Diario y Radio U Chile

Año X, 16 de octubre de 2018

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Reflexión de Navidad: el viejo pascuero

Beatriz Urrutia Q. Cartas al Director |

  Lunes 25 de diciembre 2017 17:45 hrs. 
Sr. Director:

Escribo para compartir una reflexión sobre Navidad y Vejez.
Hoy es Navidad y mientras muchos mayores pasan estas fechas solos y algunas almas caritativas hacen acciones solidarias como ir a un hogar de “ancianos”, a un hospital o a la calle a dar compañía a quienes lo necesitan,
medito sobre la imagen del “Viejo Pascuero”. Santa Claus, Papá Noel o como le llamen es eso, un viejo, o un adulto mayor (porque a muchos les “choca” la palabra viejo por prejuicios propios).
Y parece ser que Navidad es la única época del año donde todos los niños esperan con ansias que un viejo llegue a casa… es que este viejo trae regalos. Es la época donde al fin consiguen “pega” adultos mayores de pelo y larga barba blancos, a quienes les ponen una gran barriga y traje rojo para la nieve, siendo que en gran parte de Chile “caen patos fritos”.
Es la temporada del año donde más se lee en redes sociales la palabra viejo o “viejito” acompañada de pascuero. Parece ser la única vez en el año que un viejo se convierte en una figura pública popular, dan películas sobre su vida y es admirado como un super héroe.  Lamentablemente el resto del año los viejos dejan de ser importantes para la sociedad y si se les da tribuna, es para hablar de las enfermedades que los aquejan, de la soledad y abandono social, además de hacer “meas culpas” sin cambiar en nada las actitudes hacia la vejez, hablando en prensa de los “abuelitos”, una forma tierna, pero asistencialista para hablar de este grupo etario.
Tal parece ser que la gente se olvida que todos los días hay viejos y viejas héroes y heroínas, que no llegan con un saco de regalos o tal vez si con un par de éstos… a cuidar de nietos, a hacer voluntariado en causas benéficas, a dar espacio en su casa propia para hijos, nietos y todo aquel que lo necesite, a compartir su pequeña pensión con el hijo cesante, a trabajar por la vecindad en la que viven (a limpiar la cuadra o regar las plantas, lo que no hacen los vecinos), a ser líder de una agrupación de mayores (un club, una Ucam, una junta vecinal) en fin, cientos de ejemplos más. Pero nosotros lo invisibilizamos y parece que solo un viejo imaginario es santo, es un héroe y es bienvenido en casa con los brazos abiertos. Que esta Navidad no se nos olvide regalar a los niños una sociedad menos edadista, donde valoremos a los viejos todos los dias: al abuelo, al vecino, al conserje, al suplementero, al panadero, al del almacén, a la señora que cuida a los niños, a la cataquista de la iglesia, a la que vende en el carrito de la esquina, en fin a tantas personas mayores que no reconocemos día a día y seguro esto será un gran regalo para todos y que perdurará más allá de Navidad, ya que todos vamos para la vejez…
Beatriz Urrutia Q.
Trabajadora Social
Mg. en Valoración e Intervención Gerontológica y Geriátrica