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Año X, 18 de enero de 2018

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Vicepresidente Corfo y cobalto: “Chile puede ser un oferente importante en la cadena de electromovilidad”

El cobalto se podría convertir en la puerta de entrada de Chile al gran mercado de la electromovilidad. Con grandes reservas de litio, un importante desarrollo de energía solar y ahora con relaves que contienen cobalto -metal vital para la elaboración de autos eléctricos y baterías-, CORFO estudia la posibilidad de comenzar a explotar el material en zonas de las regiones de Atacama y Coquimbo.

Martín Espinoza C

  Miércoles 13 de diciembre 2017 19:36 hrs.
eduardo-bitran

El cobalto se prevé como el metal de moda para los próximos años. La electromovilidad se instaló en el mundo de la mano de los vehículos eléctricos y he ahí una de las importantes razones que consolidan al cobalto como un imprescindible de aquí al futuro.

Hasta este año era El Congo el mayor exportador de cobalto del mundo. Cuando una investigación reveló las condiciones en las que se trabajaba su explotación, que podrían ser perfectamente definidas como esclavitud de menores, lo más grandes compradores del material –empresas como Sony y Apple- decidieron congelar las negociaciones  de forma indefinida.

Un estudio mandado a hacer por CORFO dio cuenta del verdadero potencial del país en un escenario de explotación de cobalto. ¿La razón? La creciente industria de la electromovilidad contempla una serie de recursos y, de ellos, dos presentan una situación crítica en términos de oferta: el litio y el cobalto.

Según la investigación, “yacimientos con mena principal por cobalto en Chile solamente se han explotado en las regiones de Atacama, Coquimbo y Metropolitana”, esto, durante la primera mitad del siglo XX, con un peak de producción de 25 mil toneladas hasta 1944 (hoy el mercado requiere unas 120 mil toneladas).  Las principales zonas de explotación serían las de San Juan y Carrizalillo Alto en la región de Atacama, y el distrito de Tambillos en la región de Coquimbo.

Según indica Eduardo Bitrán, vicepresidente de Corfo, el desafío nacional dice relación con la tecnología para extraerlo: “hay bastante cobalto en una zona extensa del país. En los relaves de la minería de cobre, donde también hay hierro, existe cobalto en porcentajes interesantes. No para explotarlo de forma exclusiva, sino para hacer un tratamiento de relaves que recupere el hierro, el cobre, el oro y también el cobalto. El desafío es tecnológico. Como parte del proceso de recuperación de hierro y cobre que hay hoy en esos relaves, tiene que incorporarse la extracción de sulfuro de cobalto. Si eso es posible, los volúmenes de los que estamos hablando serían decenas de miles de toneladas. Hablamos de potencial, porque no sabemos si será viable desde el punto de vista económico”.

La búsqueda de Corfo es orientar el área de extracción hacia aquellas zonas de mayor porcentaje de cobalto y modificar los procesos para separarlo de los otros minerales que se recuperan. Se sabe que es factible, pero a estas alturas se propone evaluar su rentabilidad. En caso de que la extracción fuese económicamente viable, señala Bitrán, Chile se abriría un paso importante en la industria de la electromovilidad: “si eso resultara rentable tendríamos una situación extraordinaria en Chile, porque tendríamos el litio más barato del mundo en términos de costos de extracción -y el 52% de las reservas del mundo-, contaríamos con una energía solar que tiene costos bajísimos y los precios son extraordinariamente competitivos, a eso le unimos que el níquel está disponible por camión desde Brasil y además podemos desarrollar cobalto. Entonces podemos pensar  en una industria manufacturera en Chile en donde el país puede transoformarse en un oferente muy importante en la cadena de electromovilidad”.

Lo que pretende Corfo es refundar la minería nacional. Se habla de abrir una “nueva minería, de nicho, sofisticada”, que permita recuperar estos metales y convertir a Chile en un líder en ese campo. Para la eventual explotación se manejan dos alternativas: aprovechar e insertarse en los procesos productivos que existen hoy y/o explorar los relaves que ofrecieron cobalto durante la primera mitad del siglo recién pasado.

Los impactos ambientales, si bien no se han estudiado, parecen no ser significativos. Según Bitrán, la explotación no abriría nuevos pasivos ambientales: “Cuando se hagan los estudios económicos para la extracción, probablemente sea un tema que entre en el ámbito privado. En ese caso se verán los estudios ambientales, pero no se ven grandes problemas. La recuperación y operación de relaves existe hoy. Se trata de orientar para que una parte de esa operación esté enfocada en vetas que tienen una mayor proporción de cobalto, lo que no tiene implicancias ambientales distintas de la operación que existe hoy en día. Y de incorporar una tecnología de separación, que lo más que requiere es una evaluación de impacto ambiental. Acá no hay nuevos pasivos ambientales, lo que esto permite es incentivar el aprovechamiento de los relaves”.

