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¿Por qué países como Guatemala y Honduras apoyan reconocimiento de Jerusalén como capital israelí?

Rafael Araya Masry, presidente de la Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe, explica que el apoyo de algunos países al reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel se explica desde su histórica dependencia de EEUU.

Sergio Garcia Hernandez

  Viernes 29 de diciembre 2017 10:14 hrs. 
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*Entrevista publicada originalmente en Agencia Anadolu.

El presidente de la Confederación Palestina Latinoamericana y del Caribe (Coplac), periodista y analista en política internacional, Rafael Araya Masry, dice que el apoyo de alrededor de una decena de estados al reconocimiento por parte de EEUU de Jerusalén como capital de Israel, se explica desde la dependencia histórica frente al país del norte y el incremento del lobby israelí.

El analista asegura que EEUU renunció a su rol de mediador en un proceso de paz entre Israel y Palestina y considera que la Unión Europea, Rusia, Turquía y China pueden ofrecer alternativas para que se supere el conflicto.

¿El traslado ordenado por Guatemala de su embajada a Jerusalén es consecuencia del reconocimiento otorgado por Donald Trump a esa ciudad como la capital de Israel?

Sin duda. Todos conocemos la histórica dependencia guatemalteca de los EEUU, pero también le agregaría la histórica alianza guatemalteca-israelí, donde el Estado de Israel ha invertido importantes sumas de dinero para promover el desarrollo de las comunidades cristianas-sionistas que apoyan incondicionalmente a ese país, porque promueven la interpretación literal de la Biblia, sin espacio para cuestionar o reinterpretar absolutamente nada. Es una adhesión acrítica, casi robótica.

El propio presidente Jimmy Morales asumió su propia condición religiosa para justificar la decisión, aunque a costa de las creencias de otros sectores cristianas que no necesariamente están de acuerdo con el gobierno.

¿Puede haber más países que decidan mover sus embajadas y reconocer a Jerusalén como la capital de Israel?

Es probable, esa es la gran apuesta norteamericana-israelí, un efecto cascada, pero que difícilmente podrá involucrar a una cantidad significativa de países y menos aún, de estados relevantes. Creo que sería un camino casi natural que podrían seguir aquellas naciones que votaron en contra de la declaración que condenaba a Trump en la Asamblea General de la ONU, es decir, difícilmente sobrepasen los 10 o 15 estados, que en el contexto de los 192 que conforman la ONU, es la nada misma.

¿Cómo se puede entender el voto de Guatemala y Honduras en América Latina, en contra de la resolución de la ONU que le pide a Estados Unidos abstenerse de trasladar su embajada?

Creo que solo se puede entender en el contexto de la extrema dependencia económica y política de esos países en relación a los Estados Unidos. Guatemala tiene una historia trágica que incluye golpes de estado auspiciados por la CIA, sumado a las actividades delictivas de la United Fruits que fue nacionalizada por el presidente guatemalteco, Jacobo Arbenz, en 1954.

Todo esto permitió la instalación de gobiernos adictos a los EEUU en Guatemala, sumado al surgimiento de movimientos guerrilleros que se rebelaron contra ese sistema y sus autoridades, violaciones a los DDHH y ejecuciones extrajudiciales, etc. No obstante, esa dependencia de los EEUU, lejos de disminuir, se ve incrementada tras sucesivos gobiernos.

En el caso de Honduras, por estos días ha habido una elección de presidente plagada de acusaciones de fraude a favor del candidato que ganó la reelección; sistemas informáticos que se caen durante el recuento y que cuando vuelven a funcionar, los resultados son otros. Honduras, además, tiene bases militares norteamericanas en su territorio, las mismas que allanaron el camino para el derrocamiento del expresidente Manuel Zelaya. Y la presencia militar norteamerican, obviamente tiene su correlato en la vida política del país, en la que interfiere de manera constante. Creo que de esa forma se puede comprender el voto de ambos países, aunque habría que sumar muchos más antecedentes.

Doce países de las Américas (Argentina, Antigua y Barbuda, Bahamas, Canadá, Colombia, República Dominicana, Haití, Jamaica, México, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago) se abstuvieron de votar la resolución. ¿Influyó en su decisión sus relaciones con Estados Unidos?

Habría que analizar país por país y sería una respuesta excesivamente extensa. Pero sí podemos señalar que, por ejemplo, en el caso de Argentina, al asumir un gobierno de derecha con una muy cercana relación con el Estado de Israel, la abstención suena casi lógica en circunstancias que el gobierno anterior reconoció a Palestina como estado independiente, sobre las fronteras de 1967 y Jerusalén Oriental como su capital.

La mayoría de los demás Estados no le reconoce a Palestina la condición de Estado. Paraguay ha estrechado de manera significativa su relación con Israel, y es reconocida la injerencia que tienen sus servicios de seguridad en el país sudamericano, por obra del presidente Horacio Cartes. Tampoco México reconoció a Palestina y todos sabemos de la extrema dependencia que ese país tiene respecto de los EEUU. Es decir, no hay sorpresa en esto, que tiene una directa relación con la capacidad de influencia o coerción que Israel y los EEUU pueden ejercer sobre ellos.

¿Puede haber algún impacto político o económico en la relación de los países árabes con Latinoamérica debido a la negativa de algunos de ellos de apoyar a Palestina?

Cuando hablamos de mundo árabe debemos considerar que no estamos ante un bloque homogéneo de estados que actuarán al unísono ante cualquier circunstancia. Si bien es cierto que la cuestión palestina juega para los países árabes un asunto profundamente arraigado, cada país árabe presenta matices diversos de enfoque.

Aunque, creo que en presencia de una situación tan límite como lo que ha planteado el presidente Trump respecto de Jerusalén, pudiera existir algún tipo de represalia comercial contra algunos países que decidan seguir el ejemplo norteamericano.

