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Año X, 23 de abril de 2018

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¿Estamos mejor preparados para los incendios forestales?

Según datos de la Conaf, a la fecha hay 21 mil hectáreas de superficie incendiada, cifra notablemente menor a la temporada pasada, que se sitúo en 560 mil hectáreas. Sin embargo, el número de siniestros no ha tenido mayor variación y hay autoridades que cuestionan los planes de prevención: "Si se dieran las condiciones, quizás tendríamos una tragedia similar a la del año pasado", dicen.

Camilo Villa

  Domingo 11 de febrero 2018 8:05 hrs. 
incendios

Es difícil olvidar enero y febrero de 2017. No fueron las playas las protagonistas de ese verano, sino el humo, los árboles quemados y el polémico avión Supertanker. En la época estival, Chile se vio afectado por la emergencia forestal más grande de su historia.

A un año de la tragedia, todo parece más normal. Los noticieros no informan cada cinco minutos de algún nuevo incendio ni aviones enviados por potencias extranjeras se roban el show con su despampanante ayuda.

Según datos de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), a la fecha hay 21 mil hectáreas de superficie incendiada, cifra notablemente menor a la temporada pasada: 560 mil hectáreas.

¿Acaso se aprendió la lección?

Pablo Lobos, gerente de protección contra incendios forestales de la Conaf, dice que se ha avanzado, pero aún queda bastante en la concientización de la población.

Las cifras no se equivocan: “Primero, los incendios han disminuido muy poco en cuanto a cantidad. Lo que ha bajado considerablemente es la superficie afectada, no así el número de siniestros. Por ejemplo, hasta este jueves llevábamos casi 3.500 incendios y el año pasado llevábamos 3.700. El  promedio del quinquenio pasado fue también de 3.700 incendios, por lo tanto, no es considerable la baja en ocurrencias. La gente sigue provocando incendios, a pesar de las campañas y de lo ocurrido el año pasado”, afirma.

Pese a lo anterior, la considerable disminución en las superficies afectadas es de enorme valor para los bosques de Chile. Para Lobos, esto se debe a varias causas. Las condiciones meteorológicas de este año, por ejemplo, han sido más benignas: “Si bien hemos tenido episodios de alto riesgo, han durado tres o cuatro días, para posteriormente darse a la baja producto de la vaguada costera y otros fenómenos”, afirma.

Si bien el clima influye, el también ingeniero forestal dice que por sí solo no es una variable que explique la disminución. En ese sentido, cree que Conaf aprendió las lecciones que dejaron los incendios del año pasado, aumentando su eficiencia.

“Nosotros utilizamos la estrategia de cubrir más territorio. Necesitábamos llegar más rápido a las zonas afectadas. Teníamos un promedio de llegada a los incendios cercano a los 20 ó 30 minutos. Ahora nos reforzamos con más flota aérea, lo que ha ayudado a bajar los tiempos considerablemente”, explica.

Para validar la afirmación anterior, Lobos subraya a esta altura, el año pasado, ya habían sido declarados 139 incendios de magnitud, es decir, sobre las 200 hectáreas. En lo que va del 2018 solo se han registrado 18.

Por otro lado, se ha hecho mejor prevención, con la construcción de cortacombustibles y el trabajo que han mantenido con las comunidades locales: “Hemos actuado articuladamente con los municipios, que son los entes territoriales por excelencia y quienes a través de ordenanzas pueden establecer ciertas restricciones y obligaciones a los propietarios respecto a su entorno. A la vez, hemos trabajado de manera bastante coordinada y programada con Bomberos y las Fuerzas Armadas. También lo hemos hecho con el mundo privado y las empresas forestales”, señala.

Una de las comunas más afectadas con los incendios forestales ocurridos en 2017 fue Constitución, donde el poblado de Santa Olga quedó destruido casi en su totalidad.

Su actual alcalde, Carlos Valenzuela, dice agradecer las condiciones climáticas de esta temporada, las cuales tildó de muy favorables. “Quizás a los turistas no les gusta, pero yo agradezco la manifestación de la vaguada costera y que amanezca nublado gran parte del verano”, admite.

Consultado sobre el trabajo que se ha hecho con ellos para encarar los siniestros, el edil critica la tardanza y asegura que si hoy ocurriera un incendio, la gente no sabría cómo enfrentarlo, pues las capacitaciones no se han llevado a la práctica: “La teoría debió haber sido en invierno, para poner en práctica todo lo que se dice desde diciembre. Yo creo que ha sido mucha teoría. Se está trabajando en conjunto, eso no lo puedo negar, pero si se dieran las condiciones quizás tendríamos una tragedia similar a la del año pasado en localidades como San Ramón y en la zona sur de Constitución”, advierte.

