Diario y Radio U Chile

Año XI, 25 de mayo de 2019

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Bolivia, costa y mar

Celso Fabres Cartas al Director |

  Miércoles 21 de marzo 2018 8:06 hrs. 

Señor Director:

Bolivia nunca mostró mayor interés por su costa y su mar y, por lo tanto, no supo atesorarlos cuando los tuvo. Basta revisar someramente la historia de la hoy floreciente ciudad de Antofagasta para demostrarlo. He aquí algunos hitos:

Bolivia se independizó en 1825 y la guerra del Pacífico comenzó en 1879; esa nación tuvo al lugar 54 años bajo su administración. Sin embargo, Antofagasta fue fundada por Bolivia recién en el año 1868, 43 años después de su independencia.

Mucho antes y previo al poblamiento del lugar, el primer habitante de ese solitario territorio se dice que fue Juan López, el chango López, un chileno proveniente de Quillota que llegó para iniciar la extracción de minerales.

Desde antes de su fundación, en 1866, ya José Santos Ossa y Francisco Puelma, dos empresarios mineros chilenos, se habían adjudicado legalmente la concesión de terrenos salitrales por parte del gobierno boliviano.

Más tarde, el 25 de enero de 1872, se fundó recién la Municipalidad de Antofagasta, cuya junta municipal quedó integrada por dos alemanes, un inglés y siete chilenos. Curiosamente, hasta aquí no aparece ningún ciudadano boliviano en escena.

En 1875, la Municipalidad de Antofagasta practicó un censo de población; se contabilizaron 5.384 habitantes de los cuales 4.530 eran chilenos y 419 bolivianos.

La enumeración de estos hechos basta para dejar en evidencia que Bolivia jamás tuvo un interés real por su costa y su mar pues, sabiendo que Antofagasta era la única salida a ellos, en 54 años no estableció una población predominante de ciudadanos bolivianos; no se interesó por explotar el salitre sino que se conformó solo con darlo en concesión para cobrar impuestos; no construyó un puerto de categoría para importar y exportar sus productos; no se preocupó por tener siquiera un barco mercante ni menos un navío de guerra.

Si un país no es capaz de tener conciencia de lo que significaba este único territorio que le daba salida al mar al punto de no aprovecharlo, cuidarlo y defenderlo como debía, ¿de qué se queja ahora?

Aquí hay una sola verdad: no se preocuparon de Antofagasta porque estaban ocupados en la explotación del estaño y la plata que por esos tiempos abundaban; además ellos provocaron la guerra al violar tratados vigentes con empresas chilenas o avaladas por Chile y posteriormente al ordenar el remate de los bienes de las mismas, cuestión que ningún Estado va a permitir y, por último, actuaron a la ofensiva porque creyeron a pie juntillas que su Confederación Perú-Boliviana era más poderosa que Chile y así serían ellos los vencedores.

Chile no es responsable de la ceguera histórica de Bolivia. Por lo tanto, dicho país debiera saber que no le bastará su insistente campaña internacional para obligar a Chile a ir en contra de su integridad territorial.

Tarde o temprano Bolivia comprenderá que equivocó el camino al recurrir al Tribunal de La Haya, porque al hacerlo hasta los que sentimos simpatía por su causa hoy tenemos que cuadrarnos detrás del gobierno de derecha porque la defensa del territorio nacional es más importante que cualquier otra consideración.