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Año IX, 17 de octubre de 2017

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Con los ojos en Cataluña: Los detalles del voto simbólico en Chile

Nicolás Massai D. |Lunes 2 de octubre 2017 20:00 hrs.

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El pronóstico era una jornada pacífica frente a la residencia del embajador español. Pero los registros de violencia por parte de la Guardia Civil comenzaron a llegar desde el viejo continente y tensionó los estados de ánimo.

El referéndum independentista de Cataluña también tuvo su acto simbólico en Chile. Sucedió el pasado domingo frente a la residencia del embajador español en Santiago, al mismo tiempo que a través de internet circulaban videos de la violencia ejercida por la Policía y la Guardia Civil en contra de los votantes, que dejó una cifra mayor a los 800 heridos.

Allí, en la esquina de Gertrudis Echeñique con Apoquindo, un grupo de hombres y mujeres se enfrentaron al sufragio que proponía la misma premisa del voto en territorio catalán: “¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de República?”.

La atmósfera estaba tensa, con los asistentes preocupados por las alertas que venían del otro lado del Atlántico. Así lo cuenta Cristina Ibars, vocera de la Nacional Catalana en Chile, cuyos familiares no sufrieron vejaciones pero sí tuvieron que levantarse en la madrugada para “ir a proteger un colegio electoral”.

“Fue un ambiente entre impotencia, miedo por la gente que estaba en casa e incertidumbre. Nosotros solemos hacer actos que son siempre festivos, que son muy familiares, pero en esta ocasión estábamos  todos consternados por lo que veíamos en televisión, por los mensajes y los videos que nos llegaban”, dice.

A las 11 de la mañana, en la vereda de enfrente a la residencia, se dio inicio al acto, que terminó por convocar a 77 personas interesadas en participar; votantes simbólicos que se inclinaron en su totalidad por la posición impulsada por el gobierno autónomo de Carles Puigdemont.

“Repartimos el mismo voto que se repartió en Barcelona, con la misma pregunta oficial, y la gente de una manera tranquila y pacífica, como somos nosotros y como es Cataluña y ha demostrado ser en estos días depositó relajadamente y pacíficamente su voto dentro de la urna”, agrega Ibars.

Alguien que también estuvo atento a lo que ocurrió fue Víctor Pey, hombre catalán de 102 años y el último dueño del diario Clarín chileno, para quien la lógica indica que la comunidad internacional debe solicitar una negociación de manera “civilizada y democrática”.

“Un plebiscito llevado en forma violenta, con policías de dos bandos, me parece que es una cosa tan confusa, que no debería tener valor. Creo que en realidad va a primar el buen sentido, y creo que se van a iniciar algún tipo de negociaciones”, indica.

Pey hace referencia a los enfrentamientos que circularon en breves registros a través de redes sociales entre la Guardia Civil y algunos miembros de los Mozos de Escuadra, policía autónoma de Catalunya que, más que apoyar el referéndum –de hecho, retiraron urnas de manera pacífica–, estaba por evitar este choque de legitimidades.

Según periodistas que vivieron el proceso en las calles de Barcelona, en ningún caso se podría establecer una comparación entre estas dos instituciones. El actuar de la Guardia habló por sí solo y resultó, a todas luces, un mal golpe comunicacional para Rajoy.

Uno más que lo vivió desde Chile fue Julio Jung, actor, concejal por Providencia y ex agregado cultural en Barcelona.

“Me da mucho dolor y mucha pena. Lo de ayer me pareció vergonzoso de parte del Gobierno. Esa violencia innecesaria me parece repugnante. No sé por qué Mariano Rajoy no optó por la cosa más lógica”, dice.

El énfasis, según Jung, debió haber estado en el respeto del proceso. “Fue tonto la situación de impedirlo a toda costa; quedó más del 60% del padrón electoral no computado. Obviamente la gente que votó, ante esa actitud, tendría que haber votado que sí”, agrega.

La ceremonia en esa esquina de Las Condes finalizó pasado el mediodía, cuando las redes ya abundaban en videos que llamaban a hacerse un juicio propio. La urna con los 77 papeles en su interior fue acomodada frente a la residencia del embajador español. Quedó rodeada de claveles rojos, y ahí la dejaron.