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Rodrigo Karmy: “Tanto saudíes como israelíes tienen intereses comunes en destruir a Irán”

En conversación con nuestro medio el investigador del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile explicó las particularidades de las protestas que ocurren en Irán actualmente, describiendo que hay una impugnación a de la gente a los reformistas y conservadores por ser incapaces de levantar la economía afectada por el bloque liderado por Estados Unidos.

Maximiliano Alarcón

  Miércoles 3 de enero 2018 19:43 hrs.
iran

El pasado jueves 28 comenzaron las fuertes protestas que afectan hasta el día de hoy la interna dentro de Irán, destacando la muerte de 22 manifestantes en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

En este contexto, la comunidad internacional y en particular el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han entregado mensajes relativos a la posibilidad de intervenir de alguna manera en aquel país. Pero es conocido que estos conflictos, y el interés de otros países de hacerse parte, siempre son más complejos que el “anhelo de paz” que ha utilizado Estados Unidos en otras ocasiones para justificar la intervención militar.

Sobre los escenarios, nuestro medio conversó con Rodrigo Karmy, investigador del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile, quien entregó mayor contexto para comprender el porqué de las protestas iraníes, así como de las interesadas declaraciones que surgen desde distintos bandos.

Se dice que las protestas son distintas a las de 2009 ¿A qué se debe eso?

Son distintas en dos sentidos. Primero, porque las de 2009, las que dieron origen al Movimiento Verde, tuvieron como gatillante la reelección fraudulenta de Mahmud Ahmadinejad. Acá el gatillante es una declaración que hace el presidente Hassan Rouhani anunciando más ajustes económicos y mayor alza de precios. La motivación no es un aspecto puramente cívico-político, sino que económico. La segunda cuestión que marca diferencias entre las protestas, y que seguramente tendremos que seguir mirando, es el contexto geopolítico regional. La clave para entender esto es el tema sirio. Siria es un protectorado del régimen Iraní, quienes han volcado su política exterior para salvar el régimen sirio en virtud de la expulsión de la hegemonía saudí de esa zona. Al mismo tiempo, salvar a Irak, puesto que Estados Unidos lo devastó en 2003.

 ¿Una es consecuencia de otra? ¿La política exterior provocó lo que pasa dentro de Irán?

 Por un lado la política interna iraní es muy interesante, porque tenemos un ala conservadora y una reformista, que triunfa en las elecciones de 2013 liderada por Rouhani. El problema es que aparantemente ni los reformistas ni los conservadores son capaces de dar respuestas a una situación que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo, antes de que Irán se comprometiera en Irak y en Siria, que tiene que ver con la intervención imperial que ha hecho Estados Unidos con el bloqueo económico que ha afectado a Irán durante largos años. Esta protesta impugna la precarización económica y las reformas en la materia que no han sido logradas por las promesas de Rouhani que hablaban de inversión económica, la inclusión de la economía iraní en el circuito transnacional.

El compromiso iraní en el extranjero significa un gasto de recursos importantes, pero la crisis económica viene desde la intervención norteamericana y una cierta comunidad internacional que aparece con la potestad de bloquear económicamente al Irán post 1979.

 Según informan distintos medios el manifestante que está hoy en las calles tampoco responde a un solo perfil.

Exactamente, por eso hay que ser muy prudentes, porque la coyuntura en la que se dan estas manifestaciones es muy compleja. Por un lado el régimen iraní manifestó que quienes protestan son enemigos del Estado y poco menos enviados de Arabia Saudita, por su parte, Donald Trump en un tuit y Nikki Haley en Naciones Unidas dijeron que ‘los iraníes quieren democracia’, entonces lo que hacen los norteamericanos es justificar una eventual intervención. Cuando hay una protesta gigantesca con características de revuelta, se visibiliza un vacío de poder, el que intenta ser capturado por los distintos poderes en juego, en este caso el régimen iraní que los declara como enemigos del Estado, mientras que por otro lado las potencias imperiales que dicen que quieren democracia. Hay un perfil mezclado en las revueltas, están principalmente los desempleados, algunos estudiantes, pero hay discursos paradójicos, algunos son muy nacionalistas, otros anti árabes y otros muy libertarios de tradición de izquierda. Me parece, sin embargo, que las grandes potencias intentarán apropiarse de las revueltas como pasó con el caso sirio y la primavera árabe, pero por otro lado no podemos perder de vista el fenómeno que se está gestando ahí, el que creo tiene antecedentes no sólo en 2009, sino que ciertos momentos del año 78 y 79, cuando se gestó la revolución iraní y quedaron cosas inconclusas, como los derechos civiles y la educación, las que cada cierto tiempo se manifiestan. 

– También se han manifestado personas en contra de las protestas. En este escenario parece haber una solución política a la mano ¿Las diferencias entre el presidente y el ayatolá genera una dificultad para alcanzarla?

Hay un doble problema. La estructura del Estado iraní está articulada por una autoridad ‘espiritual’, que es el líder supremo Alí Jamenei, por otro lado, una autoridad mundana que es el presidente, quien obedece a instituciones mundanas como el parlamento, a diferencia del líder supremo, que no se somete a elecciones y responde al Consejo de la Revolución, es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y dirige al mismo tiempo la política exterior de Irán. Ese doble poder ha estancado la institucionalidad del Estado iraní porque la ha vuelto muy rígida, en la medida en que el autoritarismo de la facción espiritual terminó devorando la dinámica de la facción mundana. Las instituciones democráticas terminan sometidas siempre al consejo de clérigos de la revolución, donde está Alí Jamenei como máximo representante.

– Donald Trump ha dicho que es hora de un cambio en Irán y ya es conocida la forma en que Estados Unidos puede intervenir ¿Cuál es el escenario favorable para dicho país?

El mejor escenario para ellos es que el régimen termine por caer, pero no es favorable sólo para ellos, sino que también para uno de los estados más racistas del planeta y que se ha dedicado a desafiar de manera militar a Irán, como es Israel. El gran beneficiado de que caiga es, en el campo regional, Israel en primer término, Arabia Saudita en segundo término y finalmente los norteamericanos que funcionan como soporte de esta extraña alianza regional entre Arabia Saudita e Israel en materia de seguridad. Para los saudíes Irán es un rival económico de primer orden y un rival ideológico, para Israel es un rival militar y político, por lo tanto, tanto saudíes como israelíes tienen intereses comunes en destruir a Irán y Estados Unidos se junta con los interesados en la medida de querer hacer retroceder la influencia rusa en la región, que es precisamente Irán, país que ha ganado mucha influencia regional, no sólo por el conflicto en Yemén, sino que también por la situación en Siria y el papel que ha jugado en la administración irakí. El derrocamiento del régimen no creo que suceda, porque si se pretende “sirianizar” a Irán, los rusos estarán como soporte nuevamente, entonces sería una jugada muy arriesgada de parte de Estados Unidos, porque no sé si ellos o Israel tienen la capacidad bélica y política para enfrentar algo así.

– ¿Cuánto depende del régimen el solucionar el conflicto?

– El gran problema que tiene el régimen es que Rouhani gana las elecciones en 2013 con la promesa de traer inversión y mitigar los efectos de la precarización económica, por lo tanto del bloqueo,  y esto no se ha cumplido por las propias coyunturas que ha vivido el régimen iraní en sus escenarios más inmediatos. En este contexto el problema del régimen iraní es de legitimidad frente al pueblo, porque ni el ala conservadora ni el ala reformista han sido capaces de solucionar la crisis económica que se viene arrastrando por años, pero una crisis que no depende sólo de sus decisiones, sino que de la posibilidad de que esta entidad espectral del imperio norteamericano abra ciertos caminos de entendimiento para que el capital iraní tenga cierto lugar.

El pasado jueves 28 comenzaron las fuertes protestas que afectan hasta el día de hoy la interna dentro de Irán, destacando la muerte de 22 manifestantes en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad.

En este contexto, la comunidad internacional y en particular el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han entregado mensajes relativos a la posibilidad de intervenir de alguna manera en aquel país. Pero es conocido que estos conflictos, y el interés de otros países de hacerse parte, siempre son más complejos que el “anhelo de paz” que ha utilizado Estados Unidos en otras ocasiones para justificar la intervención militar.

Sobre los escenarios, nuestro medio conversó con Rodrigo Karmy, investigador del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile, quien entregó mayor contexto para comprender el porqué de las protestas iraníes, así como de las interesadas declaraciones que surgen desde distintos bandos.

Se dice que las protestas son distintas a las de 2009 ¿A qué se debe eso?

Son distintas en dos sentidos. Primero, porque las de 2009, las que dieron origen al Movimiento Verde, tuvieron como gatillante la reelección fraudulenta de Mahmud Ahmadinejad. Acá el gatillante es una declaración que hace el presidente Hassan Rouhani anunciando más ajustes económicos y mayor alza de precios. La motivación no es un aspecto puramente cívico-político, sino que económico. La segunda cuestión que marca diferencias entre las protestas, y que seguramente tendremos que seguir mirando, es el contexto geopolítico regional. La clave para entender esto es el tema sirio. Siria es un protectorado del régimen Iraní, quienes han volcado su política exterior para salvar el régimen sirio en virtud de la expulsión de la hegemonía saudí de esa zona. Al mismo tiempo, salvar a Irak, puesto que Estados Unidos lo devastó en 2003.

 ¿Una es consecuencia de otra? ¿La política exterior provocó lo que pasa dentro de Irán?

 Por un lado la política interna iraní es muy interesante, porque tenemos un ala conservadora y una reformista, que triunfa en las elecciones de 2013 liderada por Rouhani. El problema es que aparantemente ni los reformistas ni los conservadores son capaces de dar respuestas a una situación que se viene arrastrando desde hace mucho tiempo, antes de que Irán se comprometiera en Irak y en Siria, que tiene que ver con la intervención imperial que ha hecho Estados Unidos con el bloqueo económico que ha afectado a Irán durante largos años. Esta protesta impugna la precarización económica y las reformas en la materia que no han sido logradas por las promesas de Rouhani que hablaban de inversión económica, la inclusión de la economía iraní en el circuito transnacional.

