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Año IX, 20 de septiembre de 2017

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Carmen Frei: “Una no espera la traición de personas tan cercanas y de tanta confianza”

Patricio López |Viernes 8 de septiembre 2017 14:11 hrs.

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En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, la ex senadora de la Democracia Cristiana, Carmen Frei, se refirió a su libro “Magnicidio, la historia del crimen de mi padre”, recientemente presentado, y ahondó en lo difícil que ha sido esclarecer el asesinato del ex presidente.

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Durante décadas las causas de la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva se relacionaron con la complicación de una cirugía a la que él concurrió por voluntad propia, sin que hubiera un requerimiento médico ni una urgencia de salud.

Esta verdad empezó muy lentamente a desmoronarse y tuvo un hito cuando en el año 2000, en el hemiciclo del Senado, Carmen Frei planteó por primera vez de forma pública que a su padre lo mataron. Hoy esto es una verdad judicial e histórica: Eduardo Frei Montalva fue asesinado por la dictadura y todo indica que por orden directa de Augusto Pinochet.

¿Cómo fue el tránsito y la lucha por imponer esta verdad?  

Ha sido un proceso duro. Con mi marido siempre, desde el momento en que mi papá estaba en la clínica, vimos cosas raras. Tengo el testimonio de algunas personas amigas mías que me fueron a ver durante los últimos días de mi padre y una me contaba que ella se impresionó porque yo le dije “a mi papá lo mataron”.

Yo entiendo que fue muy duro para muchos de mi familia creer lo que realmente pasó. Cuando hay malas noticias las personas tratan de olvidar o pensar que las cosas no son así, es como una defensa del ser humano.

Con mi marido trabajamos harto y esperamos tener esas dudas más que fundamentadas, para iniciar este proceso que comenzó el año 2000 en el Senado, y después del cual pudimos traer los restos del químico de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) Eugenio Berríos a Chile e iniciar un proceso judicial. Al principio fue muy difícil, ya que no contábamos con pruebas que ameritaran un juicio.

Con la muerte de Berríos, que está estrechamente involucrado con la producción de toxinas y elementos con los que envenenaron a mi padre, iniciamos el proceso. Ahí el juez Alejandro Madrid comenzó una investigación muy acuciosa. Completó más de 50 volúmenes donde cada uno tiene más de 500 páginas con miles de personas a las cuales investigó, hizo allanamientos muy precisos, por ejemplo en la casa de los padres de Berríos, donde el químico tenía sus cosas. Encontró documentación relativa a la muerte de mi papá. Cosas muy impresionantes: un libro de química en el que están los productos y las dosis que se usaron, en las hojas están las anotaciones de Berríos.

En el libro queda claro que este era un crimen difícil de esclarecer porque fue preparado con mucho tiempo, el modo fue muy sofisticado y la sucesión de acciones que se realizaron para borrar toda evidencia hacían muy difícil reconstruir las piezas. Su padre se operó con un círculo de mucha confianza, hablemos de esa traición.

Sí, algunos están procesados como autores y cómplices.

Usted menciona al doctor Patricio Silva Garín, al chofer del ex presidente, Luis Becerra, y a Patricio Rojas, que fue ex ministro de su padre y del ex presidente Patricio Aylwin.

Sí, además de dos médicos de la clínica de la Universidad Católica y un agente de los servicios de Pinochet, que era el que lideraba el grupo e incluso le pagaba a los que vigilaban a mi padre. También está el doctor Valdivia que estaba a cargo de la Clínica Santa María el día que murió mi padre.  Seguramente fue él quien posibilitó la autopsia en la misma pieza, cosa que es absolutamente irregular, hay que mencionar que después le extrajeron todos sus órganos.

Ha costado mucho comprobar todo esto porque fue muy cuidadosa la forma en que se tramó. En los escritos de Berríos se ve cómo los productos que utilizaron con mi padre se potenciaban, pero al mismo tiempo se iban eliminando. Ha sido un proceso muy difícil, pero tenemos la certeza jurídica, pues el juez ha procesado. Ahora hay que cerrar la investigación y dolorosamente admitir que mi padre fue asesinado. Al principio no quería que fuera así, pero creo que tengo que admitirlo no solo por él, sino por todos los casos de desaparecidos, torturados y detenidos que todavía no se investigan. Es bueno para todos conocer la verdad y lograr justicia, porque si no estas heridas no se cerrarán. Las familias que hemos sufrido no podemos simplemente dar vuelta la página porque el dolor se hereda, yo lo veo en mis nietos.

