Diario y Radio U Chile

Año X, 20 de julio de 2018

Escritorio
Juan Pablo Cárdenas S.

Visita papal y Estado laico

Juan Pablo Cárdenas S. | Viernes 22 de diciembre 2017 7:52 hrs.

En conocimiento de que en enero próximo el Papa Francisco va a visitar nuestro país, diversos sectores autodenominados “liberales” han expresado su repudio a tal visita, como a la posibilidad de que las autoridades decreten un feriado legal para facilitar  las concentraciones y el libre tránsito en aquellas ciudades en que se hará presente el Pontífice.

Se nos recuerda que estamos en un “estado laico” y que tal feriado sería un despropósito, en un franco menosprecio por la fe que comparte la gran mayoría del pueblo chileno, además del interés político que su presencia en Chile provoca en sectores que no adhieren necesariamente a lo que el Papa representa. Todas las estimaciones que se han hecho concuerdan que, con esta visita papal, serán varios  los millones de chilenos que saldrán a observarlo y vitorearlo a las calles en Santiago, Iquique y La Araucanía, hasta donde llegarán otros cientos de miles de habitantes de diversas regiones del país como del extranjero.

Las recientes y masivas congregaciones de fieles en los santuarios de Lo Vázquez y de Pelequén auguran que estas manifestaciones públicas de enero posiblemente se conviertan en las más populosas de toda nuestra historia. Por ende, un feriado legal podría facilitar mucho la acción de las policías, de las propias autoridades y del pueblo cristiano interesados en su visita, como obligados a prestarle seguridad a una gira que concitará, además,  la atención en todo el mundo.

Cualquiera es libre de tener o no fe religiosa; de emocionarse o lamentar la presencia de Francisco en nuestro país, pero lo que es muy sorprendente es que existan esfuerzos por impedir un feriado legal que ha sido propiciado por el Gobierno y una inmensa cantidad de chilenos. Ciertamente nos parece muy enojoso que sectores que dicen representar al pueblo no se avengan con la declaración de un festivo con ocasión de un evento oficial de todas maneras muy interesante, más allá de la labor pastoral que se propone realizar el Papa en nuestro país.

Creo sinceramente que quienes se oponen a este feriado hacen gala de su sectarismo, intolerancia o falta de sensibilidad con los sentimientos de nuestro pueblo. Países de gobiernos fundamentalistas y de muy disímil orientación religiosa reciben a los pontífices por la importancia política que tiene su condición de Jefe de Estado pero, sobre todo, conscientes de su inmenso influjo moral y cultural. Lo curioso es que cuando vino a Chile Juan Pablo II (sin duda un prelado mucho más conservador y controvertido que el actual) recordamos el entusiasmo con que fuera acogido por las víctimas de la represión pinochetista. En la esperanza, por cierto, que su inevitable encuentro con Pinochet, discursos y acciones pudieran constituirse en un acicate a la salida política chilena. Visita que ahora la historia reconoce como un gran hito en la promoción de los DDHH y de la democracia en Chile, así como en el término de un régimen opresivo.

Quienes por su agnosticismo, ateísmo u otras posturas muestran su disgusto por esta visita, reclaman nuestra condición laica y se oponen al feriado, al menos debieran hacerse eco de la contribución de las iglesias en los últimos tiempos en la defensa de los pobres, los humildes, los explotados, los discriminados y ahora de los emigrantes. De todo lo que hizo una Vicaría de la Solidaridad, por ejemplo, por amparar a aquellos cientos de miles de víctimas de la Dictadura, como ahora  de los millones de trabajadores acosados por el capitalismo salvaje, régimen repudiado expresamente por la alta jerarquía eclesiástica Católica. Todo lo cual explica la enorme popularidad de un pontífice que ha sido nítido en su defensa de los explotados y desvalidos de todo el mundo.

Sin duda que el repudio que se le pueda ejercer al Papa Francisco no amagará por nada su visita y pudiera provocar, incluso, una mayor concurrencia de fieles y no religiosos a sus actividades públicas. Así como que estamos ciertos que este desdén en nada aminorará el discurso papal del que mucho temen las autoridades, la derecha y los propios católicos de corte conservador o reaccionario. Sabedores del compromiso del Pontífice con las demandas por la justicia, la igualdad, equidad y con los derechos políticos y sociales todavía conculcados en Chile. No hay duda de que su visita al país pudiera incluso sensibilizar al Papa Francisco de los despropósitos cometidos por obispos, sacerdotes y otros que son refractarios dentro de la curia a los cambios internos que está propiciando su pontificado y a quienes acaba de tildar de “traidores” allá en Roma.

Ciertamente, lamentamos que sectores que propician transformaciones valóricas en la legislación chilena en mérito del pluralismo, la libertad y del propio estado laico, contradigan sus valores y acciones al oponerse a la visita de un personaje de tanta connotación y gravitación en el pensamiento y las creencias de nuestro pueblo. Que un supuesto intelectual liberal y de izquierda haya recurrido a esa vieja y manida expresión del “opio del pueblo” para calificar el entusiasmo popular que concita la fe y la presencia del Pontífice en nuestro país.

Porque, sinceramente, no creemos que en ellos exista el temor de que la productividad económica pueda afectarse con un feriado circunstancial. Ni menos cuando esta oposición es planteada por miembros de una clase o casta política que poco o nada contribuye efectivamente al progreso del país. Sino al desangre de nuestros presupuestos fiscales para financiar sus elecciones, actividades partidistas y el sostenimiento por el Fisco de sus operadores políticos.

Posiblemente en esta intolerancia e insensibilidad hacia las creencias del pueblo se explique de buena manera sus penosos resultados electorales. Se nos ocurre que si la Selección Nacional de Fútbol hubiese quedado clasificada para asistir al próximo Mundial, a estos sectores no les hubiera irritado tanto que se decretara un feriado legal en beneficio de una masiva celebración.  Así como acaba de ocurrir en Perú, donde el gobierno de aquel país supo valorar la alegría, y estimular la algarabía popular, con un día festivo por su clasificación a la próxima competencia mundial en Rusia.