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Año IX, 18 de noviembre de 2017

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Análisis semanal

Elecciones, encuestas, tarotistas y sentido común

Juan Pablo Cárdenas S. |Jueves 26 de octubre 2017 17:28 hrs.

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"Lo único que podría ponerse en duda es que realmente el candidato de Chile Vamos pueda tener un respaldo que supere el 40 por ciento, como lo auguran los sondeos, sin descartar que en todas las colusiones que hemos conocido en los últimos años, una de las más fáciles de lograr podría ser uniformar los resultados de todas estas mediciones".

Si las encuestas fueran confiables, y midieran las opiniones mediante una muestra representativa de la diversidad de nuestra población, tendríamos que rendirnos a la idea de que Sebastián Piñera será el próximo presidente de la República luego de triunfar en una segunda vuelta electoral. En cualquiera de los escenarios  del balotaje, él es el que se impondría, aunque los altos niveles de abstención ya proyectados se incrementarán todavía bastante más. Quienquiera resultara segundo entre sus siete contrincantes ninguno podría imponérsele, aunque matemáticamente se pueda asegurar que, si todos se unieran en su contra, éste podría resultar derrotado.

Sin embargo, nunca se ha dado el caso de que un candidato pueda concitar la voluntad de todos los demás para impedir su triunfo. Cuando difícilmente hay postulantes que logran el apoyo de los partidos comprometidos con ellos, en un país en que la militancia es completamente marginal entre los ciudadanos. O cuando ante las apelaciones de unidad que se les hizo a la izquierda, ésta haya decidido competir con cuatro abanderados.

Lo único que podría ponerse en duda es que realmente el candidato del Chile Vamos pueda tener un respaldo que supere el 40 por ciento, como lo auguran los sondeos, sin descartar que en todas las colusiones que hemos conocido en los últimos años, una de las más fáciles de lograr podría ser uniformar los resultados de todas estas mediciones. Después de todo, las empresas encuestadoras no son muchas más que las cadenas de farmacias y las productoras de pollos que, por años, estuvieron elevando de consuno sus precios.

Como ya se emitió la última encuesta previa a las elecciones presidenciales, ha llegado entonces la hora de los tarotistas y adivinos, algunos de los cuales exponen en sus currículos haber pronosticado diversas catástrofes, el triunfo de Trump y hasta la muerte de un conocido cantante mexicano. Ello explica, entonces, que algunos canales de televisión inviten a Chile a algunos de estos iluminados personajes,  capaces de adelantarnos el futuro. A pesar de que creo en los profetas, la verdad es que me cuesta “tragarme el cuento” de que las que las cartas del naipe o las bolas de cristal puedan predecirnos lo que va a ocurrir. Sin embargo, en un país en que las propias iglesias y sus pastores han cometido tantos despropósitos y engaños, no sería raro que estos personajes tan apreciados por la farándula pudieran acertar con sus pronósticos y, sobre todo, motivar el voto de los más incautos. De los que siempre quieren votar a ganador.

De esta forma es que una de estas videntes ya auguró que va a ser Alejandro Guillier el que se cruce la banda presidencial, después de seducir a los votantes de quien ésta asegura  va a obtener el tercer lugar en la brega: Beatriz Sánchez. Un pronóstico que sin duda golpea a la encuesta CEP, entidad que aseguró que su candidatura iba en franca declinación. Lo que tuvo como consecuencia que se le abriera el apetito electoral a Marco Enríquez Ominami en cuanto a superarla, y tener el tiempo para desplazar a Guillier del segundo lugar para llegar a competir con Piñera en la Segunda Vuelta.

Pero lo que ni las encuestas y adivinos se atreven es a pronosticar una buena llegada a los demás presidenciales. Los que tendrían tanto apoyo como los índices de error de cada sondeo… Algo, por supuesto, que resultó demasiado ofensivo para sus pretensiones y dignidad. Así como verdaderamente jocoso le resultó a mucha gente que la considerada la más “prestigiada” de las encuestas asegure que es Piñera el más honesto y confiable de los competidores.

Los que no se conforman con las encuestas y los vaticinios de los adivinadores apelan, con justicia, al “sentido común”, a lo imposible que les parece que alguien que ya gobernó, y terminó bastante desacreditado, pueda imponerse nuevamente en esta elección de noviembre próximo. Chilenos que observan el malestar social que recorre a todo Chile y no pueden darle crédito al triunfo de un empresario derechista. Personajes de la política que se las jugaron por una “renovación”, que incluso apostaron en esta contienda a candidatos nuevos, a dos periodistas, como a un peculiar representante de la ultraderecha, quien también asegura que será él quien llegará a la segunda vuelta.  Es decir que se dé lo más inverosímil de todo: que sean los dos candidatos que alguna vez se identificaron con Pinochet los que se ubiquen en los dos primeros lugares de esta carrera electoral. Algo que, sin duda, revolucionaría a las ciencias sociales y a los politólogos de todo el mundo.

Cálculos más, cálculos menos es evidente, como se sabe, que el “sentido común es el menos común de todos los sentidos. Por ello es que nada podría resultar extraño cuando, al final,  todo va a depender de cuántos ciudadanos concurran a votar y cuáles maquinarias de acarreo de votantes resulten ser las más eficientes. Porque de los que están de acuerdo todos los analistas y las mismas encuestas es en que el número de los que se abstienen marcará abiertamente la primera mayoría electoral, lo que, sin duda, será determinante en los resultados finales. Más todavía cuando ya está comprobado que en la Segunda Vuelta son menos, todavía,  los que se animan a sufragar. Sobre todo si sus candidatos originales  ya están fuera de la carrera.

Más que apostar a cualquier candidato, el sentido común indica que los problemas que conmueven al país van a seguir completamente presentes después de las elecciones presidenciales y parlamentarias. Esto es, la delincuencia, las pensiones de hambre, la salud precarizada y los deteriorados niveles de empleo y salario. Diagnóstico en que coinciden candidatos, encuestadores, adivinos y otros. Aunque mucho nos tememos que el gran triunfador de las próximas elecciones, más que la abstención, será el incremento de los que no confían en el régimen vigente o, incluso, en la propia “democracia”, como lo arrojan aquellos sondeos mucho más confiables realizados en varios de nuestros países. Y cuyo común denominador es la concentración de la riqueza, el inexorable avance el narcotráfico y la corrupción generalizada de las clases dirigentes.

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