Diario y Radio Uchile

Año IX, 12 de diciembre de 2017

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Guillier podría perder las elecciones

Orlando Olave |Cartas al Director |Martes 28 de noviembre 2017 6:29 hrs.

Señor Director:

La mediocre estrategia creativa electoral de Alejandro Guillier, su discurso y praxis han creado una entelequia al interior de la Nueva Mayoría. Alejandro Guillier quiere ser el candidato de la suma de la diversidad y para aquello necesita el apoyo explícito de toda la nueva centro izquierda para reconstruir su ideario. ¿Lo ha tenido alguna vez?

Alejandro Guillier aún no se basta a sí mismo como líder; se está haciendo a una velocidad meteórica que denota sus errores y, en ese proceso, ha faltado la inteligencia y sensibilidad de su propio sector para otorgarle (y otorgarse) los atributos que no evidencia por falta de voluntad, convencimiento y arena política.

Su campaña ha carecido del impacto y la frescura del candidato que debe representar el cambio histórico en la política chilena, mientras la Nueva Mayoría aún no asume el proceso que vivimos como país, trivializando todos sus errores y  traspasando esta incompetencia al candidato. La Nueva Mayoría, como todo viejo obstinado y tozudo, no quiere o no entiende los cambios presentes en el electorado de hoy. De manera abrupta, el fin de la vieja guardia concertacionista se ha iniciado y entre sus antiguos líderes no quieren aceptarlo, arrastrando los actos fallidos de Guillier. Nada que decir de su  nuevo slogan de campaña, una mala copia de un mal político, y  de pésima imagen.

Con este escenario, el mensajero de este  fin de era en la política chilena es el Frente Amplio,  y la Nueva Mayoría debe tejer lazos para mantenerse en pie. La arrogancia no le sirve ni a uno ni al otro.

En términos simples, el que Guillier no haya asumido una actitud crítica respecto de los copy paste del Senado, la petición por la baja de los sueldos a los legisladores y el silencio sobre sus colaboradores vinculados a conflictos éticos; su imprecisión en torno al fin de las AFPs, el proceso constituyente y fin del CAE son asuntos relevantes que la gente no se lo permite, pero si el comando del candidato; y esas son precisamente las señales que el electorado al que apela Guillier quiere erradicar. La temporada de ofertas y liquidación de última hora nos sorprende en ambos candidatos, un día dicen que no y al otro día dicen que si…de alguna manera Alejandro Guillier sigue actuando como la vieja política, acallando el volumen de las nuevas generaciones; de tal forma que no se debe culpar a los dirigentes del Frente Amplio. La obstinación por el sistema, sus códigos y praxis de la Nueva Mayoría, no han dejado crear el mensaje que el candidato debe entregar, Guillier no es novedad para el electorado del cambio.

Lo que parece obvio es que la suma de todos los votos de la competencia de Piñera en primera vuelta, no son el capital electoral de Guiller para la segunda vuelta. Los electores de Sánchez representan a una generación molesta con la Concertación o con la eufemística Nueva Mayoría. Son los votos de protesta de esa generación que ha observado con estupefacción como quienes lucharon contra la dictadura terminaron por preservar el legado de Pinochet y caído en las manos de Ponce Lerou, por ejemplo.

No logro entender cómo los profesionales tras Guillier siguen sumando actos fallidos toda vez que necesitan obligadamente consolidar su credibilidad, capacidad e impacto simbólico. En el imaginario social Guillier no es todo lo que la gente quiere y, precisamente, esa gente no tiene la misma urgencia que tienen los partidos por continuar el gobierno de la Nueva Mayoría.

Y, al otro lado de la calle, está Sebastián Piñera representando con nitidez a su sector.  Su mensaje de inversión, crecimiento y prosperidad lo han transformado en una bandera ideológica. Ese mensaje también le resulta creíble al voto femenino y a los indecisos en esta sociedad de consumo. El modelo administrado por la centro izquierda ha destruido la sensibilidad de nuestra sociedad. En las calles el  síntoma de pasar por encima de los más pobres es evidencia de la ausencia de la  simple sofisticación del sentido común, la solidaridad y el sentido de comunidad.  Chile ha cambiado y la NM no se hizo cargo de manera contundente del desafío por reponer el alma natural del país. Y ahí aparece la oposición con su candidato estrella, un millonario de pocos escrúpulos que garantiza el tener, el dinero y el consumo, sin importar sus costos.

Mientras Alejandro Guillier se da el lujo de sentir pudor por el fin del CAE y del fin de las AFPs, haciendo un guiño a su competencia y a los sectores empresariales. La gente quiere en La Moneda un líder que se atreva a decir lo que la gente piensa, quiere ver  un acto de rebeldía contra sus propios consejeros  y dejar el discurso de la vieja guardia sin eco.

Ya no es un secreto que los dirigentes del FA no necesitan a Alejandro Guillier para crecer; muy por el contrario, necesitan a Piñera en La Moneda para consolidar esta nueva izquierda y afianzar su poder y crecimiento electoral. Cuatro años no son nada para un movimiento que podría liderar la política chilena del futuro cercano. Pero el costo sería muy alto para la gente que recién está disfrutando los cambios estructurales iniciados por Michell Bachelet; así que la disyuntiva ética del FA los obliga a exigir a todo evento los cambios contundentes a los partidos de la NM.

Los millenials  con todas sus características psicológicas y sociales se han tomado la política, esta generación que gusta de los desafíos y el reconocimiento social y con menos miedo para desarrollar sus ideas y emprendimientos, no obedecen a la lógica de la NM ni de la vieja política; están decididos a arriesgar todo si la propuesta no les acomoda.

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