Así, Chile vive una nueva oportunidad para dejar de ser un país monoexportador y ampliar su veta explotadora hacia otras materias primas. La tríada compuesta por el litio, el cobre y el cobalto se avizoran como los grandes aliados del Chile del futuro.

El cobalto se prevé como el metal de moda para los próximos años. La electromovilidad se instaló en el mundo de la mano de los vehículos eléctricos y he ahí una de las importantes razones que consolidan al cobalto como un imprescindible de aquí al futuro.

Hasta este año era El Congo el mayor exportador de cobalto del mundo. Cuando una investigación reveló las condiciones en las que se trabajaba su explotación, que podrían ser perfectamente definidas como esclavitud de menores, lo más grandes compradores del material –empresas como Sony y Apple- decidieron congelar las negociaciones  de forma indefinida.

Un estudio mandado a hacer por CORFO dio cuenta del verdadero potencial del país en un escenario de explotación de cobalto. ¿La razón? La creciente industria de la electromovilidad contempla una serie de recursos y, de ellos, dos presentan una situación crítica en términos de oferta: el litio y el cobalto.

Según la investigación, “yacimientos con mena principal por cobalto en Chile solamente se han explotado en las regiones de Atacama, Coquimbo y Metropolitana”, esto, durante la primera mitad del siglo XX, con un peak de producción de 25 mil toneladas hasta 1944 (hoy el mercado requiere unas 120 mil toneladas).  Las principales zonas de explotación serían las de San Juan y Carrizalillo Alto en la región de Atacama, y el distrito de Tambillos en la región de Coquimbo.

Según indica Eduardo Bitrán, vicepresidente de Corfo, el desafío nacional dice relación con la tecnología para extraerlo: “hay bastante cobalto en una zona extensa del país. En los relaves de la minería de cobre, donde también hay hierro, existe cobalto en porcentajes interesantes. No para explotarlo de forma exclusiva, sino para hacer un tratamiento de relaves que recupere el hierro, el cobre, el oro y también el cobalto. El desafío es tecnológico. Como parte del proceso de recuperación de hierro y cobre que hay hoy en esos relaves, tiene que incorporarse la extracción de sulfuro de cobalto. Si eso es posible, los volúmenes de los que estamos hablando serían decenas de miles de toneladas. Hablamos de potencial, porque no sabemos si será viable desde el punto de vista económico”.

La búsqueda de Corfo es orientar el área de extracción hacia aquellas zonas de mayor porcentaje de cobalto y modificar los procesos para separarlo de los otros minerales que se recuperan. Se sabe que es factible, pero a estas alturas se propone evaluar su rentabilidad. En caso de que la extracción fuese económicamente viable, señala Bitrán, Chile se abriría un paso importante en la industria de la electromovilidad: “si eso resultara rentable tendríamos una situación extraordinaria en Chile, porque tendríamos el litio más barato del mundo en términos de costos de extracción -y el 52% de las reservas del mundo-, contaríamos con una energía solar que tiene costos bajísimos y los precios son extraordinariamente competitivos, a eso le unimos que el níquel está disponible por camión desde Brasil y además podemos desarrollar cobalto. Entonces podemos pensar  en una industria manufacturera en Chile en donde el país puede transoformarse en un oferente muy importante en la cadena de electromovilidad”.

Lo que pretende Corfo es refundar la minería nacional. Se habla de abrir una “nueva minería, de nicho, sofisticada”, que permita recuperar estos metales y convertir a Chile en un líder en ese campo. Para la eventual explotación se manejan dos alternativas: aprovechar e insertarse en los procesos productivos que existen hoy y/o explorar los relaves que ofrecieron cobalto durante la primera mitad del siglo recién pasado.

Los impactos ambientales, si bien no se han estudiado, parecen no ser significativos. Según Bitrán, la explotación no abriría nuevos pasivos ambientales: “Cuando se hagan los estudios económicos para la extracción, probablemente sea un tema que entre en el ámbito privado. En ese caso se verán los estudios ambientales, pero no se ven grandes problemas. La recuperación y operación de relaves existe hoy. Se trata de orientar para que una parte de esa operación esté enfocada en vetas que tienen una mayor proporción de cobalto, lo que no tiene implicancias ambientales distintas de la operación que existe hoy en día. Y de incorporar una tecnología de separación, que lo más que requiere es una evaluación de impacto ambiental. Acá no hay nuevos pasivos ambientales, lo que esto permite es incentivar el aprovechamiento de los relaves”.

Así, Chile vive una nueva oportunidad para dejar de ser un país monoexportador y ampliar su veta explotadora hacia otras materias primas. La tríada compuesta por el litio, el cobre y el cobalto se avizoran como los grandes aliados del Chile del futuro.