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Su padre además de ser asesinado fue traicionado, ¿qué le provoca esto?

Eso es lo más doloroso. Uno puede esperar traiciones de otros, pero no de personas tan cercanas y de tanta confianza, gente que mi padre quería y respetaba. Por eso algunos todavía no quieren creer lo que pasó, piensan que es imposible.

¿Es una verdad incómoda para la Democracia Cristiana?

Yo creo que fue muy incómodo, por eso no quisieron verlo. Son personas del corazón de la Democracia Cristiana, entonces es difícil. Ellos decían que yo estaba viendo fantasmas, que estaba media loca, me trataron incluso de pasar al tribunal de disciplina del partido. Cuando me invitaron en el año 2015 a contar lo que yo había vivido y visto, les dije muy claramente que ninguno de los dirigentes asumió lo que pasó. A mí me enorgullece que ellos hablen de mi padre, pero cuando vino algo tan importante como su muerte no supieron asumirlo.

El jueves, cuando publicamos el libro, valoré que Carolina Goic fuera muy explícita en decir públicamente que ella sentía lo que había pasado y que ahora yo no iba a estar sola, porque todos estaban pidiendo justicia.

En el libro queda acreditado que durante todo el tiempo que ex el presidente Frei estuvo en la clínica Santa María, tanto para la primera intervención como luego, por complicaciones que ahora sabemos que responden a un envenenamiento con gas mostaza y con talio, el cuerpo médico rendía informes directamente al general Pinochet. Él estuvo al tanto de todo, por lo que es evidente que este asesinato no se pudo haber producido sin su instrucción directa.

Sí, hay que recordar que muchos de los médicos que trabajaban en la Clínica Santa María eran de la DINA y de la Central Nacional de Informaciones (CNI), instituciones que cambiaron el nombre, pero en las que trabajaron las mismas personas. Además, eran médicos del ejército. El doctor Silva Garín hasta su edad de 79 años fue parte importante del equipo médico del Hospital Militar. Es un hombre de mucha confianza, él instaló el hospital en el Estadio Nacional cuando estaban todos los presos, donde decidía a quien se le seguía torturando.

Nosotros supimos esto mucho después, por eso la traición duele. Pasaron tantos años en los que ellos sabían todo lo que pasó: que a mi papá lo vaciaron. Hay que recordar que Silva Garín también está involucrado en la muerte de José Tohá. Yo no digo ni invento nada, está todo escrito.

Después de la primera operación de mi papá, cuando comenzó a agravarse, ellos culparon a otro doctor diciendo que se había generado una “operación sucia”. Al doctor Silva Garín lo interrogaron varias veces y hubo mucha contradicción en sus declaraciones.

Uno de los temas que se discute bastante es el rol de la Democracia Cristiana antes, durante y después del Golpe de Estado. En el libro se establece que parte del partido también fue golpeado por la dictadura ¿Qué reflexión tiene usted sobre el tránsito que sufrió la DC?

Muchos se creyeron el “milagro económico de los Chicago Boys”, que tanto mal le hizo a nuestro país. Resultados que estamos viendo hoy, por ejemplo, en las pensiones. Hubo gente que creyó que ese modelo era exitoso, yo me acuerdo en los años 80 de una reunión en la que al terminar mi papá hizo la crítica y algunos me dijeron a la salida “pucha que pena que don Eduardo se esté quedando en el pasado, cuando este modelo funciona”. No sé qué nos pasó, algunas personas están arrepentidas, pero en ese momento se equivocaron y para muchos no es conveniente reconocer errores. Felizmente las cosas se han ido aclarando y ahora esperamos que se crea la verdad y sobretodo que logremos justicia.

Si yo puedo hablar y escribir tengo la obligación de hacerlo no solo por mi padre, sino por todos los crímenes que siguen sin aclararse. No es posible que todavía existan familias que no sepan que pasó con los suyos; niños que les robaron a sus padres. La gente no pude decir “olvidemos”. Yo no miro hacia el pasado, hago esto para que los jóvenes sepan lo que pasó y sean parte de nuestra historia.

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