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Año IX, 16 de octubre de 2017

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Felipe Cabello

Salud Pública: el elefante en la habitación

Felipe Cabello | Miércoles 27 de septiembre 2017 10:46 hrs.

La metáfora de uso común en la cultura anglosajona “El elefante en la habitación” se refiere a la ignorancia voluntaria de un problema obvio (imposible de ignorar como un elefante en una pieza), que necesita ser analizado para solucionar otros problemas secundarios que se derivan de él. Esta deliberada ceguera respecto del elefante, evita contender con este problema mayor y primario de manera directa y adecuada, porque ello generalmente atentaría contra intereses económicos y sociales que se benefician del status quo, y cuyo antagonismo los llamados expertos (generalmente con conflictos de interés), están ansiosos de evadir y de morigerar. En este proceso entonces se ofrecen soluciones parciales y fragmentarias, dirigidas a problemas derivativos del mayor, y que a la larga fracasan en solucionarlos porque la causa primaria de ellos (el elefante) continua actuando sobre estos problemas al permanecer sin rectificación. En Chile, dos personas mueren de SIDA al día y se producen aproximadamente quince nuevos contagios con el virus de la inmuno deficiencia humana (VIH) diariamente. Chile es uno de los escasos países en el mundo en que el SIDA ha aumentado en los últimos años, con un aumento del número de casos de aproximadamente 40 por ciento entre 2010-2016. El hecho de que en un número importante de estas nuevas infecciones con VIH se haga el diagnóstico tardío de la infección como SIDA sintomático (42%), indica barreras importantes en los programas de detección temprana y control de la enfermedad. Las noticias en la prensa sistémica fuera de demostrar cierto pesar y pasmo por estos innecesarios, evitables y crueles procesos en un país supuestamente avanzado como Chile, jamás realizan una investigación seria acerca de sus causas.

Este tipo de investigación, los llevaría a encontrarse con el elefante en la habitación y a cuestionar la harmonía y la justicia del arreglo económico, político y social existente y de su débil y desfinanciada estructura sanitaria que favorece la propagación de infecciones de trasmisión sexual (ITS) y de muertes, evitables. Sin embargo los mismos medios, apresurados y eufóricos saludan por ejemplo la comercialización y el uso de ensayos de diagnóstico rápido y domestico del SIDA ofrecidos propagandísticamente por laboratorios privados y firmas farmacéuticas que comercializan la aprensión de la población expuesta al VIH y otras ITS. Ensayos, que sin la presencia de programas sanitarios bien estructurados para prevenir y tratar el SIDA y otras ITS generaran más confusión y angustia, en una población que carece de información fidedigna, de educación precisa, de orientación y de diagnóstico precoz para estas enfermedades. Recientemente un grupo de expertos mundiales de ITS ha llegado a la conclusión de que en la prevención y el manejo de las ITS los comportamientos individuales, aunque sean adecuados, son incapaces de reemplazar la falta de correctas políticas de salud pública que cubran a toda la población. Trasladando entonces las buenas prácticas respecto de la aproximación sanitaria a las ITS de la esfera privada a la esfera colectiva y publica, planteando más dudas acerca de lo juicioso del autodiagnóstico masivo de ellas, en la ausencia de planes nacionales y bien organizados para su prevención, vigilancia, diagnóstico, rastreo y tratamiento.

La tuberculosis (TBC) ha detenido su marcha descendente en el país (aproximadamente 2400 nuevos casos al año) y su permanencia con este importante número de enfermos, presagia desgraciadamente su probable e importante aumento, a no mediar una drástica inversión e implementación de políticas para su manejo epidemiológico moderno y adecuado. El aumento de los casos de SIDA, una condición que la favorece, amplía también el número de personas con una mayor susceptibilidad a la TBC y su aun alta letalidad (11%), nos habla también de limitaciones serias de los programas para su prevención y control. Los obstáculos que sufren los programas de diagnóstico y control de la TBC y el SIDA, y la salud pública en general en Chile, sugieren que la frecuencias diagnosticadas de estas enfermedades representan además subestimaciones, lo cual atenta también contra su manejo adecuado ya que no se percibe el real costo de ellas para la salud de la población. Los factores de riesgo para la TBC en el país son múltiples e incluyen entre varios, ser adulto mayor, ser extranjero, ser alcohólico, padecer de SIDA, la drogadicción, la diabetes, la privación de libertad y el habitar en ciertas áreas geográficas del país. Los factores de riesgo para infecciones con VIH incluyen poblaciones de hombres que practican sexo con hombres, el coito anal y el sexo oral, la multiplicidad de parejas sexuales, el uso común de agujas entre drogadictos, la prostitución y la presencia de otras ITS. Este común listado de los factores de riesgo y de las causas de la diseminación del SIDA y de la TBC en la población chilena es sin embargo incompleto. Existe una parte sumergida en estos factores o causas, como los 4/5 de un tempano, que raramente entran en la discusión en su papel de elementos generadores y diseminadores de estas enfermedades y que constituyen sus elefantes en la habitación. Ellos son, la desigualdad económica y la segregación social que ella trae, manifestada de múltiples formas, y que son las causas fundamentales de estos problemas y que además tienen un poder insuperable para entender su raíz y su epidemiología.

A poco evolucionar la epidemia de SIDA en los EE.UU. las poblaciones afroamericanas e hispánicas eran las más afectadas por ella, haciendo pensar que probablemente la raza era un factor de riesgo para esta enfermedad. Sin embargo estudios más detallados demostraron sin equivocación que las causas de esto eran la pobreza, la discriminación y el acceso deficiente a la atención médica de estas comunidades, Desplazando estas causas, a la fácil explicación biológica de las diferencias raciales en la susceptibilidad a enfermedades, explicación que generalmente estimula al racismo y que exime de responsabilidad a la sociedad por los aumentos de estos procesos patológicos. Similarmente en Chile, en que la tercera edad aparece como un factor de riesgo para la TBC, la causa fundamental de ella en este grupo bien pudiera ser las pensiones de hambre pagadas por las AFP y el gobierno a este grupo etario. Si esto fuera así una mejora de las pensiones sería un arma efectiva contra la lucha anti TBC, demostrando que la desigualdad, la pobreza y la segregación constituyen el gran elefante en la habitación cuando se discuten las causas de la TBC en el país. En el caso de las infecciones por VIH y el SIDA uno de los elefantes estaría constituido por la excesiva intromisión de las iglesias para socavar los programas de educación sexual de la población chilena. Además por su intolerancia para aquellos grupos con práctica sexuales que van más allá de las aceptadas por sus dogmáticos cánones, la cual facilita los prejuicios en contra de estas poblaciones, minando su cuidado médico.

La identificación de los elefantes en la habitación como causas de las enfermedades infecciosas no es sin embargo privativo de la cultura anglosajona o de los expertos, como lo demuestra una glosa que he modificado del novelista Jorge Amado. Quien los definió muy bien en su novela Teresa Batista (1972), cuando dice “Esta el tifus con sus mortales parientes la tifoidea y la paratifoidea… más jóvenes que nunca… la enfermedad de Chagas… la tuberculosis que no se da por vencida… y una tribu de otras fiebres (SIDA?) y como padre y patriarca de todas ellas la falta de educación y de democracia … estas enfermedades tienen aliados poderosísimos: los terratenientes, los empresarios, los coroneles y el ejército, la policía, las iglesias, los pequeños y grandes políticos y sus partidos, en resumen el estado soberano.”

*El autor es profesor de microbiología, inmunología y medicina