Diario y Radio U Chile

Año X, 10 de diciembre de 2018

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Romper con la mundialización

José Aguirre Cartas al Director |

  Viernes 5 de enero 2018 14:53 hrs. 

Señor Director:

Desde el fin de los años 80 en que la mundialización de la economía tomó un ritmo acelerado, no se puede señalar ningún país que haya logrado pasar al estatuto de desarrollado. Esto cuando ya se van a cumplir casi 30 años del Consenso de Washington que debía dar un impulso decisivo al proceso de desarrollo mundial.

Ningún nuevo país desarrollado pues  desde esa época porque los cuatro o cinco dragones de  Asia del Sudeste tan elogiados por su crecimiento ( Singapur, Malasia, Tailandia, Corea del Sur, etcétera) habían comenzado a beneficiar mucho tiempo antes  de la deslocalización de las actividades de las multinacionales en búsqueda de mano de obra barata y no todos son , por lo demás, un ejemplo de dinamismo y de coherencia económica.

Por lo que es de los grandes emergentes – en particular China, India, Brasil- a pesar de sus indiscutibles progresos materiales, ellos  siguen arrastrando unas inmensas poblaciones pobres que se cuentan a veces por centenas de millones, y para las cuales el cambio se ha limitado a pasar de la extrema pobreza a la simple pobreza.

Para nuestro país la mundialización  ha significado el fin de la   industrialización que habíamos conocido en los tres primeros cuartos del siglo XX  y nos ha transformado en una simple sociedad consumista donde circulan unos productos de mediocre calidad de origen a menudo asiático. Con ello se ha enterrado la posibilidad de desarrollo de una verdadera clase industriosa y se ha alimentado la formación de un remedo de clases medias enajenadas por modelos de consumo foráneos .

En la hora actual, sumidos en el simulacro de desarrollo que es el nuestro, los responsables del Estado parecen esperar el milagro de un despegue que nadie ve llegar. Salvo el puñado de pudientes para quienes la soberanía de nuestro país es únicamente un articulo que se puede comerciar para obtener ventajosos contratos con sus similares en el extranjero.

Por este camino el rescate  de nuestra soberanía  se ha convertido en una condición de nuestra sobrevida como nación y ésta pasa obligadamente por la ruptura con el modelo mundialista y la recuperación del control de nuestras fronteras y de nuestra capacidad de organizarnos económicamente teniendo en cuenta únicamente los intereses de nuestro pueblo.