¿El reconocimiento en Estados Unidos de Jerusalén como la capital de Israel limita las posibilidades de un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos?

Las limita en tanto y en cuanto se le había asignado a los Estados Unidos un rol de mediador importante para aportar a una paz negociada. Es obvio que con la decisión tomada por Trump, ese país perdió toda posibilidad de ejercer como un mediador objetivo e imparcial, porque se pronunció a favor de una de las partes en conflicto.

Pero con la pérdida de rol de EEUU, también se abre una puerta para que otros actores puedan mediar de manera eficiente. Tal es el caso de la Unión Europea, que ha condenado la decisión norteamericana; Rusia, que ha reinsertado lo que fue en su momento la influencia soviética en la región, China, Turquía, etc. Es decir, lo que ha sido una verdadera catástrofe política, también puede transformarse en una oportunidad para que, con la inclusión de nuevos protagonistas se pueda coadyuvar a un proceso de paz que, hasta ahora, ha ido de fracaso en fracaso.

¿Qué medios legales y políticos tiene Palestina para evitar que más países reconozcan a Jerusalén como capital de Israel?

El único camino para Palestina es recurrir a los foros internacionales a denunciar la ilegalidad de la medida, porque de lo que no se habla ni se menciona en ningún lado es que, con la decisión del gobierno norteamericano de reconocer Jerusalén como capital de Israel, de alguna forma no solo está convalidando la ocupación de la ciudad, sino de todos los territorios ocupados a partir del 5 de junio de 1967, aunque no lo diga explícitamente. La parte oriental de Jerusalén fue capturada por el ejército israelí junto a todo lo que es la Cisjordania y la Franja de Gaza. Es decir, abarca mucho más que la sola ciudad de Jerusalén.

¿Qué lógica tiene la decisión del presidente Donald Trump de trasladar la embajada en Israel?

Esta decisión fue un paso calculado por Trump para obtener consensos internos, dentro de su propio país. Él necesita urgentemente seguir aprobando leyes en el Congreso. No olvidemos que uno de los principales instigadores de esta decisión fue el magnate Sheldon Adelson, quien aportó más de USD 30 millones a la campaña de Trump y financió la última campaña de Benjamín Netanyahu en Israel. También fue un guiño a los grupos cristianos sionistas, a la American Israeli Public Affairs Committee (AIPAC) y a los sectores judíos norteamericanos, responsables del fuerte lobby a favor del Estado de Israel.

¿Por qué en Estados Unidos hay un apoyo decidido de sus sectores políticos más representativos a Israel?

Los Estados Unidos poseen una gran comunidad judía en el seno de su sociedad que se fue transformando en fuertes grupos de presión a favor del Estado de Israel a lo largo del tiempo, pero también como resultado de la Guerra Fría. Fue la contrapartida al volcamiento de muchos países del mundo árabe a lo que fue la Unión Soviética. Eso perduró más allá de la coyuntura específica. Ellos lograron perforar su ideología en sectores de la sociedad norteamericana y, por ende, en sus factores de poder.

Aunque, el surgimiento de nuevos grupos judíos de lobby, como J-Street, que condena el apoyo irreflexivo a todas las políticas israelíes y propicia la solución de dos Estados, sumado a que los jóvenes norteamericanos comienzan a tener una mirada menos condescendiente con Israel, van creando un ámbito de discusión más abierto.

¿Qué efectos puede tener el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel en la vida de miles de musulmanes y cristianos en Palestina?

El proceso de desarabización y de desislamización de Jerusalén ha sido un proceso constante por parte del Estado de Israel, lo que significa en los hechos que van desapareciendo vestigios de esas culturas, se borra la simbología musulmana y se va convirtiendo en un lugar donde solo se facilitan valores, símbolos y culto judíos.

Israel es un estado que se ha colocado por encima de la ley, y una medida como la que tomó Trump, sin duda será un nuevo aliciente para profundizar el proceso de judaización de la ciudad.

¿Qué efectos tiene la decisión de Estados Unidos acerca de Jerusalén sobre la mezquita Al-Aqsa, uno de los sitios más sagrados para los musulmanes?

Uno de los grande afectados por la decisión de los Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, es el Reino de Jordania, custodio de los lugares santos, entre estos la mezquita de Al Aqsa. Con la decisión de Trump, esa condición jordana se ha visto afectada gravemente, le impedirá o le restringirá en su capacidad de velar por esos lugares.

Israel ha anunciado que acelerará los trabajos de excavaciones debajo de la mezquita, y sostiene que allí se encontrarían los restos del Segundo Templo, que no es más que un justificativo para debilitar las bases arquitectónicas de la mezquita hasta un punto de colapso. Más aún, al retirarse Israel de la Unesco, a la par de EEUU, no existirá un organismo capaz de supervisar la buena condición de los lugares santos.

¿Se pueden incrementar los asentamientos de Israel en Cisjordania debido al respaldo político de Estados Unidos?

Por supuesto. Si bien Israel ya ha instalado 600 mil colonos -todos ilegales según el derecho internacional- la decisión norteamericana de alguna manera significa un “nuevo permiso” de colonización sobre el territorio destinado a constituir el futuro Estado palestino. Al apartarse de su rol mediador, Estados Unidos otorga carta blanca a la construcción de nuevos asentamientos.

Palestina es un pueblo que ha resistido por más de 70 años en situaciones infinitamente peores que las actuales. Y no será precisamente una decisión ilegal y arbitraria de un presidente norteamericano la que inhiba ese espíritu de lucha de un pueblo que conoce el dolor y la muerte, pero que mantiene intacta su voluntad de prevalecer, más allá de la humillación a la que es sometido a diario.