Diario y Radio U Chile

Año X, 23 de junio de 2018

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Un haitiano cuya vida valía menos de 5 mil pesos

El asesinato de Djon indignó a la comunidad haitiana y a la opinión pública. Pero esa aberración individual tiene su equivalencia a nivel macro, con un proyecto de ley que no resuelve el problema de fondo: todos los seres humanos deben ser sujetos plenos de derechos, sin importar donde hayan nacido.

Patricio López

  Miércoles 27 de diciembre 2017 6:22 hrs. 
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Se llamaba Djon Benjamin. Era haitiano y vivía en un cité de Avenida Independencia con su primo, en los mismos lugares donde hace décadas vivían los inmigrantes del campo, los trabajadores explotados, los pendencieros y los infectados por todo tipo de epidemias. Le debía 5 mil pesos al dueño y cuando fue a pagarle, recibió por respuesta golpes y perdigones que le causaron la muerte. Fue su regalo de Navidad de parte de Chile.

El hecho impactó e indignó, pero es probable que el fondo no haya sorprendido. La inmigración creciente ha sacado lo peor de cierta parte del país, junto con desmentir a Los Quincheros con eso de que “verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”. O quizás, el punto es que los inmigrantes que han llegado al pueblito llamado Las Condes han merecido, por alguna misteriosa razón, otro trato. Así, un destacado ex atleta y diputado electo, de apellido alemán, puede cuestionar el premio a un pesista cubano nacionalizado porque sus méritos deportivos no se originaron en Chile.

¿Es tan fuera de lo común lo que está ocurriendo? Vivimos la época en la historia de la Humanidad donde una mayor cantidad de personas se desplaza, por distintas razones, pasando de 154 millones de personas que vivían fuera del país donde nacieron, en 1990 a 244 millones en 2015[1]. En Chile, que no había sido un destino histórico de personas provenientes de otros lugares, se ha instalado la idea de que la migración es un fenómeno masivo y que nos afecta especialmente, pero ninguna de las dos afirmaciones es cierta. Según la Encuesta Casen 2015, la migración en Chile obedece a apenas el 2,7 por ciento de la población, lo que sitúa al país por debajo del promedio internacional. Los datos del Censo 2017 que se conocerán en los próximos meses nos darán nuevos antecedentes al respecto.

Esta apreciación errada puede deberse a la concentración del 69,1 por ciento de los migrantes en Santiago[2], ciudad que centraliza la construcción de sentido común en el país, y a que en Chile efectivamente ha habido un aumento porcentual mayor al promedio mundial en los últimos años. Otra región que concentra inmigrantes es Tarapacá, la misma donde el senador Fulvio Rossi, supuesta víctima de un ataque con arma cortopunzante de un colombiano, ha sido objeto de una demanda por la Ley Zamudio, acusado de asociar espuriamente a los extranjeros con la criminalidad.

Dicho esto, la migración reciente tiene características distintas a otras que se han producido en la historia del país. Entre ellas podemos mencionar, en primer lugar, su naturaleza regional, alimentada por el contraste entre la mala prensa de América Latina con la “del Chile postdictadura (que) ha contribuido a la formación y posicionamiento de una marca país (…) caracterizada por la estabilidad política, social y económica”[3]. Así, el 79,4 por ciento de los extranjeros proviene de países latinoamericanos y del Caribe.

En segundo lugar, se debe mencionar la feminización. Según la Encuesta Casen (2015), el 51,9 por ciento de quienes han llegado a Chile son mujeres. Según Carolina Stefoni, las mujeres han reemplazado a los hombres jóvenes como sujetos migrantes, en busca de aquello que el patriarcado les niega en sus lugares de origen: mejores condiciones de vida, oportunidades laborales y recursos económicos.

En tercer lugar, laboralmente los migrantes recientes en Chile han tendido a concentrarse en sectores altamente susceptibles de abuso, como el servicio doméstico, la atención y los servicios. Adicionalmente, quienes están en el país en condición ilegal son presa fácil de injusticias, pues no tienen cómo defender su condición de sujetos de derecho.

Así, el impacto de la migración en Chile ha puesto en crisis una institucionalidad que data de 1975, basada en la doctrina de seguridad nacional de la dictadura de Augusto Pinochet. Los flujos migratorios de los últimos años se han traducido en una inserción meramente económica, por lo general en empleos precarios y en el contexto de un modelo neoliberal, con Estado subsidiario y una legislación laboral laxa. En el plano cultural ha primado una mera coexistencia que en situaciones de precariedad se traduce en marginación y puede augurar conflictos sociales futuros[4]. Estos problemas de fondo no se resuelven con el proyecto de ley promovido muy postreramente por el gobierno de Michelle Bachelet.

En el plano internacional, este año se plasmó el estado de la discusión en el Diálogo Internacional sobre la Migración, promovido por la Organización Internacional para las Migraciones. En esa instancia, se fijó el objetivo de fortalecer la cooperación internacional y la gobernanza de la migración con miras a la aprobación de un pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular en 2018. En sus observaciones iniciales, el Director General de la OIM, el Sr. William Lacy Swing, afirmó que la visión de la organización comprende cuatro elementos esenciales: 1) proteger los derechos de los migrantes; 2) facilitar la migración segura, ordenada y regular; 3) reducir la incidencia y las consecuencias de la migración forzada e irregular; y 4) abordar las consecuencias de la movilidad en contextos de desastres naturales y provocados por el hombre (ser humano).

Tal como a nivel mundial, el trasfondo del tema sigue siendo la disputa sobre la concepción política de la migración, pasando desde la noción de gestionar un problema de seguridad pública a una perspectiva donde todos los habitantes sean sujetos de derecho, independientemente de donde hayan nacido. En ese propósito, la absurda muerte de Djon Benjamin lo convierte en un mártir de una de las principales disputas de nuestro tiempo. Porque, en palabras de Jorge Drexler: “nunca estamos quietos, somos trashumantes/ Somos padres, hijos, nietos y bisnietos de inmigrantes/ Yo no soy de aquí, pero tú tampoco”. Djon no era de aquí, pero nosotros tampoco.

[1] Organización Internacional de las Migraciones (2013).

[2] Ministerio de Desarrollo Social, Encuesta Casen (2015).

[3] Caterine Galaz, Rolando Poblete y Carla Frías (2017). Políticas Públicas e Inmigración ¿Posibilidades de Inclusión efectiva en Chile? Editorial Universitaria.

[4] Nicolás Rojas y Claudia Rojas (2016). La migración en Chile: breve reporte y caracterización. Observatorio Iberoamericano sobre Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo.