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Año IX, 14 de diciembre de 2017

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Economía

Balotaje: los dilemas económicos del nuevo Presidente

Roberto Meza A. |Miércoles 22 de noviembre 2017 15:29 hrs.

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El nuevo Ejecutivo, sea quien fuere el nuevo mandatario, deberá, pues, realizar un tipo de gestión de gran complejidad para conseguir voluntades y votaciones que posibiliten la materialización de su programa y, por consiguiente, es previsible que el próximo sea un gobierno más parecido a uno de administración, que uno de grandes cambios, dada la correlación de fuerzas en el país y el nuevo Congreso, que, por lo demás, podría verse abocado al estudio de una nueva constitución en un marco de virtual empate de fuerzas.

Diversos grandes empresarios, bancos de inversión y economistas han evaluado los recientes resultados electorales de la primera vuelta presidencial, así como la nueva configuración del Congreso, como un “téngase presente” frente a la eventualidad de que el país se aparte de la ruta de crecimiento y desarrollo que lo ha puesto a la vanguardia de las naciones de la región.

Una de las últimas intervenciones correspondió al presidente del directorio de Latam, Ignacio Cueto, quien, durante la conmemoración del vigésimo aniversario desde que la ex LAN transara por primera vez sus acciones en la Bolsa de Nueva York, se refirió a la incertidumbre que se ha abierto tras el acto electoral del domingo.

El empresario ha dicho que estos resultados “siempre nos preocupan”, recordando que durante los últimos 30 años, desde el retorno a la democracia, “hemos tenido un modelo que sin dudas necesita mejoras, pero que es ejemplar para el resto de los países de Sudamérica e incluso del mundo”, aludiendo así, implícitamente, a aquel lapso de administración del Estado que encabezó la Concertación, aunque también formulando una crítica al de la Nueva Mayoría y a la llamada “política de la retroexcavadora, de cambiarlo todo, y avanzar en una serie de reformas en forma rápida y sin el debido cuidado”.

De allí que, tanto para Cueto, como para otros grandes empresarios que han emitido su opinión al respecto, “es fundamental que quien asuma la Presidencia de Chile respete lo que se ha hecho en estos últimos 30 años, y hasta ahora, eso lo noto mucho más en Piñera que en el resto”.

Tales aprensiones, en economía, no son triviales y tienen efectos en materia de inversiones, valorización de activos y movimientos de variables claves como tipo de cambio o inflación. En los hechos, mientras las encuestas daban casi por seguro ganador al candidato de Chile Vamos, los precios de los activos en Bolsa subieron notablemente, al tiempo que el dólar caía, abaratando precios de importaciones y conteniendo la inflación interna. Como se sabe, una vez conocidos los resultados, la reacción instantánea de la Bolsa fue a la baja de más del 5% en el valor de las acciones del IPSA y un aumento del tipo de cambio, no obstante que, en los días posteriores, estas variables han tendido a retomar cierta normalidad.

¿Amenaza un gobierno de centro izquierda a la economía chilena y la continuidad del modelo de los últimos 30 años? ¿Es posible un acuerdo político de centro izquierda con el Frente Amplio para acceder a La Moneda y poner en tela de juicio modelo? ¿Puede un gobierno de centro derecha retrotraer las reformas de Bachelet a cero? ¿Hay fuerza política en el Congreso para hacer cambios con retroexcavadora, tanto para retrotraer las reformas, como para profundizarlas?

Las respuestas a tales preguntas pueden dar luces respecto de lo que se debería esperar de la actividad económica en los próximos años, sea cual fuere el nuevo Presidente de la República que resulte elegido en la próxima segunda vuelta.

En efecto, si bien la impericia y desprolijidad con que se abordaron los relevantes cambios económicos y sociales que puso en marcha la actual administración, explican gran parte de la disminución del ritmo de crecimiento vivida en los últimos años, otra buena parte de esta baja se debió a la ralentización económica de nuestros principales socios comerciales, subsecuente baja de precio de los comodities, entre ellos el cobre, y caída de las ventas de otras exportaciones significativas, como las forestales, pesqueras, frutícolas y vitivinícolas, varias de los cuales han estado sufriendo, además, los efectos de un peso muy fortalecido respecto del dólar.