El compromiso iraní en el extranjero significa un gasto de recursos importantes, pero la crisis económica viene desde la intervención norteamericana y una cierta comunidad internacional que aparece con la potestad de bloquear económicamente al Irán post 1979.

 Según informan distintos medios el manifestante que está hoy en las calles tampoco responde a un solo perfil.

Exactamente, por eso hay que ser muy prudentes, porque la coyuntura en la que se dan estas manifestaciones es muy compleja. Por un lado el régimen iraní manifestó que quienes protestan son enemigos del Estado y poco menos enviados de Arabia Saudita, por su parte, Donald Trump en un tuit y Nikki Haley en Naciones Unidas dijeron que ‘los iraníes quieren democracia’, entonces lo que hacen los norteamericanos es justificar una eventual intervención. Cuando hay una protesta gigantesca con características de revuelta, se visibiliza un vacío de poder, el que intenta ser capturado por los distintos poderes en juego, en este caso el régimen iraní que los declara como enemigos del Estado, mientras que por otro lado las potencias imperiales que dicen que quieren democracia. Hay un perfil mezclado en las revueltas, están principalmente los desempleados, algunos estudiantes, pero hay discursos paradójicos, algunos son muy nacionalistas, otros anti árabes y otros muy libertarios de tradición de izquierda. Me parece, sin embargo, que las grandes potencias intentarán apropiarse de las revueltas como pasó con el caso sirio y la primavera árabe, pero por otro lado no podemos perder de vista el fenómeno que se está gestando ahí, el que creo tiene antecedentes no sólo en 2009, sino que ciertos momentos del año 78 y 79, cuando se gestó la revolución iraní y quedaron cosas inconclusas, como los derechos civiles y la educación, las que cada cierto tiempo se manifiestan. 

– También se han manifestado personas en contra de las protestas. En este escenario parece haber una solución política a la mano ¿Las diferencias entre el presidente y el ayatolá genera una dificultad para alcanzarla?

Hay un doble problema. La estructura del Estado iraní está articulada por una autoridad ‘espiritual’, que es el líder supremo Alí Jamenei, por otro lado, una autoridad mundana que es el presidente, quien obedece a instituciones mundanas como el parlamento, a diferencia del líder supremo, que no se somete a elecciones y responde al Consejo de la Revolución, es el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y dirige al mismo tiempo la política exterior de Irán. Ese doble poder ha estancado la institucionalidad del Estado iraní porque la ha vuelto muy rígida, en la medida en que el autoritarismo de la facción espiritual terminó devorando la dinámica de la facción mundana. Las instituciones democráticas terminan sometidas siempre al consejo de clérigos de la revolución, donde está Alí Jamenei como máximo representante.

– Donald Trump ha dicho que es hora de un cambio en Irán y ya es conocida la forma en que Estados Unidos puede intervenir ¿Cuál es el escenario favorable para dicho país?

El mejor escenario para ellos es que el régimen termine por caer, pero no es favorable sólo para ellos, sino que también para uno de los estados más racistas del planeta y que se ha dedicado a desafiar de manera militar a Irán, como es Israel. El gran beneficiado de que caiga es, en el campo regional, Israel en primer término, Arabia Saudita en segundo término y finalmente los norteamericanos que funcionan como soporte de esta extraña alianza regional entre Arabia Saudita e Israel en materia de seguridad. Para los saudíes Irán es un rival económico de primer orden y un rival ideológico, para Israel es un rival militar y político, por lo tanto, tanto saudíes como israelíes tienen intereses comunes en destruir a Irán y Estados Unidos se junta con los interesados en la medida de querer hacer retroceder la influencia rusa en la región, que es precisamente Irán, país que ha ganado mucha influencia regional, no sólo por el conflicto en Yemén, sino que también por la situación en Siria y el papel que ha jugado en la administración irakí. El derrocamiento del régimen no creo que suceda, porque si se pretende “sirianizar” a Irán, los rusos estarán como soporte nuevamente, entonces sería una jugada muy arriesgada de parte de Estados Unidos, porque no sé si ellos o Israel tienen la capacidad bélica y política para enfrentar algo así.

– ¿Cuánto depende del régimen el solucionar el conflicto?

– El gran problema que tiene el régimen es que Rouhani gana las elecciones en 2013 con la promesa de traer inversión y mitigar los efectos de la precarización económica, por lo tanto del bloqueo,  y esto no se ha cumplido por las propias coyunturas que ha vivido el régimen iraní en sus escenarios más inmediatos. En este contexto el problema del régimen iraní es de legitimidad frente al pueblo, porque ni el ala conservadora ni el ala reformista han sido capaces de solucionar la crisis económica que se viene arrastrando por años, pero una crisis que no depende sólo de sus decisiones, sino que de la posibilidad de que esta entidad espectral del imperio norteamericano abra ciertos caminos de entendimiento para que el capital iraní tenga cierto lugar.