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Año IX, 18 de diciembre de 2017

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Sergio Rodriguez G.

Cataluña:“…Incapaces de gobernar a un pueblo libre…”.

Sergio Rodriguez G. | Lunes 25 de septiembre 2017 6:30 hrs.

Increíble, pero cierto, como si el mundo no hubiera girado más de doscientas veces alrededor del sol, la monarquía borbónica y el gobierno español pretenden seguir actuando como hace doscientos años, su lógica, su pensamiento, su actuación no ha evolucionado un ápice y pretenden aplicarle a Cataluña lo mismo que intentaron en América, aunque no sabemos si será capaz hoy, de desatar la despiadada represión, la brutal amenaza política, económica y religiosa y la feroz guerra que tuvieron que enfrentar nuestros padres fundadores para lograr la Independencia.

¿Se imagina alguien que Francisco de Miranda, Juan Germán Roscio, Francisco Isnardi, Juan Antonio Rodríguez, así como los restantes diputados que firmaron el Acta de la Independencia de Venezuela, iban a acatar el mandato de las cortes españolas y del rey y desistir de dar el paso adelante que los convocaba a “vivir y morir libres” y a que como “Estado libre e independiente [tenga] un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos”?. Imposible, la decisión estaba tomada, la voluntad de hacerlo era indefectible y así, procedieron a firmar el Acta de la Independencia. Sobrevinieron diez años de guerra, de resistencia española a la realidad, de intentar retrotraer la historia, hasta que el genio político y militar de Bolívar los barrió en Carabobo, tres años antes de que otro grande: el Mariscal Antonio José de Sucre, los derrotara definitivamente en la Pampa de Ayacucho en 1824 y los expulsara de América del Sur.

¿Se puede imaginar alguien que los diputados elegidos en las provincias venezolanas iban a renunciar a los propósitos que se habían planteado para a cambio, respetar la constitución española y al rey que pensaban formalmente desconocer? No sé si el deleznable gobierno de Rajoy y la putrefacta monarquía de parásitos borbónicos pretenden repetir la historia en Cataluña, pero los aprestos que hacen de cara al 1° de octubre cuando se ha convocado al pueblo catalán a que manifieste a favor o en contra de seguir perteneciendo a España y seguir viviendo bajo un sistema monárquico, apuntan en ese sentido.

Refiriéndose precisamente a la familia todavía reinante en el Estado español, el acta de la Independencia de Venezuela dice que “…faltaron, despreciaron y hollaron el deber sagrado que contrajeron con los españoles de ambos mundos, cuando, con su sangre y sus tesoros, los colocaron en el bono a despecho de la Casa de Austria; por esta conducta quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos”. Hoy no es formalmente la “Casa de Austria”, la que rige los destinos de España y de Europa, su símil en el siglo XXI es la troika formada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, ante el cual los gobiernos débiles de Europa se arrodillan, se subordinan y se dejan llevar a una integración desigual, que somete a los pueblos, lo cual es también resistido por los catalanes.

¿Y con que le responden? Volvamos al Acta de nuestra Independencia: “A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios, contra la voluntad de nuestros hermanos de Europa, se nos declara en estado de rebelión, se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones de Europa implorando sus auxilios para oprimirnos”. El que lea esto podría pensar que estas palabras fueron extraídas de un manifiesto catalán de septiembre de 2017. No, no, no: es el documento fundacional de Venezuela redactado por Roscio e Isnardi y aprobado por los diputados en julio de 1811.

De la misma manera, el Parlamento catalán aprobó el inicio del camino hacia su independencia de España, lo que estableció la realización del referéndum del 1° de octubre como medida democrática para que sean los catalanes quienes decidan respecto de su futuro político. Como es normal en estos casos, una decisión de este tipo, significa desobedecer la institucionalidad del Estado que le ha dado cobijo a tal nacionalidad, porque de eso precisamente se trata, de construir una institucionalidad nueva que obviamente desconoce la anterior. Para los que no lo saben, se llama Independencia.

España tiene buen récord en este sentido, aunque rechazó la independencia de Kosovo en 2008, precisamente por aquello de no “mirar la viga en ojo ajeno, sin considerar la paja en el propio”, jugó un papel relevante en el desmembramiento de Yugoslavia, no sólo porque Javier Solana, ex ministro de Felipe González era el Secretario General de la OTAN, cuando esta organización tomó la decisión de intervenir militarmente en ese país, también por su participación en esta brutal agresión con fuerzas de tierra, mar y aire a partir de 1992, lo cual pasó a formar de los “anales gloriosos” de las fuerzas armadas españolas. Ante esta amplia participación en la que igualaron a sus oponentes en cuanto a masacres contra la población civil, el posterior no reconocimiento de Kosovo fue pura hipocresía.

Hoy, Rajoy, más preocupado de Venezuela, que del desastre en el que se ha convertido su país, pretende aplicar el artículo 155 de la Constitución, para poder, -si logra la aprobación de la mayoría absoluta del Senado- desatar una ilimitada represión que obligue a Cataluña, -por la fuerza- a seguir subordinada a España, contra su voluntad, si eso es lo que decide el pueblo el próximo 1° de octubre. Rajoy, ha amenazado con suspender la autonomía y si fuera necesario ordenar una intervención militar en Cataluña.

No sabemos quién será el Pablo Morillo que comandará las tropas, pero está visto que no hay fuerza capaz de impedir el espíritu de independencia de un pueblo. Además, la historia señala con claridad que, en términos de intervenciones militares, además de los asesinatos masivos y la represión ilimitada al pueblo inerme, el ejército español no ha sido muy ducho en estas lides, así fue en América y en el Sahara, sus más importantes aventuras coloniales y en la guerra civil donde el ejército franquista dio muestras palpables de salvajismo y barbarie. No hay que olvidar que Rajoy es miembro y dirigente de ese partido surgido de las huestes falangistas que tuvieron y tienen en Francisco Franco a su mayor adalid. Basta recordar también el bombardeo a Gernika, apacible pueblo vasco que hace 80 años fue destruido por las bombas de los aviones nazis alemanes y de la aviación fascista italiana a pedido de Franco, en lo que ha sido considerado el primer bombardeo masivo causante de una masacre a la población civil en la historia.

Todavía quedan diez días, aún hay espacio para la búsqueda de una solución negociada, sin embargo este martes 26, Rajoy se reunirá con Trump en la Casa Blanca, imagino que recibirá las últimas instrucciones, aunque vale decir que tanto Estados Unidos como la Unión Europea, potencias dominantes en España han sido cautos al momento de emitir opiniones respecto del referéndum catalán. Sobre todo es sorprendente en el caso de Estados Unidos donde está primando un discurso guerrerista que ha hecho recordar a muchos los días de Hitler en el gobierno alemán. Sin embargo, la portavoz del departamento de Estado de Estados Unidos Heather Nauert, afirmó que éste era un “asunto interno” de España y que su país “trabajará” con el “gobierno o entidad” que salga del referéndum.  Por su parte, el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker ha hecho una sorpresiva declaración en la que, aunque negó la posibilidad de una incorporación inmediata a la UE de una eventual Cataluña independiente, aseguró que si triunfara el “Si” en el referéndum, “respetaremos esa elección”.

Las cartas están echadas, hasta el momento de redactar estas líneas, ni el gobierno catalán, ni el de España, han mostrado intenciones de retroceder en sus puntos de vista, lo cual sigue ensombreciendo un horizonte de diálogo y negociación, deseable para todos a fin de evitar la violencia y la represión que ya han comenzado a desatar Rajoy y la monarquía española.