Una importante medida para hacer frente a los siniestros forestales por parte del Gobierno fue el envío de un proyecto de ley que crea el Servicio Nacional Forestal. A pocas semanas del cambio de mando, sin embargo, todo indica que no será aprobada en este periodo. Por ahora, seguirá siendo una tarea pendiente.

Es difícil olvidar enero y febrero de 2017. No fueron las playas las protagonistas de ese verano, sino el humo, los árboles quemados y el polémico avión Supertanker. En la época estival, Chile se vio afectado por la emergencia forestal más grande de su historia.

A un año de la tragedia, todo parece más normal. Los noticieros no informan cada cinco minutos de algún nuevo incendio ni aviones enviados por potencias extranjeras se roban el show con su despampanante ayuda.

Según datos de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), a la fecha hay 21 mil hectáreas de superficie incendiada, cifra notablemente menor a la temporada pasada: 560 mil hectáreas.

¿Acaso se aprendió la lección?

Pablo Lobos, gerente de protección contra incendios forestales de la Conaf, dice que se ha avanzado, pero aún queda bastante en la concientización de la población.

Las cifras no se equivocan: “Primero, los incendios han disminuido muy poco en cuanto a cantidad. Lo que ha bajado considerablemente es la superficie afectada, no así el número de siniestros. Por ejemplo, hasta este jueves llevábamos casi 3.500 incendios y el año pasado llevábamos 3.700. El  promedio del quinquenio pasado fue también de 3.700 incendios, por lo tanto, no es considerable la baja en ocurrencias. La gente sigue provocando incendios, a pesar de las campañas y de lo ocurrido el año pasado”, afirma.

Pese a lo anterior, la considerable disminución en las superficies afectadas es de enorme valor para los bosques de Chile. Para Lobos, esto se debe a varias causas. Las condiciones meteorológicas de este año, por ejemplo, han sido más benignas: “Si bien hemos tenido episodios de alto riesgo, han durado tres o cuatro días, para posteriormente darse a la baja producto de la vaguada costera y otros fenómenos”, afirma.

Si bien el clima influye, el también ingeniero forestal dice que por sí solo no es una variable que explique la disminución. En ese sentido, cree que Conaf aprendió las lecciones que dejaron los incendios del año pasado, aumentando su eficiencia.

“Nosotros utilizamos la estrategia de cubrir más territorio. Necesitábamos llegar más rápido a las zonas afectadas. Teníamos un promedio de llegada a los incendios cercano a los 20 ó 30 minutos. Ahora nos reforzamos con más flota aérea, lo que ha ayudado a bajar los tiempos considerablemente”, explica.

Para validar la afirmación anterior, Lobos subraya a esta altura, el año pasado, ya habían sido declarados 139 incendios de magnitud, es decir, sobre las 200 hectáreas. En lo que va del 2018 solo se han registrado 18.

Por otro lado, se ha hecho mejor prevención, con la construcción de cortacombustibles y el trabajo que han mantenido con las comunidades locales: “Hemos actuado articuladamente con los municipios, que son los entes territoriales por excelencia y quienes a través de ordenanzas pueden establecer ciertas restricciones y obligaciones a los propietarios respecto a su entorno. A la vez, hemos trabajado de manera bastante coordinada y programada con Bomberos y las Fuerzas Armadas. También lo hemos hecho con el mundo privado y las empresas forestales”, señala.

Una de las comunas más afectadas con los incendios forestales ocurridos en 2017 fue Constitución, donde el poblado de Santa Olga quedó destruido casi en su totalidad.

Su actual alcalde, Carlos Valenzuela, dice agradecer las condiciones climáticas de esta temporada, las cuales tildó de muy favorables. “Quizás a los turistas no les gusta, pero yo agradezco la manifestación de la vaguada costera y que amanezca nublado gran parte del verano”, admite.

Consultado sobre el trabajo que se ha hecho con ellos para encarar los siniestros, el edil critica la tardanza y asegura que si hoy ocurriera un incendio, la gente no sabría cómo enfrentarlo, pues las capacitaciones no se han llevado a la práctica: “La teoría debió haber sido en invierno, para poner en práctica todo lo que se dice desde diciembre. Yo creo que ha sido mucha teoría. Se está trabajando en conjunto, eso no lo puedo negar, pero si se dieran las condiciones quizás tendríamos una tragedia similar a la del año pasado en localidades como San Ramón y en la zona sur de Constitución”, advierte.

Una importante medida para hacer frente a los siniestros forestales por parte del Gobierno fue el envío de un proyecto de ley que crea el Servicio Nacional Forestal. A pocas semanas del cambio de mando, sin embargo, todo indica que no será aprobada en este periodo. Por ahora, seguirá siendo una tarea pendiente.