posiciones vanguardistas. Que millones de chilenos le den credibilidad a eso de que el simple crecimiento de la economía puede generar más trabajo, mejores salarios pensiones dignas, cuando los niveles de desigualdad se pronunciaron, incluso, cuando el país crecía a 6 o 7 por ciento. Que se acepte que el crecimiento puede materializar inversiones que no depreden nuestro medio ambiente. Y que en esa discusión hayan caídos dos ministros del gabinete presidencial, porque es en todo el oficialismo donde más han penetrado las ideas neoliberales que encarna el propio Piñera, los partidos que lo apoyan y, desde luego, la clase empresarial.

El fenómeno se llama derrota ideológica, estimados lectores. Un fracaso se explica en que los partidos y referentes que debieran procurar las reformas y defenderlas, solo estén preocupados en acceder al poder, retener sus cargos bien remunerados y sus más diversos privilegios. Más que representar efectivamente al pueblo, las demandas de las organizaciones sociales, la justa lucha indígena de la Araucanía, así como la necesidad y cometido ético de cultivar nuestras buenas relaciones vecinales.

Así como factor importante en todo esto es la corrupción entronizada transversalmente en la política y las instituciones públicas. Desde el MOP GATE,  pasando por el caso Caval, Penta y Soquimich, para rematar en los delitos cometidos en Carabineros, con cientos de  policías y civiles  ya formalizados por la Justicia.

A todo lo que debemos agregar, por supuesto, la inmensa concentración informativa en los diarios, canales de TV, la radio y hasta en el periodismo digital. Una herencia nefasta de los gobiernos de la Concertación y que –además- es la responsable del desinterés ciudadano por la política, e incluso su desencanto respecto de la democracia misma como forma de gobierno. La opción de tantos millones de chilenos hacen por los gobiernos fuertes, que apliquen la Ley Antiterrorista o la represión a toda forma de descontento social. Que no se asuma, asimismo, que la delincuencia, el narcotráfico y otras lacras se derivan de la falta de oportunidades laborales y de la miseria en que a muchos se los condena en nuestro país.

En un Chile, además, cada vez menos tolerante, menos republicano y mucho más desigual entre los que ganan tanto y los que apenas sobreviven en la pobreza o en el trabajo inestable. En una de las naciones más inequitativas, como se ha comprobado, del Planeta. Todo cual se le debería imputar a Piñera y a quienes piensan como él.

Curioso todo lo que sucede, ¿no es cierto?

¿Usted cree, realmente, que las encuestas están mintiéndonos más allá de las manipulaciones que también se hacen de ellas?

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