Pero dicho escenario ha estado cambiando desde hace unos meses y la economía de las naciones del primer mundo y China parecen reanudar un periodo de mayor actividad y crecimiento, factor que, sin dudas, mejorará la situación económica interna, aún sin grandes reacomodos en el país, lo que, sin embargo, no implica que una buena gestión económica no pueda agregar puntos de crecimiento adicional..

De otro lado, el abrupto arribo parlamentario de una joven y entusiasta bancada del Frente Amplio, representando el 14% del de poder parlamentario elegido, sumada a la del PC y a sectores socialcristianos y socialdemócratas radicalizados, que, asumiendo que representaran el 50% de las posiciones en cada uno de sus partidos (PS-PPD-PRSD y DC), no superan la mitad más uno de las mayorías que requerirían para avanzar en sus propuestas para desmontar el actual modelo de desarrollo.

En la otra acera, por su parte, la derecha ha conquistado casi la mitad de los sillones del Congreso, los que sumados al otro 50% de representantes más cercanos a las políticas de consensos de los sectores socialdemócrata y socialcristianos, e incluso, representantes liberal-sociales elegidos dentro del Frente Amplio, superan el 50% de la fuerza en el parlamento, cifra, que, sin embargo, dada la izquierda presente, no hace posible una política de retroexcavadora al revés, que termine con las reformas iniciadas por el actual Gobierno.

El nuevo Ejecutivo, sea quien fuere el nuevo mandatario, deberá, pues, realizar un tipo de gestión de gran complejidad para conseguir voluntades y votaciones que posibiliten la materialización de su programa y, por consiguiente, es previsible que el próximo sea un gobierno más parecido a uno de administración, que uno de grandes cambios, dada la correlación de fuerzas en el país y el nuevo Congreso, que, por lo demás, podría verse abocado al estudio de una nueva constitución en un marco de virtual empate de fuerzas.

De allí que, si bien con seguridad asistiremos a nuevas presiones sociales y políticas institucionales y en la calle, como estrategia de izquierda seguir avanzando en cambios al modelo, los resultados efectivos de esa puja no deberían modificar sustancialmente el escenario ya instalado, razón por la que, la sola mejora de las condiciones económicas mundiales, traerá más actividad y crecimiento, disminuyendo marginalmente apremios sociales más agudos.

En dicho marco, por cierto, un Gobierno de Piñera cuenta con mejor voluntad y aprecio de los sectores empresariales que uno de Guillier y una coalición que, por lo demás, ya parece haber optado por mantener su mirada hacia la moderación, más que a izquierdizar su discurso, en el lógico convencimiento de que el Frente Amplio no dará su apoyo consensual a Guillier y seguirá siendo oposición a su eventual administración, y, obviamente, a la de Piñera.

Una postura similar es la que ha adoptado Chile Vamos respecto de los votantes de Jose A. Kast, quien, empero, se ha sumado sin condiciones en su apoyo al candidato vencedor, no obstante que tampoco asegura que dichos sufragios vayan en 100% a Piñera en el balotaje.

Como corolario, sería interesante discernir cuánto de su actual poder político-económico y social están dispuestos a transar los grupos empresariales más grandes del país con miras a dar cuerpo la idea formulada por Cueto y otros empresarios de que el actual modelo “necesita mejoras”, una respuesta que, entregada al nuevo Mandatario, le daría las herramientas para realizar un Gobierno de ajustes que, por un lado disminuya la presión por el desmantelamiento del modelo que ha afectado especialmente a los sectores socialdemócratas-socialcristianos, fortaleciendo al Frente Amplio, aunque, por otro, evitar que esos cambios estimulen la apatía o la fuga de inversiones hacia otros espacios que dan mayores oportunidades al capital.