Diario y Radio U Chile

Año X, 21 de julio de 2018

Escritorio
Maximiliano Salinas

Desafíos históricos y teológicos de Francisco en Chile

Maximiliano Salinas | Lunes 22 de enero 2018 16:33 hrs.

Küme tünngün ta niemün, La paz esté con ustedes, Lucas 24,36

Dios en la tierra

La mística de Jesús ha sido evocada y reclamada con mucha fuerza con la visita de Francisco. Jesús viene a revelar a Dios en la tierra una buena nueva. “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.” (Lucas 4,18-19). Esto quedó evidente en los rostros hermosos de las mujeres del centro penitenciario de San Joaquín. Para ellas es el evangelio, la buena noticia, el contento. Felices los pobres. Dios en la tierra no admite equívocos. No se hizo la buena noticia para los ricos. “Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo” (Lucas 6,24).

Lo primero que hizo Francisco fue desnudarse de los ropajes de la naciente burguesía del siglo XIII. Francisco entró en la antecámara del obispo, se quitó toda la ropa, y devolvió el dinero de su padre. Salió desnudo ante el asombro de todos, diciendo: “Ya no diré más padre mío Pedro de Bernardone, sino, solamente, Padre nuestro que estás en los cielos”.

El ocultamiento de Jesús

Ante la revelación meridiana de Dios en la tierra, Francisco desnudo para los pobres, resulta manifiesto el ocultamiento de Jesús. Es la cultura principesca de este mundo. Es el rostro de una civilización y de una Iglesia que no tiene interés alguno en poner en primer plano la liberación de los pobres.

Son los medios de comunicación masiva que consumen su tiempo en evitar la alegría mesiánica. Que sólo ofrecen entretenimiento. Entertainment industry. Los grandes medios de in-comunicación que cubrieron la visita de Francisco ocuparon su tiempo y su dinero en asuntos y personas que no destacaron la experiencia de Dios en la tierra. Telechácharas: efímera propaganda. Aunque se comportaran como hermeneutas de la verdad revelada, como muchos intelectuales de ocasión, muchas veces pedagogos del stablishment neoliberal. Cuando algún sacerdote inspirado quiso ser más revelador del mensaje de Jesús, abruptamente se le quitó audio e imagen. Los periódicos oficiales se dieron vueltas en sus intereses creados. Estaban con Pedro de Bernardone, el burgués, no con su hijo rebelde.

El ocultamiento de Jesús es también el rostro de una Iglesia principesca que no enciende ni entiende la alegría de los pobres. Un clero que gira en torno a sus propias confusiones con los príncipes de este mundo. Pastores sin ovejas. Clero emboscado, embarrado, que dejó la embarrada, de plaza Italia para arriba. Tan embarrada que enloda al mismo Francisco. Ante ello, el obispo de Roma tuvo que expresar en La Moneda su dolor y su vergüenza por esta Iglesia escandalosa. Iglesia de la desolación y del crimen con los más débiles. “Es imposible que no vengan escándalos; pero ¡ay de aquel por quien vienen! Mas le vale que le pongan alrededor del cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a unos de estos pequeños.” (Lucas 17,1-2).

Es la Iglesia que olvidó la espléndida alegría de los pobres, que olvidó a Silva Henríquez, esa santidad con apellidos inconfundibles desafiada por el clamor histórico del pueblo. Hoy en día, una Iglesia sin liderazgo espiritual, se remite a temas insustanciales, impotente ante la herencia de Alvear, el obispo de los pobres. Que mira de lejos, muda, la tumba de Alvear, la tumba de Hurtado, que se queda pegada en la visita y la doctrina de pontífices romanos anteriores a la irrupción de Francisco. Una Iglesia arrinconada, como un ‘tapabarros’, más que luz de los pueblos, lumen gentium.

La especial alegría de Dios en la tierra

Al fin de cuentas la visita de Francisco cobra sentido histórico y teológico desde una perspectiva mundial, intercultural, característica de nuestro tiempo. Francisco siguió al Perú a encontrarse con los pueblos indígenas de la Amazonia, para compartir la defensa de aguas, alimentos y territorios.

La santidad de la tierra se juega lejos de los palacios de la Iglesia, de los diosecillos de la violencia y de la riqueza. Francisco interpela a los intelectuales santiaguinos para que nutran su conocimiento con la intuición popular. Francisco pasa de largo de los políticos ambiciosos. Prefiere desnudarse ante los pueblos indígenas. ¿Qué dirá el santo padre que vive en Roma? ‘Arauco tiene una pena / que no la puedo callar / son injusticias de siglos / que todos ven aplicar’. ¡Salir de esa pena! ¡Salir de ese penar de siglos! Francisco nos muestra que el vivir bien, el vivir hermoso, no se dice en castellano, se dice en mapudungun: Küme Mongen. Que la Araucanía es de araucarias, no de pinos. No hay que deforestar la esperanza. Hay que detenerse a almorzar en una humilde casa de mujeres consagradas para compartir con los Mapuche y los no-Mapuche de Temuco. ¿Para qué reunirse en el palacio episcopal?

Dios en la tierra, en la Ñuke Mapu

Chile no tiene que olvidar su milenaria raíz telúrica en el mundo. Francisco recordó los elogios de la tierra de Chile de Gabriela Mistral, nuestra poeta rural y franciscana. ‘Puro Chile es tu cielo azulado’. Azul, kalfü, el color sagrado de la vida y de la paz, para los Mapuche, los sabios de la tierra. Francisco, el primer papa del Sur en dos mil años, sabe cómo se viene el gozo de Dios. “Bienaventurados los humildes, porque ellos poseerán en herencia la tierra” (Mateo 5,4).